Pedro de Oráa: ni pintor ni escritor… artista

Reseñar el currículo de Pedro de Oráa es, en sí mismo un manifiesto de arte. El creador se burla de esquematismos y nomenclaturas segregacionistas y viene a comprobar que la pluralidad de disciplinas puede estar presente en un mismo autor, sin encasillarlo como literato o pintor a secas. Oráa es todo a la vez.

Su espectro creativo no respeta límites ni fronteras. Por suerte. Ha sabido imponerse en el panorama de la cultura nacional como pintor, promotor, diseñador, escritor, crítico, traductor…artista.

Su espectro creativo no respeta límites ni fronteras. Por suerte. Ha sabido imponerse en el panorama de la cultura nacional como pintor, promotor, diseñador, escritor, crítico, traductor…artista.

Es entonces que defiende un ideal de creador plural, diverso, flexible, polifacético. Está ahí su legado pictórico, sus propuestas editoriales, sus entregas escriturarias.

Bajo ese legado resulta imposible no acercarnos más de una vez a su obra. Sin ánimos de “dividirle las profesiones”, como el mismo teme, colegas del entorno literario nacional hablan sobre el Oráa escritor. El reconocido poeta, narrador y ensayista Jesús David Curbelo tiene la palabra.

En Apuntes para una cifra, Basilia Papastamatíu alaba la obra escrituraria de Oráa por su “sabiduría del lenguaje y tanto sentido de la imagen”. ¿Cómo definiría usted, en un primer acercamiento, la entrega literaria de Oráa, especialmente su poesía?

La poesía de Pedro de Oráa nos propone, como un gran fresco, poemas que van desde el impulso neorigenista de los primeros volúmenes (Suma de ecos, El instante cernido) hasta la comunión entre lírica y pintura en la mirada minuciosa del pintor de ese cuaderno de bitácora que es Fardo roto. Textos que dialogan, además, desde el versículo a ratos narrativo de Constelaciones, la expresión coloquial, de hondo compromiso social, presente en La voz a tierra, el borrador de viajes (De tu pródigo nombre), la viva materia de la poesía que late en las dos vertientes palpables en Destrucción del horizonte (lo cotidiano y lo amoroso), la desmitificación del signo Ciudad que ofrece Apuntes para una mítica de La Habana, la vindicación de los oficios, de las cosas, de la realidad (Los andariegos van hacia la muerte), y la escritura viva de la experiencia como forma de abordar la indagación en el recuerdo (Tránsitos, sucesiones).

En ese sentido, editores, escritores y especialistas insisten en la trascendencia presente en las entregas de Oráa, que sin embanderarse en el más puro coloquialismo logra exhaustivos retratos de personajes urbanos. Bajo esa línea, Teresa Fornaris añade que hacia el interior de su poesía descubre “la observación minuciosa, un modo de desmontar la naturaleza, de reagrupar sus fuerzas, sus leyes”…

En ese sentido, editores, escritores y especialistas insisten en la trascendencia presente en las entregas de Oráa, que sin embanderarse en el más puro coloquialismo logra exhaustivos retratos de personajes urbanos. Bajo esa línea, Teresa Fornaris añade que hacia el interior de su poesía descubre “la observación minuciosa, un modo de desmontar la naturaleza, de reagrupar sus fuerzas, sus leyes”…

Pedro de Oráa ha escrito una poesía muy rica y diversa en lo temático. Esa amplitud de pensamiento ha coadyuvado a que su labor necesite un amplio abanico de resortes formales, porque los recursos estilísticos siempre son el reflejo último de una manera diferente de pensar, de sentir y de mirar el mundo y el individuo, y al individuo en el mundo. Es esta, pues, una obra de extenso registro formal (sonetos, romances, poemas en prosa, verso libre) donde prevalece la pesquisa conceptual, la obsesión por nombrar y descubrir lo no revelado, el testimonio de una voz constante y creciente.

Teresa Fornaris también percibe que más allá de lo atractivo que resulta “descubrir la génesis de sus versos, leo, desde la elegancia, una carga erótica —extendida, incluso, a lo abstracto del lienzo— que sí se manifiesta real y honda”. ¿Coincidencias de criterios?

En efecto, la poesía de Pedro acusa una fuerte carga erótica en alguna de sus zonas, porque lo erótico siempre ha sido parte del hombre, de sus necesidades vitales y artísticas. Pedro es, además, un intenso poeta amoroso, y lo erótico es un componente importante del amor.

Pero Oráa ha sido más, se ha impuesto como escritor, crítico, promotor, artista de la plástica; y dentro del entorno literario ha defendido, desde su amplio espectro creativo, la por veces preterida labor del diseñador editorial. ¿Cómo valora esta faceta?

Tuve la suerte de trabajar cerca de él muchos años, cuando Pedro era subdirector de arte de la revista Unión y yo dirigía la redacción de poesía de la editorial homónima. Como nuestras respectivas oficinas quedaban una enfrente de la otra, solíamos conversar bastante sobre los temas más diversos, casi siempre alrededor de la literatura, pero también acerca del diseño editorial, y de la edición, que es un oficio que él ha cultivado con la misma seriedad con que se acerca al arte. El que años después le fuera otorgado el Premio Nacional de Diseño del Libro habla del respeto que editores y diseñadores gráficos, y la comunidad del libro cubano en general, le profesan a esa faceta de su producción artística.

Esa virtud de ser un creador polifacético le ha ganado encasillamientos a Pedro, sobre los cuales él mismo ironiza: “A veces le preguntan a alguien sobre mi actividad como pintor. —Es un gran escritor—, responden. Otras veces preguntan —¿Qué opinión te merece Oráa como escritor?—. Y le contestan —Él pinta muy bien—. Creo que los dos bandos tienen la razón”…

Pienso que Pedro es un artista, en el más amplio sentido de la palabra. Lo considero un poeta de mucho rigor y mucha profundidad y un pintor que te obliga a pensar con sus abstracciones. También me gustaría destacar su faceta de ensayista, de crítico de artes plásticas, donde nos ofrece textos de gran agudeza, rebosantes de pensamiento y cultura, y escritos en una bella prosa.

Bajo este propio análisis Pedro reclama: “He llegado a la conclusión de que ya la sociedad no tolera a los creadores múltiples, a los creadores polifacéticos. A todos nos dividen por profesiones, y casi nadie comprende que en una persona se pueda dar más de una manifestación”. ¿Cuánto cree que le pueda deber la poesía de Oráa a su genio pictórico, o viceversa?

Eso siempre resulta difícil de deslindar. Me parece que son modos complementarios de expresión y que cada uno le debe al otro lo suficiente como para formar un todo. Un poeta siempre posee un pensamiento más intelectual y una mirada más inconforme sobre la realidad; un pintor, en cambio, suele ser más sensorial, más emotivo y también “embellecer” lo escatológico y lo horrible. Creo que en Pedro se conjugan ambas cosas, tanto en su obra literaria como en su obra plástica.

Aunque lo ha manifestado resulta necesario volver sobre un tema, toda vez que críticos de arte y literatura insisten en que la abstracción de Pedro es una muestra viva de rigor poético e ingenio expansivo en tanto una declaración de renovada juventud. ¿Oráa logra ese híbrido, ese empaste de géneros y artes?

Por supuesto. Como su amigo y coetáneo Fayad Jamís, o como otros poetas pintores que alcanzaron excelencia profesional en ambos campos, él se expresa como individuo con igual pujanza, riesgo y donaire lo mismo en las artes plásticas que en la literatura.