Para seguir pronunci√°ndonos
Fotos: Cortesía de El Caimán Barbudo
 

Me alegra mucho que La Jiribilla, sitio fraterno, me haya pedido estas letricas para incluir en su dossier sobre los 50 años de la creación de El Caimán Barbudo. Esa alegría tiene varias razones.



 

Una de ellas es que el mensuario de los escritores y artistas jóvenes está cumpliendo nada menos que cinco décadas. No es posible decir eso de la inmensa mayoría de las publicaciones (literarias o no), cuyos lapsos de existencia son generalmente mucho más breves.

El actual equipo del Caimán mantiene un alto nivel de inquietud, participación y creatividad. Esas tres palabras son claves en una publicación como esta.Otra de las razones fundamentales es que el actual equipo del Caimán mantiene un alto nivel de inquietud, participación y creatividad. Esas tres palabras son claves en una publicación como esta. No siempre fue así en la historia caimanera —o de los que dirigieron el Caimán en diversas etapas— porque la historia no es una línea recta entre dos puntos previsibles, sino el zigzagueo a veces impredecible, siempre maravilloso pero igualmente cargado de sorpresas, encantos y desencantos, forcejeos y luchas, avances y retrocesos. Como la vida misma. Por eso siempre recuerdo aquella frase que me dijo un día el gran poeta nicaragüense-mexicano Ernesto Mejía Sánchez en la carretera de Masaya: “La vida es muy compleja, Víctor. Por eso es que le dirán vida, ¿no?”.

Y si hubiera que buscar una tercera razón —entre las muchas posibles— escogería esta: la dirección del Caimán en estos años últimos ha tenido una justa proyección integradora hacia la generación fundadora del mensuario en 1966. Ese también es un rasgo no frecuente en las publicaciones (literarias o no), donde a veces se hace tabla rasa de los orígenes para establecer o imponer ideas, modos de hacer, políticas (culturales o no), estrategias, nombres o caprichos oportunos. Sin ir más lejos, eso ocurrió en el Caimán mismo, de manera lamentablemente señalada en el equipo que tomó las riendas del mensuario (por decirlo de una manera ecuestre) después que la generación fundadora fue echada de la publicación. Otro de los fundadores al que también el Caimán actual ha reconocido su aporte en los inicios de la publicación (y, de hecho, los aportes mayores posteriores de su obra poética y ensayística), Guillermo Rodríguez Rivera, narró así aquella peripecia, desde el humor agudo, en el prólogo de La forma de las cosas que vendrán, el libro de poemas de otro fundador querido, Wichy Nogueras:

El cocodrilo había nacido peleón y dio sus golpes, pero también los recibió de todos los colores. Un día, tras una espeluznante reunión, se decidió transformar al Cocodrilo y convertirlo, simultáneamente, en vocero del surrealismo chileno, órgano de la poesía campesina y representante del barroco español. Nogueras, cansado y filosófico a sus 23 años, musitó la vieja copla castellana:

Llegaron los sarracenos
y nos molieron a palos;
que Dios protege a los malos
cuando son más que los buenos

De manera que razones alcanzan y probablemente sobren para la alegría mencionada en la primera línea. En la línea anterior, la del título, escribí hace un momento: PARA SEGUIR PRONUNCIÁNDONOS. Y es lo que propongo en este textículo de saludo y cariño para el Caimán cincuentenario: seguir pronunciándonos, desde la poesía, desde la letra o desde la acción, sobre la vida que nos rodea. Ese fue, creo, uno de los propósitos más nobles (y riesgosos, como se vería poco después) de la generación fundadora: pronunciarse, decir, opinar, criticar, ser consecuentes con aquella enseñanza mayor dejada por Pablo de la Torriente Brau en una de sus cartas desde el exilio neoyorquino, poco antes de marchar a la guerra civil española en septiembre de 1936:

 Mis cartas son las actas oficiales de mi pensamiento. No tengo nunca miedo de escribir lo que pienso, con vistas al presente ni al futuro, porque mi pensamiento no tiene dos filos ni dos intenciones. Le basta con tener un solo filo bien poderoso y tajante que le brinda la interna y firme convicción de mis actos.

Ese filo bien poderoso y tajante es el que uno desearía y esperaría de la producción literaria y artística (para decirlo mal y rápido), o mejor, de la actitud vital de los jóvenes de cada período histórico, siempre en diálogo y tensión con el tiempo que le haya correspondido, ojalá que siempre entusiastas —o al menos interesados— en lo que ocurre dos pasos más allá de su teléfono móvil, de la pantalla de su computadora o simplemente de esos pies que lo sostienen sobre la tierra que les tocó pisar.

