Pelusín y los pájaros

Personajes

Pelusín

Abuela

La paloma

El Cao

Lechuza

Cotorra

Coro de pájaros

Totí

Escena I

Pequeño jardín y portal de una casa de madera y tejas. Al descorrerse la cortinilla, entra fondo musical cubano y de sabor campesino. Canta el gallo. Se escucha la voz de Pelusín entonando una cuarteta.

PELUSÍN. Una yegüita compré

con lo que me dio el conuco,

la amarré con un bejuco

y por la noche se fue...

Entra Pelusín y termina su canto. Trae un tiraflechas.

Tanto que yo la cuidé,

tanto baña que te baña.

La comida al por mayor,

y cuando estaba mejor...

Imita una guitarra haciendo plin, plin, plin.

Por el público.

¡Qué día tan lindo para cazar pajaritos!

Vuelve brevemente con el plin, plin, plin.

Yo cazo sinsontes, palomitas, tomeguines. Apunto con mi tiraflechas y... ¡fuácata!

ABUELA. (Lejos.) Peluso... Pelusín...

PELUSÍN. (Presta oídos.) Mi abuelita anda cerca.

ABUELA. (Lejos.) Niño... ¡Niñito...! (Pausa.) ¡Pelusín!

PELUSÍN. (Alto.) No te oigo, abuela. No oigo nada.

ABUELA. (Lejos.) ¡Ven acá, muchachito!

PELUSÍN. Abuela, ¿cómo quieres que vaya si no oigo que me estás llamando?

ABUELA. (Lejos.) ¡Ven acá, muchachito! ¿Qué haces en el portal en vez de estar en la escuela?

PELUSÍN. (En remedo burlón.) La escuela… la escuela... ¡me cae más pesado ir a la escuela! A, e, i, o, u… Uno, dos, tres y cuatro: tres paticas tiene mi gato.

ABUELA. ¡Oigan eso! ¿Cómo un gato va a tener tres patas, muchacho?

PELUSÍN. (Fresco.) Porque se trata de un gato cojo... (Ríe y palmotea.)

ABUELA. (Severa.) Vaya para la escuela. Busque sus libros y la maletica y recoja la merienda. Hoy llevas boniatillo y naranjas.       

PELUSÍN. (Con frescura.) Pues yo quiero plátanos manzanos y torticas de Marón.

ABUELA. Pero si ayer me pediste boniatillo y naranjas.

PELUSÍN. Ayer es ayer y hoy es hoy. Quiero platanitos, platanitos y torticas.

ABUELA. (Impaciente.) Se acabaron los platanitos y las torticas.

PELUSÍN. (Resueltamente.) Entonces no iré a la escuela.

ABUELA. ¿Por qué razón?

PELUSÍN. Porque si no como platanitos y torticas: me da catarro.   

ABUELA. (Irritada.) Si no vas a la escuela, ¿qué harás? ¿Regarás el naranjal o cuidarás los cochinitos?

PELUSÍN. Frío, frío, frío... No debo regar porque va a llover. Y a los puerquitos, que los cuide su mamá, para eso está bien gordinflona.

ABUELA. Al menos traerás los mandados.

PELUSÍN. Tampoco podré, abuela...

ABUELA. ¿No?

PELUSÍN. Porque me pica la cabeza.

ABUELA. ¿Y eso qué tiene que ver?     

PELUSÍN. Muchísimo, mi señora Pirula, porque necesito las dos manos para rascármela... (Ríe y canta su plin, plin, plin.)

ABUELA. Niño, niño, deja el juego y haz lo que debes hacer.

PELUSÍN. No te pongas brava, mi preciosa abuela de mi corazón de melón, pero es que tengo que ir a cazar.

ABUELA. Tú no eres cazador ni tienes escopeta.

PELUSÍN. (Orondo.) No tengo escopeta, pero mira esto. (Muestra el tiraflechas.) Es mi arma para cazar pájaros. (Como si tirara realmente y apuntando a los cuatro puntos cardinales.) ¡Pum!, cayó un sinsonte. ¡Dale!, tumbé un zunzún. ¡Pumba!, fuera el totí.

