Premios Lucas 2016, cordero y lobo

 

I

Las nuevas tarifas impuestas a los boteros provocaron una especie de huelga silenciosa, un paro laboral tácito. La reducción de los precios por pasajes consiguió la reducción de la flota de taxistas no estatales. En la tríada Boteros-Estado-Población, la soga reventó por la parte más floja. En la parte más débil se aplica, a fortiori, la ley del más fuerte.

Lo peor de dirigirse a la Gala de los Premios Lucas 2016, la noche del domingo 12 de febrero, es ver —a dos días de San Valentín— que una mujer cargando a su bebé en brazos, tenga que bregar con una multitud ávida de consumir alrededor de tres horas de un espectáculo vano y predecible, donde los actores pueden hacer pausas dramáticas sin momentos de tensión que las ameriten y los directores de audiovisuales pueden decir que disfrutan muchísimo de “hacer videoclips” (comentará Joseph Ros al recibir la estatuilla).


Fotos: Roberto Ruiz


En el empalme de las calles Línea y G, pierdo la cuenta de los taxis que transitan vacíos sin detenerse por la agitación o las señas desesperadas de las personas; he contado en total cinco guaguas vertiginosas, entre rutas P5 y P1, que evaden la parada; dos de ellas, al menos, con espacio para cargar un número importante de pasajeros y despejar la mitad del tramo de G a H, cubierto por una larga fila dispersa, ríspida, quejumbrosa y, en fin, atada de manos.    

A las 8:15 consigo abordar un P5 que es manifiestamente un leviatán que tritura zapatos y mancha la ropa con las juntas hollinientas de las puertas. Bajo tales condiciones, te enteras de que mirar a los otros, mirarse en los otros es, en verdad, una de las sensaciones más desoladoras. Mientras que mirarse reflejado en el espejo circular —que bien pudiera presentar forma cóncava o convexa sin que nos percatemos de ello— en el lado interior del parabrisas de una guagua, puede derivar, incluso, en un sentimiento más aplastante: el espejo no solo te achica y te deforma a través de un plano picado, también aumenta la percepción de la situación real del entorno. Si antes de la observación creías que te rodeaba una decena de gente, el espejo se ocupa de doblar la cantidad y volverse hostil.

II

Miramar, ecléctica, combina grandes cafeterías, motos chatas de entrega de pizzas a domicilio, ruido de cláxones, ligeras congestiones en los semáforos, escotes casquivanos que quizá en los tiempos en que Hiram Vega y Edith Massola conducían el programa televisivo de los Lucas, hubieran resultado impúdicos en una niña de, a lo sumo, catorce años.

En 1ra y 10, el teatro Karl Marx acogió en 1975 el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. El Karl Marx tiene cabida para una cucharada de más de 5 mil almas. Las filas hacia las plateas están integradas, en gran medida, por quienes se han aplicado el tratamiento con queratina —que alcanza a durar horas dependiendo del volumen de cabello— y que, de seguro, han venido a destrozarse las gargantas cada vez que se mencione el nombre de El Chacal, de Diván o de Jacob Forever.



 

Si no están a la espera, revoleando o curioseando alrededor de la figura en escala humanoide del carnero antropomorfo y trajeado que identifica al incógnito Lucas desde los comienzos, para sacarse una foto junto a la imagen, pulgar arriba. Si no están deteniéndose en las dos rubias y el dj en el foyer, que no hacen nada más excepcional que no hacer nada menos excepcional. Las rubias dan algunos pasos de baile y el dj se toca los audífonos.

En mediciones más precisas, a las 8:45 de la noche, estoy ubicado en la Butaca 1 de la Fila E-2. Esto no conduce a exactitud ninguna hasta indicar que me encuentro en un segundo nivel, línea central, segunda hilera de asientos, detrás de una imponente cámara Canon marcada en varios sitios con un número 3 blanco y diminuto, y al lado de una pareja que cuando me pongo los espejuelos y el bloc sobre las piernas y empiezo a hacer anotaciones, murmura entre sí: Este es el tipo que vino a trabajar por la Seguridad del Estado.

La colocación es casi perfecta para apreciar que, en la extensión del teatro, todo el instante previo, sin más por hacer, sirve para sacarse fotos con los chiquillos metrosexuales de Carpe Diem (eliminados de la competición por el más popular desde el sábado y que podrían encargarse de la defenestración de los Ángeles), señalar con el dedo a algún que otro artista mediocre, cuchichear mucho y, además, para que una niña cachetuda y con algunos rizos atropellados, pregunte a su madre: “Mamá, ¿por qué encienden y apagan las luces?”, duda a la que su madre, como es de esperarse, no sabrá contestar.

III

Quienes afirmaron que las imágenes de Rigoberto Ferrera anunciando los premios Lucas como el monje budista Lao Tse Tse (A.K.A La Mosca) escalando una montaña con el tema de Misión Imposible de fondo, era lo que llamaríamos en Cuba completamente un pujo, reconsidérenlo.