 La dirección del Caimán en estos años últimos ha tenido una justa proyección integradora hacia la generación fundadora del mensuario en 1966. Por ello propuse en el título: para seguir pronunciándonos. Por ello nació ese título, de aquella propuesta-manifiesto-provocación que apareció en el primer número (Opus 1) del Caimán en 1966, estremeciendo figurillas estremecibles, proponiendo manera de ver, vivir y contar la historia que nos rodeaba: “No es el azar lo que nos reúne. La Revolución no llegó a nosotros como a gente formada a su margen: trece años de nuestra vida —sin duda los más importantes— han sido los años de la Revolución combatiente y vencedora. No podemos ser, pues, gente presta o negada a adecuar su voz a la Revolución. Con ella nos hemos formado —nos estamos formando— sin ella no podríamos explicarnos”.


 

Por ello también es que propongo, al final de esta felicitación para el Caimán de todos y de todas, el texto que sigue, el Nos pronunciamos comprometido, arriesgador, ingenuo, soñador, participante —o todas esas cosas juntas, como suele suceder. Lo leí recientemente a un pequeño foro mayoritariamente integrado por jóvenes en una actividad de la publicación en el Pabellón Cuba, en el marco de la recién finalizada Feria del Libro. No estaría mal que esos —y otros— jóvenes lo conocieran, lo pasaran por el filtro —es posible que implacable— de su óptica, la de estos años, las de estas circunstancias culturales (y no sólo culturales) en las que se vive. Exponerse —como en su momento ya lo hicimos— es una posibilidad —y a veces una necesidad— no sólo en términos personales, sino de las ideas, los sueños, las interrogantes que un texto como el Nos pronunciamos puede despertar o incentivar en gentes jóvenes y sensibles. Así sea.

El cocodrilo había nacido peleón y dio sus golpes, pero también los recibió de todos los colores.Por eso los dejo ahora con este material para un círculo de estudios que ninguna organización convocará. O sí: lo está convocando ahora, desde La Jiribilla, este dossier de homenaje a los 50 años del Caimán querido.

NOS PRONUNCIAMOS
No es el azar lo que nos reúne. La Revolución no llegó a nosotros como a gente formada a su margen: 13 años de nuestra vida —sin duda los más importantes— han sido los años de la Revolución combatiente y vencedora. No podemos ser, pues, gente presta o negada a adecuar su voz a la Revolución. Con ella nos hemos formado —nos estamos formando— sin ella no podríamos explicarnos.

Estamos inscritos en la tradición cultural de un país subdesarrollado. La historia de Cuba ha sido hasta hoy, la historia de un camino hacia su realización como nación, hacia su desarrollo, hacia su autenticidad cultural. Cuba es todavía un país subdesarrollado, pero es ya un país victorioso. Hoy sabemos que el camino hacia el comunismo es el camino al desarrollo y la autenticidad cultural. La cultura de Cuba se salvará con Cuba, el desarrollo del país es el desarrollo de su cultura. Esa lucha que libra nuestro pueblo —que es también la única posibilidad de liberación del hombre— es nuestra lucha.


 

No pretendemos hacer poesía a la Revolución. Queremos hacer poesía de, desde, por la Revolución. Una literatura revolucionaria no puede ser apologética. Existen, existirán siempre, conflictos sociales: una literatura revolucionaria tiene que enfrentar esos conflictos.

No renunciamos a los llamados temas no sociales porque no creemos en temas no sociales. El amor, el conflicto del hombre con la muerte, son circunstancias que afectan a todos, como es íntimo, personal, el auténtico fervor revolucionario.

No creemos que exista hoy una crisis de la poesía. Existe, sí, la crisis de 
una concepción de la poesía.
Nos pronunciamos por la integración del habla cubana a la poesía.
Consideramos que en los textos de nuestra música popular y folklórica hay posibilidades poéticas.
Consideramos que toda palabra cabe en la poesía, ya sea carajo o corazón.
Consideramos que todo tema cabe en la poesía.

Rechazamos la mala poesía que trata de justificarse con denotaciones revolucionarias, repetidora de fórmulas pobres y gastadas: el poeta es un creador o no es nada.

Rechazamos la mala poesía que trata de ampararse en palabras “poéticas”, que se impregna de una metafísica de segunda mano para situar al hombre fuera de sus circunstancias: la poesía es un testimonio terrible y alegre y triste y esperanzado de nuestra permanencia en el mundo, con los hombres, entre los hombres, por los hombres, o no es nada.

Orlando Alomá
Sigifredo Alvarez Conesa
Iván Gerardo Campanioni
Víctor Casaus
Félix Contreras
Froilán Escobar
Félix Guerra
Rolen Hernández
Luis Rogelio Nogueras
Helio Orovio
Guillermo Rodríguez Rivera
José Yanes
Antonio Conte
Raúl Rivero