Pianistas de nuestra ├ępoca
Fotos: Kike
 

Si a la tercera fue la vencida, qué decir de esta cuarta edición del Encuentro de Jóvenes Pianistas. La Habana, por obra y pasión de la Oficina del Historiador de la Ciudad, su Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas y del profesor cubano Salomón Gadles Mikowsky, se ha convertido en una plaza de primer orden para mostrar cómo el repertorio clásico del instrumento encuentra nuevos cauces interpretativos en la actualidad.

Otra vez la afluencia de ejecutantes extranjeros se hizo notar. Cierto que todos han sido o son alumnos de Mikowsky en la Escuela de Música de Manhattan —significativo es el hecho de que una buena parte de ellos, con carreras ya establecidas o en franco ascenso, al responder a la convocatoria de su maestro dejan a un lado otros compromisos—, pero sus diversas procedencias y formaciones culturales previas le otorgan a este festival un matiz multinacional envidiable.

Llama la atención la presencia de pianistas asiáticos. China y Corea son países que en nuestros días han ido copando posiciones en concursos internacionales y los principales circuitos de la música de concierto. Al comienzo del siglo, los nombres emblemáticos eran —y todavía lo son— el chino Lang Lang y el coreano Myung-whum Chung, pero los que han viajado antes y ahora mismo a La Habana se prefiguran como valores a ser tomados muy seriamente en cuenta.

Ha vuelto a estar entre nosotros el taipeiano Po-Wei Ger, con una admirable versión de Rapsodia de un tema de Paganini, de Serguei Rachmaninov. La coreana Kyu Yeon Kim se las entendió muy bien con la traslación al piano del barroco francés a lo Rameau, y dio muestras de su pujanza romántica con el Concierto en La menor, de Grieg. Su compatriota Ha-Eun Lee amplió la referencias del auditorio con el Concierto no. 4, de Saint Saens, y el chino Jie Yuan hipnotizó al público que asistió al teatro Martí con el conocido Concierto no. 1, de Chaikovski.

Pero si de ligas mayores se trata, hay que mencionar dos nombres: los chinos Chun Wang y Yuan Cheng. El primero, por su excelentes interpretaciones de páginas pocos frecuentadas, como la Burlesque para piano y orquesta, de Richard Strauss; y la suite Al aire libre, de Bela Bartok. Yuan, por la clase magistral de estilo con que asumió los dos conciertos de piano escritos por Chopin.

Intérpretes de Rusia, Belarús, Estados Unidos, Armenia y Egipto completaron la nómina de visitantes. Destacable la nueva visita de Simone Dinnerstein, a quien el sello Sony confió grabar en Cuba con la orquesta del Lyceum Mozartiano de La Habana.

Desde un inicio Gadles Mikowsky se propuso establecer un puente de entendimiento entre su escuela y la que se ha ido desarrollando en Cuba en las últimas décadas. Esto se cumplió con creces, no solo por la altura a la que brillaron Aldo López-Gavilán en una portentosa versión del Concierto no. 3, de Rachmaninov, y Patricio Malcolm en el Concierto no. 2, de Prokofiev, sino por saber que hay otros aún más jóvenes prometedores.

De estos encuentros no solo sale beneficiado el pianismo, sino también el sinfonismo cubano. El acompañamiento de la Orquesta Sinfónica Nacional y la Orquesta del ISA adjunta al Lyceum Mozartiano, y el desempeño, junto a Enrique Pérez Mesa, de Daiana García y José Antonio Méndez Padrón, evidenciaron la consolidación profesional de ambos organismos y los directores mencionados.

¿Carencias? Más autores contemporáneos y estéticas renovadoras en los repertorios. Clásicos y románticos siguen predominando, como sucede en todo el mundo, pero valdría la pena un balance más compensado de lo que ha sido siempre el piano y lo que puede ser.