Peluso en sus 60, siempre recordado

Es gran veneno el Olvido
deja  a un pueblo dividido,
sin futuro y sin pasado
.

                                                  Los aretes que le faltan a la Luna. Joel Cano Obregón.

Pelusín, hazte cargo de la ceremonia, pues eres tan matancero como yo.
Esos muchachones merecen nuestra gratitud por el homenaje.

Carta de Pelusín por sus 40 cumpleaños. Dora Alonso.

Un repaso retrospectivo de lo que ha sido el Titim nos advierte, rápidamente, de lo interesados que han estado siempre sus curadores en preservar nuestros legados; no solo a través del acto práctico de los talleres que lo constituyen —evidente pase de saberes—, sino desde el énfasis en recordar qué y quiénes han establecido los cimientos del teatro titiritero cubano.

Con excepción de aquel primer encuentro en 1994, solo dedicado al dios Elegguá, en una explícita petición al abridor de caminos —y hoy sabemos que también escucha de los buenos llamados—; el resto de las ediciones los fetiches míticos se hicieron acompañar por los también íconos humanos de lo que hoy se constituye como nuestra historia titiritesca. Junto a los dioses del panteón yorubá se les ha rendido homenaje a titiriteras, titiriteros, directores, diseñadores y dramaturgos, a grupos pioneros en sus aniversarios, y en las dos últimas ediciones, a grupos que llevan más de dos décadas haciendo trabajo comunitario en los lomeríos orientales. La 12 edición, que recién concluyó, también estuvo dedicada al cumpleaños 60 de la creación del niño guajiro que hoy reconocemos como Títere Nacional: Pelusín del Monte y Pérez del Corcho.


Foto: Tomada de Internet
 

Peluso Patatuso, como le suele decir su abuela, es un personaje que surge en 1956 en la obra Pelusín y los pájaros, escrita por la poetisa, narradora y periodista Dora Alonso, quien al bautizarlo le dona sus propios apellidos, patentizando así su arraigada maternidad. La petición, hecha por los hermanos Camejo, de crear un texto titiritero genuinamente cubano, condujo a su escritura y respectivo estreno y, por supuesto, al diseño original del personaje, realizado por Pepe Camejo, quien reflejó en la cara del muñeco, quizá como homenaje amoroso, la fisonomía de su hermana Carucha.

Peluso Patatuso, como le suele decir su abuela, es un personaje que surge en 1956 en la obra Pelusín y los pájaros, escrita por la poetisa, narradora y periodista Dora Alonso quien al bautizarlo le dona sus propios apellidos, patentizando así su arraigada maternidad.En 1957 Dora escribe Pelusín frutero, que también es estrenada por el Guiñol Nacional de Cuba en 1963, cuando radicaban en su sede del Focsa y se habían constituido en el Teatro Nacional de Guiñol. Entre 1961 y 1963 el personaje aparece en la televisión en el espacio “Aventuras de Pelusín del Monte”, uno de cuyos guiones, con el título de El teatro de Pelusín, se estrenaría en la misma sala teatral en 1986. Por su parte, el juglar Pedro Valdés Piña lo realzaría en su espectáculo Juegos Titiritescos de Cuba.

El auge de esta figura vuelve a renacer en los años 90, cuando los titiriteros de la llamada generación del boom lo integran a sus repertorios (Teatro de las Estaciones, El Trujamán);  extendiéndose su permanencia en la siguiente década a los repertorios de otros grupos de la Isla (Paquelé, Pequeño Príncipe, Guiñol de Guantánamo, Nueva Línea). En 2008 vuelve a la televisión nacional en la serie Despertar con Pelusín que se transmitía en la revista matutina Buenos días. Los derechos sobre Pelusín como un personaje autónomo fueron cedidos por su autora, de ahí que se produzcan otras obras que recrean las características del “niño guajiro” desde la perspectiva de nuevos dramaturgos.


Foto: Archivo de La Jiribilla
 

Pelusín ha sido pensado y amado por importantes referentes del teatro cubano. El Doctor Freddy Artiles, ferviente estudioso del personaje, lo describe así: “Pelusín es un títere de guante, y su imagen es la de un niño campesino, de cara ancha y sonriente, con pelo claro y revuelto, orejas grandes, ojos verdes y nariz respingada, tocado con el típico sombrero de yarey, camisa o guayabera blanca y un pañuelo rojo al cuello. Su hábitat es el campo cubano, con el canto del gallo mañanero, el trino de los pájaros y las palmas reales acariciadas por el viento. Su lenguaje es el del niño campesino y cubano; ni ortodoxo ni del todo correcto: Pelusín y sus amigos dicen "agüela", "más nunca", "usté", "cucha"; dichos campesinos y hasta palabras inventadas que conforman un discurso vital y lleno de gracia. Su conducta es la del cubanito "vivo", que siempre busca la manera de salir adelante usando su ingenio y su criollo sentido del humor. Sus gustos, los de todos los niños: jugar a los "escondíos", a los "agarraos", y además disfrutar de los campesinos placeres de bañarse en el río y lanzarse sobre una yagua loma abajo. Sus platos favoritos, desde luego: los frijoles negros, el arroz blanco, la yuca con mojo, el arroz con pollo, los tostones, el boniatillo y los casquitos de guayaba que hace su abuela Pirula. Pelusín, en suma, es un personaje único, pero a la vez típico y popular” [1].

Pelusín, ha sido pensado y amado por importantes referentes del teatro cubano.Mientras que Armando Morales, otro gran promotor del niño “Del Monte”, en su último libro presentado en esta misma edición subscribe: “El títere-personaje Pelusín nos representa. Él rastrea los caminos y trillos de la campiña cubana y los seres que la pueblan. Refranes, dichos, consejas, sintaxis del habla coloquial del hombre campesino, giros inusitados que se aproximan al absurdo —arista tan cara a los títeres—, se suman armoniosamente en sus guiones para rediseñar un certero cuerpo dramático, dimensionado en las posibilidades del títere y su arte” [2].

Por su parte, relata el director de Teatro de las Estaciones, Rubén Darío Salazar: “Pelusín del Monte, con su risa, su decir campechano y jaranero, su poesía montuna y transparente, no se había erguido todavía sobre el retablo profesional de su provincia. (…) Yo no era líder de ningún grupo, sino simplemente un actor; sin embargo, me prometí, en nombre de esa cubana legítima que fue y sigue siendo Dora Alonso, devolverlo a Matanzas” [3]. Este juramento se lo haría a sí mismo por los años 80, y al fundar su grupo llevaría a la escena dos de las cuatro obras exclusivamente teatrales protagonizadas por el pícaro Peluso.

Treinta años después, su imagen reina en el jardín que también lleva su nombre, múltiples exposiciones lo han representado en varias de las ediciones, y para quien también es el director artístico del festival matancero, no olvidar aquella ofrenda que hizo al títere nacional —cuando párvulo aún reconocía a esta figura como una imprescindible— y dedicar la celebración bienal al 60 cumpleaños del títere de guante, es también un acto de confirmación.

Pelusín nació títere y no existe cubano que ya no lo reconozca como tal. Celebremos entonces su vitalidad sexagenaria, porque cualquier duda sobre su auténtica estirpe hace tiempo quedó en el camino de lo inapelable.

 

Notas:
  1. Artiles Freddy, Pelusín del Monte: ¿Títere Nacional? En La Jiribilla. Marzo 2010.
  2. Morales, Armando. Titeriterías. Ediciones Matanzas, 2015.
  3. Salazar, Rubén Darío. En busca de Dora Alonso en Retablo abierto. Ediciones Matanzas, 2012.