Para crecer en todo el horizonte: Unima 3 Américas

Los privilegiados asistentes al evento que ocurrió en Matanzas durante varios días del pasado fin de semana, pudieron regresar a sus hogares con la satisfacción de haber sido parte de un hecho hermoso y memorable. Por vez primera, del 8 al 11 de diciembre, se reunieron los miembros de la UNIMA en todas las áreas de América Latina, América del Norte y Caribe y Centroamérica, a partir de la iniciativa de fundir en una sola Comisión a todas estas zonas. La UNIMA, Unión Internacional de la Marioneta, agrupa a titiriteros de todo el orbe, y Cuba, que fuera parte de ella a partir de los años 60, se ha reintegrado a este organismo internacional bajo una nueva directiva desde 2009.

Unima 3 Américas
Foto: Sonia Almaguer


Mucho de ello se debe al empeño y encanto personal que Jacques Trudeau, Secretario General de UNIMA hasta inicios de este año, y el actor, titiritero, director y dramaturgo boricua Manuel Morán, han ido desarrollando entre nosotros desde esa fecha. Morán, radicado en New York y líder del Teatro SEA, ha hecho el camino entre las islas y la tierra firme una y otra vez, tratando de aunar artistas, historias y memorias que en algunos casos han estado a punto de extraviarse para siempre. Prueba de ello es la presentación, en la muestra del 38 Festival Internacional de Cine de La Habana, de su documental Títeres en el Caribe Hispano, parte de una serie dedicada a Puerto Rico, República Dominicana y Cuba, segmento este último que llega ahora a nuestras pantallas. Con entrevistas hechas aquí por Morán y su equipo en el año 2012, recoge un panorama intenso y extenso del títere cubano, que va desde la colonia hasta el siglo XXI, narrado por algunos de sus principales creadores. Emociona ver en ese documental a los ya fallecidos Roberto Fernández Acosta y Xiomara Palacio, que narran a Manuel Morán sus anécdotas, simpáticas y a veces muy complejas, como protagonistas de un devenir que queda ahora preservado en esta pieza que, en Matanzas, para los participantes de esta reunión excepcional, se proyectó de manera especial.

En el Congreso Mundial de la UNIMA, celebrado en San Sebastián Donostia y Tolosa, del 28 de mayo al 5 de junio pasado, se reafirmaron muchos de los estatutos de esta organización y se discutieron otros. Como novedad, Jacques Trudeau propuso unificar a todas las Américas en una sola Comisión. Como dije en una nota publicada en su momento y en la cual di mi testimonio en tanto participante de dicho Congreso, no fue una propuesta recibida con unanimidad. Son muchas las diferencias políticas, identitarias, históricas, culturales, que nos alejan. Pero también nos une un empeño mayor: la confianza en la pervivencia del títere, de la figura animada. Por encima del disenso, la mayoría votó a favor de esta nueva Comisión. En dos años, cuando se celebre el Consejo Mundial de UNIMA, se comprobará si es efectiva o no la nueva propuesta que nos integra. Al frente de la Comisión de las Tres Américas está Manuel Morán y, como ya suscribí, es él un enlace idóneo para muchas de estas áreas; su doble condición de latino y residente en Estados Unidos, que a otros puede parecer un obstáculo, le permite tener una visión mayor sobre problemáticas comunes. Es un paso arduo, pero toca ahora respaldarlo como líder, dada su probada fe en estas lides, y ponernos todos en la misma línea de reto. La mejor manera de hacerlo es, por supuesto, trabajar.