Al espectáculo de la industria de los Lucas —vale llamarla industria por pretencioso que suene— lo patrocinan Cubavisión, RTV Comercial, La Estancia, Desoft, Ciego Montero, Champagne Velve Clicquot, Ron Santiago de Cuba, Ron Cubay, Helados Nestlé, Planet Records, Papas&Co, Hendricks Gin y Etecsa. De los jugos de frutas al software, alzando la banalidad, pero la promoción de la última edición (la de 2016) no libera más risotadas que un chiste alemán, contado en alemán.

Las modelos que entregan las estatuillas —sempiterno carnero con pinta Men in Black en miniatura—, las cuales, más que mostrarse a tono con el ambiente, se aproximan mejor a lo que sería el talante de una cabaretera galáctica.

Tanto peor es la representación actuada en el escenario: el momento en que los tres presentadores habituales se aproximan a Lucas, vestido como el maestro Luke Skywalker, y le preguntan: “Lucas, ¿dónde está la Fuerza?”. El cabeza de carnero se gira, saca del hábito Jedi una espadita roja y el trío exclama: “¡Machete Láser!”. Y una voz gruesa de locutor radial concluye: “La fuerza… está en la historia”. 

El audio es un factor repelente. Estalla de pronto o cae en descensos abruptos. El escenario —al que han nombrado El Almendrón de la Vía Láctea— ha sido preparado a lo Star Wars, con corredores tipo nave espacial, adornados con luces y pantallas pequeñas, por los que desfilan los presentadores de las categorías en disputa. Y a los que se les unen, luego, las modelos que entregan las estatuillas —sempiterno carnero con pinta Men in Black en miniatura—, las cuales, más que mostrarse a tono con el ambiente, se aproximan mejor a lo que sería el talante de una cabaretera galáctica.

Las modelos llevan grandes moños de ficción tiesos, los largos muslos desnudos y quizás estén obligadas a caminar taconeando sin producir sonidos y congelando la sonrisa, o a que, en caso de que sucediera, divertirse con un chiste de Yoyo Ibarra. Sin dudas, un rol secundario para valientes.   

El espectáculo, que transmitirá la televisión hasta los pequeños receptores caseros de señal analógica o digital, más ancho en formato 4:3, es lo que sigue, resumido:

A los papeles de presentadores usuales se agrega la presencia del comentarista deportivo Pavel Otero que, a diferencia de sus colegas en la Gala —el mencionado trío—, lleva esmoquin con pajarita negra (los habituales visten encorbatados). Y no deja de ser más chocante que renovador, hallar a la periodista Claudia Álvarez siendo parte del show, después de imprimirle su máxima formalidad a la sección de culturales del Sistema Informativo.    



 

Por el Premio a la Categoría Artista Novel compiten Polaroid, Yasek Manzano y el dúo Ibeyi con River. Ganan las hermanas. El clip de River es sencillo y, en general, hermoso como la canción. No hay cortes, es un solo cuadro animado donde los rostros de las Ibeyi están hundidos bajo aguas claras y emergen como peces para cantar alternándose según las partes que les correspondan. Una pulcra declaración religiosa. Las Ibeyi, que no se encuentran en el Karl Marx por una grabación en Londres, comunican que “River” está escrita para Oshun, la deidad yoruba de las aguas dulces. En Youtube, River recoge 8 235 881 de veces visto. Genera comentarios sobre las largas contenciones respiratorias, en inglés. Uno de los usuarios dice: “¿Soy el único que se siente asfixiado mirando este video?”.

El Video más popular, se insiste durante la gala, tiene que ver con el voto del público. Hay mensajes y demás servicios de Etecsa en función de esto. Es difícil cuestionar la naturaleza del voto, ya que el grupo Ángeles, que atrae un sector púber más entregado al tecleo de móviles y de SMS y a otras pérdidas de tiempo, permanece en pugna. Yo te amo, de Ángeles, compite contra A ti lo que te duele, de la Señorita Dayana; Pelearnos un ratico, de Diván; Soledad, de Leoni Torres y Hasta que se seque el malecón, de Jacob Forever.

En una entrevista, los Ángeles comentaron que en los Lucas “están poniendo a competir a gatos contra leones”. Traduciendo: artistas de gran talla contra pesos mosca. Diván, sin embargo, sería un cachorro.

La propia red de Youtube desbroza un poco los absurdos. Para el clip de Ángeles, 162 968 de views y en cuanto a los comentarios, Jenny González Pérez escribe: “Ya no son los mismos. Ni su música. Ya no me gustan”. Y Jennifer Soler López: “A mí sólo lo que no me gustó es el pelo de Ángel pero yo no los humillo porque son mi ídolo desde los 5 años”.

