Pasa por la Casa: ¡Al dibujo le nació otro hijo!

El año temático que entre mayo de 2015 y abril de 2016 propone Casa de las Américas, ha tenido un colofón de oro. Buscando desplegar la magnificencia de la colección que esta entidad atesora y teniendo en esta oportunidad al dibujo como vehículo propiciatorio, se han revitalizado fondos, extendido conceptos, abierto discusiones muy interesantes y, por último, rescatado las sonrisas. El pensamiento crítico, que siempre acompaña al humor, se ha designado maestro de ceremonias para un final como este año se merece.

Foto: Tomada de La ventana
 

Dos exposiciones (o una en dos secciones) de dibujo humorístico se dan cita en la Galería Latinoamericana: Los intrépidos; Humoristas en la Colección Arte de Nuestra América y Mundo Quino: un homenaje.

Generaciones separadas en el tiempo pero confluyentes en aspiraciones, opiniones o modos de diseccionar la realidad son dadas a dialogar en el espacio que las acoge. 

En la primera, una veintena de autores [1] de Cuba, Argentina, Chile, Venezuela y México, dan fe en sus obras de su paso por Casa. Generaciones separadas en el tiempo pero confluyentes en aspiraciones, opiniones o modos de diseccionar la realidad son dadas a dialogar en el espacio que las acoge. Ha sido quizás ese el objetivo de sus curadoras, mostrar cómo, desde la plataforma unánime del dibujo, pueden lanzarse al ruedo las más diversas ideas, diferentes quizá en sus puntos de vista o en el modo de enfocar fenómenos similares, pero equiparadas en el objetivo de su existencia: el diálogo cómplice del espectador.

Puede el asistente a esta muestra admirar las agudas disecciones que de los procesos artísticos hacen Pedro León Zapata, Alberto Morales (Ajubel) o Francisco Blanco. Quizá concuerde e incluso se asombre de lo cíclico que resultan los juicios sobre este particular. Las posiciones pueden variar, pero triunfa en todas el mirar directamente al problema, buscando el “culpable” guiño que lo haga cierto.

Las posiciones pueden variar, pero triunfa en todas el mirar directamente al problema, buscando el “culpable” guiño que lo haga cierto.

Tal vez las reflexiones de Oski (Oscar Conti) en torno a las impresiones de los primeros europeos sobre los habitantes de nuestro continente le parezcan más acertadas que otros discursos. Y mucho más amenas. O vuelva sobre las piezas de Rogelio Naranjo, Carlos Carmona, Fresquito Fresquet o Manuel Hernández para determinar cuánto de imperecedero hay detrás de cada uno de estos planteamientos que analizan y evalúan a sus semejantes.

Así, la risa contenida, o la que florece en carcajada, acciona el motor del pensamiento. Puede acaso ser su resultado. O ¿es el artista el que ríe en nuestros labios al hacernos convenir con sus sugerencias? Como fuere, el humor es la causa y la Casa lo sabe.


 

Justo por esa razón Quino, el imprescindible, fue también protagonista de este encuentro. Homenaje es el término planteado para esta visita y homenaje le fue rendido. Joaquín Salvador Lavado, el progenitor de Mafalda, llega desde la ampliación de algunas de las tiras desde donde ascendió su hija a la indeleble constancia en el imaginario latinoamericano. Permanece, como lo ha hecho por 30 años, en los Quinoscopios donde se une a otro indispensable, Juan Padrón y en Mundo Quino, texto editado por Casa de las Américas en la década del 80 y compañero de muchas generaciones de cubanos.

Se divierte a sí mismo en las alusiones (directas muchas veces, solapadas en otras) a las circunstancias de la existencia del ser humano en la sociedad que ha creado y que también le destruye. Como a sus temerarios compinches, los modos de resolver los planteamientos lo llevan desde la crítica mordaz hasta la solapada, de la candidez de la inteligencia hasta la acidez de la más descarnada crítica ignorancia.

Se repiten en estos ejemplos magnificados los temas que preocupan a los intrépidos, porque Quino también lo es. Intrepidez presente en el humor negro que matiza las verdades menos atractivas. En la ingenuidad reconstruida para los adultos. En los crípticos mensajes que deben leerse desde la experiencia propia aunque el referente se encuentre fuera del horizonte cognitivo más cercano. Porque lo que destaca en todos estos casos es que el humor, en tanto recurso expresivo, ha de apuntar a la infinita fuente de similitudes entre los juicios de cada persona. No habría humor gráfico valedero si no hiciera moverse en la misma cuerda reflexiva cada planteamiento, ya fuera para la convergencia de opiniones o para su confrontación.


 

De este modo, el dibujo, que había alcanzado nuevas dimensiones en la propuesta curatorial de su año temático (entremezclado con otros géneros, subordinado a diversos discursos, movimientos artísticos, etc.), es ampliado en sus límites una vez más. Le nace un nuevo hijo que ha de crecer en la provocación que le endosa el apellido de humorístico. Lo hace transitar desde el color al simple blanco y negro, de la imagen perfectamente construida a aquella que se deshace en líneas, trazos, manchas… y viceversa. Juega con la lógica de lo ilógico como solo pueden logarlo piezas destinadas no solo a “ser” obras de arte, sino a comunicar, provocar. Para muchos, algo más difícil.

Difícil, sí, pero no imposible. Con sus efímeras obras, LAZ, Adán, Yoe, Brady y Zardoyas [2], humoristas invitados a trabajar in situ, presentaron sus respetos a aquellos aquí congregados y, de paso, demostraron en estas piezas la veracidad de esta declaración. Inspirados en los trabajos que le rodeaban, exploraron, rumiaron y maduraron la idea de que el dibujo humorístico puede también ser cordial, afectuoso acaso. Con pastores de lunas, cariátides modernas o cosmonautas de sueños intentaron, a un tiempo, seguir el camino trazado por sus antecesores y alcanzar esa nota lírica que denotara evocación y gran estima. Lo lograron al intervenir una pared que, con estas cálidas composiciones como paladines infranqueables, más que separar ambas exposiciones, servía de pórtico entre dos aristas de una misma dimensión.

Pero, siguiendo el presupuesto planteado al principio, no alcanzan estas muestras toda su potencia sin un secuaz/espectador que las haga completar sus intenciones. Porello ha de ir a verlas. La invitación ha sido extendida desde el 25 de enero hasta el mes de marzo. Que se lo cuenten no es suficiente —con el humor gráfico nunca lo es. No se lo pierda. Pase por la Casa.

 

Notas:
  1. Entre los que destacan aquellos cuyas piezas con resultado de sus intervenciones durante el Primer Encuentro de Plástica Latinoamericana, Casa de las Américas, 1972. Entre ellos: Julio le Parc, Régulo Pérez, Félix Beltrán y René de la Nuez.
  2. LAZ (Humberto lázaro Miranda), Adán (Adán Iglesias Toledo), Yoe (Yoemnis Batista), Brady (Brady Izquierdo), Zardoyas (Ramiro Zardoyas).