Organizado desde UNIMA Cuba, con gran empeño de nuestro Secretario General, el director y actor Rubén Darío Salazar, este encuentro es el primer capítulo de una saga futura. Vinieron a Cuba representantes de Canadá, Costa Rica, Bolivia, Uruguay, México, Nicaragua, Bolivia, Perú, Brasil y Estados Unidos, que en diálogo intenso y a ratos febril con los anfitriones pusieron en claro dudas, y adelantaron certezas, del trabajo por venir. Nos concentramos en clarificar lo sucedido en el Congreso de la UNIMA y en proponer ideas hacia el futuro. A mucho de ello nos ayudó la Secretaria General de UNIMA, Idoya Ortegui, de reconocida labor a favor del títere, quien llegó hasta nuestra Isla para ser parte de esta conversación. La reunión tuvo momentos apasionados y complejos, pero al final prevaleció el deseo compartido por todos: avanzar en un discurso común que tenga a la figura animada, en sus múltiples variantes y tendencias, como absoluto protagonista.

Siendo esta la primera oportunidad en que se produce una reunión semejante, el encuentro matancero ha sentado un precedente. Y nos impone un reto, el de unir lazos no solo de empatía y amistad, sino también de trabajo concreto para que se visibilice lo que hacemos en función de lo mejor que somos. La calidad y la entrega deben estar focalizadas en acciones específicas, que ayuden a salvar el patrimonio del títere en todas las Américas, y lo encaminen a un futuro amenazado por tecnologías y otros entretenimientos y conceptos no siempre precisos acerca de lo que este arte —o mejor, esta artesanía tan particular que es el arte mismo del títere— nos exige y nos regala a la vez. Concebir a la figura animada como reflejo poético y sintético del hombre y su saber, emplearlo para unir culturas y preocupaciones, para proporcionar, mediante su uso, alegría y nuevas inquietudes, recordándonos que el teatro ocurre aquí y ahora, como un espejo doble de pasado y futuridad, es cosa a pensar y reconocer intensamente desde todos los cardinales. La humildad con la que trabajan muchos puede contrastar con la mayor cantidad de recursos de los que disponen otros. Los idiomas parecieran una barrera infranqueable. Los modos de pensar y proponer cuestiones tabúes en la escena, también. Pero ante todo eso ha de imponerse la calidad humana del artista, la visión progresiva de un arte milenario, el cuidado en el detalle y en el diálogo con el público, para que los accidentes, las discusiones, las diferencias pasajeras, no nos impidan un diálogo mayor. Creo que eso nos aportó también el encuentro de las Tres Américas; con ese ánimo se fueron los visitantes tras esos días en los que no nos alcanzó el tiempo y salimos agotados, agotadísimos, pero con nuevas responsabilidades, abrazos, y deseos de seguir hacia adelante.

Lo que queda por delante es trabajo conjunto, para revitalizar La Hoja del Titiritero, boletín que difunde la acción de los artistas en estos territorios, y cruzar maestros, alumnos e investigadores de una zona a la otra. El mundo cambia y con él las maneras de dialogar y establecer puentes. La internet es una senda utilísima, que tendremos que utilizar cada vez más y mejor. Los jóvenes traerán sus propios desafíos, sus agonías nuevas —a ratos tan semejantes a las de sus maestros— y la continuidad que resulta imprescindible. El Encuentro nos dejó a la vista un horizonte arduo, pero promisorio. Vernos las caras, saludarnos día por día, reaccionar y trabajar en el mismo núcleo para aprobar o rechazar una propuesta, es algo que no se puede reemplazar. Cuba ya ha hecho propuestas para el año venidero, y ojalá se multipliquen las que nuestros vecinos también han anunciado. Es muy corta la vida y mucho lo que se puede compartir. Mirarnos como un haz conjunto nos ayudará a conseguir más lazos, oportunidades y financiamiento, en una era en la cual el dinero es una verdad que también tiene sus leyes y nos obliga a comprenderlas para poder llegar a muchos sitios. Se trata de activar la mente en muchas direcciones y asumirnos en una dimensión más amplia. Como el cielo de la bahía de Matanzas, mi bahía preferida de Cuba, cada mañana, cada tarde y cada noche de esas jornadas en que aprendimos tanto los unos de los otros.