Para Diván, 3 550 143 de views. Para Jacob, 44 355 272. En una entrevista, los Ángeles comentaron que en los Lucas “están poniendo a competir a gatos contra leones”. Traduciendo: artistas de gran talla contra pesos mosca. Diván, sin embargo, sería un cachorro.

Queriendo medir la preferencia del público, los presentadores mencionan uno por uno a los que rivalizan.

Presentadores: ¿Quién ganará? ¿Diván? 

Público: Síiiiiiiiiiiiiiiii

Presentadores: ¿La señorita Dayana? 

Público: Síiiiiiiiiiiiiiiii

Presentadores: ¿Leoni Torres?

Público: Síiiiiiiiiiiiiiiii

Presentadores: ¿Jacob Forever?

Público: Síiiiiiiiiiiiiiiii (desgañitándose)

Presentadores: ¿Ángeles?

Público: Síiiiiiiiiiiiiiiii (Ligero abucheo acompañado de una mujer delante que emite débilmente un Noooo; la miran algunas niñas que declaran su enfado hacia ella frunciendo sus ceños).

Así se aprecia desde donde estoy ahora. Sección A, Butaca 33, Platea Baja. Las papeletas de entrada dicen que “El derecho a los asientos se mantiene hasta el final de la función”, aunque el sitio está reservado para una persona que no asistirá.

En el extremo izquierdo de la hilera, una mujer de piel cobriza palmotea por cualquier cosa y se ríe muy estridente con el humorista Mustelier.     

Los chistes de Mustelier originan carcajadas mayores si se tratan de Yomil y el Dany. Mustelier le pide al dúo reguetonero que expliquen si Ricaperri es hermana de Katy Perry. O dice que pronto Yomil y el Dany estarán trabajando en la organización de las filas de la heladería Coppelia cantando ¡A coger la cola! (Gran risa generalizada).

El auditorio se dedica a chillar cuando proyectan en la categoría de Música Urbana a Androide, de Chacal —de gira por los Estados Unidos—, y esto se repetirá durante todo el espectáculo; en cambio, por Los 4, apenas se siente un murmullo a favor. 

El auditorio también se levanta de sus sillas para grabar con cámaras, teléfonos y tabletas de más de tres megapíxeles, a Mayco D´ Alma descendiendo lentamente por un pasillo lateral.



 

Sobre el escenario, entre juegos luminotécnicos —hexágonos de colores, tubos y luces periféricas— Yulién Oviedo, cadenotas doradas y pantalones rasgados, canta “Zombie”. Una mala canción. La coreografía es una copia penosa de Thriller, de Michael Jackson, la cual revela que la fisión de Oviedo nunca debió ocurrir. Y que no le favorece convertirse en el Usher o Justin Timberlake cubano. Oviedo debió mantenerse homogeneizado en el coro de testosterona de la Charanga Habanera. 

Patricio Amaro presenta la categoría Merengue Electrónico —en serio, ¿qué significa merengue electrónico?, ¿cuáles son sus características particulares?—. Patricio Amaro sospecha que Cuba debe ser el único lugar del mundo que premia esta laya, ganada por Wil Campa.

En Video Música Pop, victoria para Paulina Rubio. La Chica Dorada tiene la amabilidad de adelantarse a su ausencia física y enviar un video donde agradece a su amigo Alex Pérez (Alejandro, el director del clip Si te vas), a la gente hermosa y joven de Cuba y a la de tercera generación. Nadie debe conocer el porqué de que Paulina Rubio exprese un acento medio hispánico y medio mexicano, medio Parchís y medio Timbiriche. Tampoco se sabrá si “la tercera generación” de la que habla, pertenece a videoconsolas, microprocesadores o criaturas de Pokémon.

Lo perfectamente previsible es que Moisés Valle, Yumurí, antes de anunciar el premio de Música Popular Bailable, va a invocar su inmutable frase/recurso “¡A guaracharrrr!”, y que el lauro al Mejor Director irá a las manos de Joseph Ros después de tres nominaciones en la misma categoría (Si no es Juana, es la hermana).

Un primer corte eliminatorio deja fuera a Leoni Torres y la Señorita Dayana de los más populares. El segundo, borra a Ángeles de la lista. Víctor Mesa —pues sí, el vituperado manager de béisbol— extrae del bombo un papel y Mustelier imita a Alexander Mayeta. Después sucede lo que todos, dentro del Karl Marx o no, debíamos haber anticipado: que Jacob Forever, El inmortal, se llevara la corona con Hasta que se seque el malecón.

Los clips de Hasta que se seque el malecón, Traidora y Yo te amo, dan fe de que la originalidad, en los tiempos que corren, está desfasada. Comparten imágenes playeras, océano abierto, mujeres sexys y lanchas, no los almendrones al borde de la extinción.  

Lucas nunca se perdió, ahora fue que se encontró.

—No, no, sí, es que… Nada— habrá dicho Mustelier, tal vez producto de los nervios, con carcajadas y palmoteos incluidos de la mujer al extremo izquierdo de la hilera.