¡Práquiti!, le tocó a la paloma.  

ABUELA. (Asustada.) No, hijo, no. Los pájaros no hacen daño a nadie, al contrario. Yo los cuido mucho para oírlos cantar.

PELUSÍN. Pues a mí me gusta cazarlos. Mira, abuela, hacen así... (Mueve la cabeza de un lado a otro y bate las manos.)

ABUELA. (Acongojada.) ¡Pelusín... por favor! (Regañándolo) ¡Qué mal corazón tienes! Como sigas haciendo eso, en cualquier momento pasarás un mal rato. El daño que haces acaba por volverse contra ti.

Abuela se seca los ojos con la punta del delantal y se va. Entra en la casa.

Escena II

Claro de monte. Se escuchan trinos y píos unidos a música

campesina.

LA PALOMA. (Lejos.) ¡Auxilio! ¡Socorro!

Cesa bruscamente la música y quedan trinos salteados.

LA PALOMA. (Lejos.) ¡Auxilio! ¡Socorro!

EL CAO. (Entrando.) Eh, ¿quién pide socorro? ¿Quién se queja? (Mira a todas partes.)

LA PALOMA. ¡Auxilio!

EL CAO. (Alto.) ¿Dónde estás?

LA PALOMA. Aquí, aquí, cerca de la mata de jobo.

EL CAO. ¡Ya voy, ya voy!

Sale de escena presurosamente. Pausa musical de misterio. Entra el Cao sosteniendo a la Paloma, que arrastra un ala partida.

LA PALOMA. (Quejumbrosa.) ¡Ay, ay, ay, qué dolor tan grande!

EL CAO. Espera, no llores más. (La recuesta al tronco de un árbol.) ¿Así te sientes mejor?

LA PALOMA. (Aleteando con su alita sana.) Estoy grave, compañero. ¡Qué dolor! Ayayay... (Se desmaya.)

EL CAO. (Dándole aire con sus alas.) Se ha desmayado... ¿Qué haré? (Decidido.) ¡Buscaré a la médica del monte!

Sale de prisa haciendo gestos. Pausa musical. La Paloma se queja apagadamente. Entra el Cao con la Lechuza, que viste bata de médico y lleva el estetoscopio. El Cao carga el maletín de la Lechuza.

EL CAO. Por aquí, por aquí... Aquí está la Paloma.

LECHUZA. (Girando la cabeza.) ¿Dónde está, dónde? No la veo...

EL CAO. Póngase los espejuelos.

LECHUZA. Ya, ya, ya la vi. (Va hacia la Paloma y se inclina sobre ella. La ausculta, le palpa el ala, etcétera.) A ver, a ver, a ver...

EL CAO. ¿Cómo la encuentra?

LECHUZA. Tiene partida un ala.

LA PALOMA. (Suplicando.) ¡Sálveme mi alita, doctora!

LECHUZA. Cálmate, cálmate... Te llevaré al policlínico del monte. (Al Cao.) Compañero, de prisa, traiga una camilla.

Sale el Cao y regresa con una camilla. Entre los dos acomodan a la Paloma, que se queja mucho.

EL CAO. Sospecho que el causante de todo esto fue Pelusín con su tiraflechas. Le gusta cazar pájaros.

LECHUZA. ¡Qué niño tan malo! Habrá que castigarlo. Diez picotazos en la nariz, treinta aletazos en los cachetes... para que escarmiente.

EL CAO. Ya verá cuando vuelva por aquí, tendrá su merecido. Todos preparados. ¡Todos contra Pelusín! (Imita un clarín.) ¡Tararí!

LECHUZA. ¡Tarará! ¡Todos a buscar a Pelusín!

Salen llevándose la camilla con la Paloma y repitiendo el tararí, tarará. Se apaga la luz y tras breve lapso se ilumina el nuevo escenario.

Escena III

Aparece Pelusín atado a un árbol.

