Premios Nobel, ¿quién dice que no estuvo Dylan?

Como se esperaba desde el pasado 13 de octubre, a Dylan no le cambió la vida merecer el Nobel de Literatura; ni siquiera cambió la rutina del concierto que ofreció ese mismo día en Las Vegas, donde no hizo alusión alguna al galardón. Tampoco se refirió a él la semana siguiente, ni unos días después.


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Fue a las dos semanas en punto cuando el músico —a quien la Academia Sueca le confirió el Premio “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense"— decidió hablar al respecto: "La noticia sobre el Premio Nobel me dejó sin palabras. Agradezco tanto honor".

Entonces quedaron atrás las especulaciones sobre la aceptación del lauro y sobrevinieron los pronósticos sobre su presencia en la ceremonia. Este 10 de diciembre, como esperaban muchos desde el pasado 13 de octubre, Bob Dylan no asistió a su premiación.

El rey Carlos Gustavo de Suecia entregó nueve de los diez galardones mientras que de Dylan solo se escucharon sus mejores temas en la voz de Patti Smith, pionera del punk. “Nunca antes un premiado con el Nobel estuvo tan presente en una ceremonia como esta, en la que el protagonista no acudió”, dice el diario El País en un recuento de lo que, claramente, sucedió para las miles de personas que siguieron los acontecimientos.

Y es que Dylan no solo ha hecho historia por su influencia en el rock, en el funk, en el blues…, por haberse convertido en el primer músico al que se le otorga un Nobel de Literatura, o por haber captado —aún más— la atención de todos mientras “decidía” aceptar el premio o no. Más que en el mundo musical, Bob Dylan ha hecho historia cambiando la vida de millones de personas que hallaron en sus letras la inspiración o la explicación precisa.

Aunque no hubo palabras de agradecimiento, como prometió el cantante, el Comité Literario de los Nobel sí dedicó un discurso a su persona… y su decisión. En la voz del historiador sueco Horace Engdahl se escuchó que una de las causas de los grandes cambios en el universo literario es que alguien se apodere de una forma simple, pasada por alto, y la haga mutar.

“En sí mismo —dijo— no debería causar tanto furor que un cantautor sea ahora receptor del Premio Nobel de literatura. En un pasado lejano, toda la poesía fue cantada o recitada melodiosamente y los poetas eran rapsodas, bardos, trovadores. Lyrics ["letras", en inglés] viene de lira. Pero lo que Bob Dylan ha hecho no ha sido volver a los griegos o los provenzales.

"Se dedicó en cuerpo y alma a la música popular americana del siglo XX, la que sonaba en las estaciones de radio y en los discos de gramófono para la gente común, blanca y negra: canciones de protesta, country, blues, rock primitivo, gospel, música comercial (…). En sus manos, el material cambió.

“Reconocer la revolución al otorgar a Bob Dylan el Premio Nobel fue una decisión que sólo parecía atrevida de antemano y que ya resulta obvia. ¿Pero ha sido premiado por trastornar el sistema de la literatura? Realmente no”.

Aunque al final de sus palabras Engdahl espetó: “Si la gente del mundo literario se queja, hay que recordarles que los dioses no escriben, sino que bailan y cantan”, igual me quedaría con el pensamiento de Chamfort (que también citó): “¿Qué importa el rango de una obra cuando su belleza es del más alto rango?”.

Entonces, este 10 de diciembre, cuando se entregaban los Nobel… sin Dylan… ¿quién dijo que no estaba?