Poemas

Rumbita sobre tu piel

 

Te voy a morder el alma

si me sigues incitando.

Te estrujo la nuca y ando

erguido como una palma.

No hay sitio para la calma

cuando el beso se desboca

de tus dientes a la roca

palpitante de mi aliento.

Te voy a morder el viento

sublime de tus caderas.

Te voy a comer por loca.

 

 

Poema sin nombre

Parece que me muero

entre las olas y los arrecifes.

Es torpe ser un náufrago,

en medio del naufragio general;

es triste proclamarse cansado

cuando el cansancio viene 

de no mover los brazos

a ritmo de la dicha.

 

Solo tengo tus ojos

para salvarme;

solo el cálido beso

para este contrabando de certezas.

Si afuera llueve con melancolía

y dentro no parece

ni un poquito febrero;

si nos roban

la pequeña sábana

del gran amor, 

del pobre refugiado

Entonces

salgo a la llovizna

con mis letras,

mi piel,

con tu voz de paraguas.

Salgo, 

te busco,

clamo...

y tal vez 

ahora mismo

no tenga que llorar.

 

Soneto triste con muchas A

Qué me hago con tus ojos cuando insultan

cuando buscan distancia y desconcierto.

Cómo saber de nítido y de cierto

si atacan la verdad cuando me multan.

 

La transparencia dulce y consentida.

¿Será que no he aprendido nada de tu risa,

será que ser sincero es torpe brisa,

que por fin no sé nada de la vida?

 

La mañana no entiende mis angustias

ni falta que le hace, tan hermosa.

se debate y yo atento a tu mirada.

 

No quiero imaginar las flores mustias.

Me niego con mis besos y mi prosa

a desmentir mi piel enamorada.

 

 

Sin título

Tengo un amanecer que devolverte

o más bien,

medio nacimiento de la luz,

la mitad de una acera adorable.

Me lo tomé, arrebatado

y lo llevé en el hombro,

como a un tierno zunzún de mi tierra.

 

Hace falta un refugio,

un rincón callado,

algún sitio atardeciendo,

para entregarte

la fiera pureza,

del sol que se despierta

otra vez,

en otro día

de este amor incendiado.

Amado Abrigo.