Pinos de 22 aƱos

En la nota que acompaña a cada uno de los 100 volúmenes que vieron la luz gracias a la primera convocatoria del proyecto “Pinos Nuevos”, se lee: este libro ha sido editado con el esfuerzo conjunto del Instituto Cubano del Libro, las editoriales cubanas, los autores, artistas plásticos, diseñadores, componedores, correctores y editores de Cuba y un grupo de argentinos memoriosos y agradecidos. El empeño en no dejar morir la tradición de nuestra literatura en medio de la asfixiante situación económica que sufría Cuba en la década de los 90, se debe, fundamentalmente, a dos amigos incondicionales : El doctor y escritor Juan Carlos Volnovich, que vivió entre nosotros exiliado durante la dictadura argentina, quien brindó no solo el primer apoyo financiero proveniente del patrimonio de su familia, sino que respondió a la convocatoria del editor Aurelio Narvaja, el otro cómplice de este proyecto, quien al frente de la editorial Colihue, nos visitaba aun en medio de apagones y de todo tipo de limitaciones. Fue así que aunaron esfuerzos para lograr la complicidad de cuantos quisieran colaborar, fueran o no simpatizantes de la Revolución cubana. El propósito era lograr que muchos autores y autoras de Cuba no permanecieron en el anonimato. Gracias a esas gestiones, fuimos dados a conocer muchos de quienes hoy día continuamos en la tarea de dedicarnos a escribir desde, sobre, y con Cuba. La certidumbre de que sobreviviríamos a través de hijos de variada naturaleza, y a pesar de la agonía económica por la que transitábamos, lo debemos en gran medida a aquella iniciativa que nos salvó de la amenaza de un silencio que parecía infinito. Hace dos años, se celebró tanto en Cuba como en Argentina, el XX aniversario del proyecto Pinos Nuevos, para lo cual se le pidió a Volnovich un texto conmemorativo. Allí dijo: la autogestión tiene poco o nada que ver con saldar la deuda moral contraída con la Revolución cubana; tiene poco o nada que ver con nuestra condición de memoriosos, ex combatientes nostálgicos que añoraban antes o que recuerdan ahora las pasadas épocas de gloria; este encuentro lleva la ilusión de futuro, tiene la intención de actualizar nuestra disposición para analizar cuáles son, hoy en día, los obstáculos fundamentales que nos desafían y cuáles los recursos con que contamos para superarlos. Para eso estamos…

Por respeto elemental no solo a la cultura cubana y al público, sino también a los fundadores de los Pinos, y en medio del júbilo que acompaña todo acto de premiación, debe señalarse que estamos obligados a una permanente exigencia. Nosotros, los veteranos, y quienes comienzan la dura y solitaria labor de escribir con autenticidad, debemos ser fieles al rigor que demanda todo arte verdadero. Que este estímulo contribuya a la permanencia de lo que un día, hace ya 22 años fue un proyecto, casi una aventura, y que nuevos pinos continúen naciendo, será siempre la mejor manera de reverenciar a aquellos iniciadores memoriosos. Eventos como este demuestran que el relevo, presuroso y con talento, nos roza los talones, y nos susurra al oído “No te canses, no desmayes, recuerda siempre que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. El llamado, obviamente, es a trabajar. Felicidades a todos.