Preguntas en ráfaga para Oráa

Atrapar por estos días a Pedro de Oraá no ha sido fácil: muchos compromisos lo obligan a multiplicar su tiempo y es por eso que, La Jiribilla, vía correo electrónico contactó con el Maestro. Agradecemos sobremanera que el Premio Nacional de Artes Plásticas 2015 nos dedique unos minutos de su siempre apretada agenda.

A su juicio ¿qué encanto tiene la abstracción, que lo ha atrapado?

La abstracción me “atrapó” y salvo breves incursiones en el figurativismo, me he consagrado hasta hoy a la abstracción geométrica porque siento que es donde mejor me expreso.

En la etapa de aprendizaje, cuando aún no se decide cuál derrotero seguir en materia de definición de imagen y mucho menos de estilo, ya me fascinaba la abstracción que a través de reproducciones en revistas especializadas de arte podía contemplar. Las pinturas cubistas fueron mi primer descubrimiento. No las entendía pero algo había en ellas que me atraía y me hacía tratar de desentrañarlas. Muy pronto vi en otras publicaciones pinturas de pura composición geométrica y supe que representaban escuelas europeas de vanguardia de las cuales tuve una noción más clara mucho después. No obstante, comencé mi obra profesional dentro de cierta figuración barroquista, composición muy alambicada y de imaginario fantasioso. Pero no duraría mucho y lo consideré como una fase de entrenamiento. Como bien dice, la abstracción me “atrapó” y salvo breves incursiones en el figurativismo, me he consagrado hasta hoy a la abstracción geométrica porque siento que es donde mejor me expreso.

¿Qué ha significado para usted pertenecer al grupo de los llamados “pintores concretos”?

Con anterioridad estuve muy vinculado con el grupo Los Once, quienes desplegaron una actividad destacada en breve lapso, entre 1953 y 1955, pero en realidad nunca expuse con ellos pues estimaba distante aún mi obra de la practicada en el grupo, dado más bien al expresionismo abstracto, la corriente pictórica informalista, esto es, basada en el accidente del pigmento, en la “mancha”, frontalmente opuesta a mi sensibilidad por la geometría.

En 1958, al calor de los encuentros en la Galería Color-Luz, fundada un año antes por iniciativa de Loló Soldevilla y con mi apoyo, un número de artistas partidarios del abstraccionismo geométrico, en sus vertientes de arte óptico, cinética y constructivismo, convinieron en trabajar aunados en un grupo que se daría a conocer como los Diez Pintores Concretos. Este equipo estuvo activo hasta 1961, pero la mayoría de sus miembros se incorporaron  a los programas de proyección social del arte y realizaron obras significativas sin abandonar el credo estético y el espíritu del grupo. Nada más señalemos el legado plástico de Luis Martínez Pedro, Loló y Sandu Darie. La experiencia adquirida junto a estos artistas es inmedible.

¿Cómo se da en su caso la relación entre pintura y diseño? ¿Divorcio o complemento?

No veo dicotomía entre ambas manifestaciones y el artista contemporáneo aspira a una integralidad profesional que le permita ampliar su espectro creativo.

Así como existe una evidente interacción entre pintura y fotografía desde fines del siglo XIX, también en el transcurso del XX, con la evolución de la prensa y los medios de reproducción gráfica, el grabado tradicional fue sustituido por el diseño a partir de los recursos fotomecánicos. Este último ha jugado un rol más allá de su función utilitaria y con la entrada de la modernidad y el influjo de los movimientos artísticos de vanguardia, la acción recíproca entre pintura y diseño ha sido una constante de altísimo resultado. No veo dicotomía entre ambas manifestaciones y el artista contemporáneo aspira a una integralidad profesional que le permita ampliar su espectro creativo.

¿Cómo ha logrado conjugar su oficio de pintor con el de escritor y crítico? ¿Se complementan las tres especialidades?

La rígida compartimentación profesional a estas alturas de nuestra “civilización” no entiende ni acepta la diversidad de prácticas o la simultaneidad de vocaciones en un mismo individuo. La especie del “hombre renacentista” —aquel que cumplía con múltiples artes— al parecer ya se ha extinguido. Cuando el poeta Lezama se refería al “taller renacentista”, pensaba en la congregación de creadores dotados no sólo para quedarse en lo que hacían, sino para diversificar sus posibilidades. Me consuela conocer numerosos casos en los tiempos que corren, que ejercen la libertad de otros oficios.

¿Qué puede decirnos de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, en la que comenzó sus estudios?

Hago la salvedad: no pude continuar mis estudios en San Alejandro, no conseguí graduarme. En mí determinaron razones económicas. Otros abandonaron sus aulas, según se sabe, por no estar de acuerdo con el sistema de enseñanza, al cual consideraban caduco o desacorde a sus intereses. Parte apreciable de la llamada vanguardia cubana no permaneció  o no estuvo nunca en sus predios.

¿Cuál es la obra soñada que aún no ha podido realizar?

La que emplazaría en espacios abiertos, a la vista de todos, fuera de la “celda blanca” de galerías y museos… Es así que la obra cumpliría a cabalidad con su razón de ser.

¿Qué importancia le concede al Premio Nacional de Artes Plásticas?

Dicho está en mi respuesta al Premio: es un reconocimiento tácito a un arte que impuso su impronta en tiempos heroicos y que aún hoy está imbuido de futuridad.