PELUSÍN. (Asustado.) Los pájaros me agarraron y me trajeron hasta aquí. ¡Auxilio! ¡Socorro!

Entra la Paloma. Trae vendada el ala.

LA PALOMA. (Burlona.) ¡Ah, conque ahora gritas! ¿Ya no te acuerdas de lo que hiciste? Mira mi ala partida, Pelusín.

PELUSÍN. (Apurado.) Palomita, lo hice por jugar.

LA PALOMA. ¿Por jugar y me dejaste herida y sola? Por culpa tuya no puedo volar.

PELUSÍN. No pensé en eso.

LA PALOMA. (Irritada.) ¡Siempre igual! Nos hacen daño y luego... ¡que no sabían! Pero ahora tú lo sabrás. ¡Ahora sabrás!

PELUSÍN. (Con temor.) ¿Qué cosa sabré?

LA PALOMA. (Amenazadora.) Prepárate, ya verás.

PELUSÍN. No, no, no... Yo me quiero ir de aquí. (Llamando.) Abuela... abuelita... ¡Corre, vieja, corre!

LA PALOMA. (Firme.) ¡Ya verás, ya verás!

EL CAO. (Lejos.) ¡Tararíii!

Se escucha en la lejanía gran algarabía de pájaros.

PELUSÍN. (Intranquilo.) ¿Qué cosa es eso? Parecen muchos pájaros juntos...

LA PALOMA. Sí, eso es. Los pájaros del monte se han reunido para castigarte. (Bien alto, avisando a los demás.) Aquí, aquí: ¡todos contra Pelusín, el cazador de pájaros!

COTORRA. (Lejos.) ¡Paso, paso! ¡Paso a la justicia!

Entra la Cotorra de birrete y con un gran legajo.

PELUSÍN. ¿Quién es ese narizón?

LA PALOMA. Es el juez. Puede empezar, compañero.

COTORRA. (Se acerca a Pelusín y abre el legajo. Lee.) “Pelusín del Monte y

Pérez del Corcho, se te acusa de perseguir a los pájaros y a las palomas y enjaular a sus pichones”.

PELUSÍN. (Preocupado.) Yo no fuí... Yo no soy Pelusín... Yo me llamo

Emeterio Quiterio y vivo en Taco Taco, entrando a mano derecha.

LA PALOMA. (Irritada.) ¡No le crea! Lo conozco muy bien. Y también el guardabosque. (Alto.) ¡Guardabosque, compañero guardabosque!

Entra apurado el Cao.

EL CAO. ¿Quién me llama?

LA PALOMA. Ese niño asegura que no es Pelusín. Dice que su nombre es Emeterio Quiterio.

PELUSÍN. (Terminando.) Y vivo en Taco Taco, entrando a mano derecha...

EL CAO. No es verdad. Te llamas Pelusín. Vives en la cooperativa y tienes una abuelita muy buena. (Transición.) Pero él es muy majadero, señor juez. No le gusta la escuela, sino cazar pájaros con tiraflechas y con jaulas de trampas.

PELUSÍN. ¡Yo sí voy a la escuela! Cada tres días voy a la escuela; ya sé contar hasta tres y hago unos garabatos lindísimos...

COTORRA. A la escuela hay que ir todos los días. Sin faltar uno. De otro modo, te quedarás bruto.

EL CAO. (Burlón.) Como Canuto.

COTORRA. ¡Hagan silencio! Aquí solo hablo yo. (Por el Cao.) Compañero guardabosque, ¿de qué acusa a Pelusín?

EL CAO. Cazó un pájaro carpintero que tenía el nido en una palma real. La semana pasada, colocó una jaula de trampas y agarró cuatro tomeguines y un azulejo y los tiene encerrados. Además, desplumó una cotorra.

PELUSÍN. (Rápido, defendiéndose.) Se desplumó sola. Tenía mucho calor.

COTORRA. Que declare la doctora.

EL CAO. (Alto.) ¡La compañera médica!

 

Texto tomado de Dramaturgia cubana para niños (1943-2013). 30 obras en 70 años. Ediciones Alarcos, 2014.