Palabras a los intelectuales: 55 años después

Las Palabras a los intelectuales constituyeron la plataforma sobre la que se trazó la política cultural de la Revolución de la manera tan inclusiva y democrática como se hizo, afirmó Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, al resumir la trascendencia de aquel discurso del líder de la Revolución cubana en 1961.

Este 30 de junio se cumplieron 55 años de que Fidel Castro concluyera tres encuentros —en los que participó una amplia representación de artistas y escritores— con un histórico discurso, devenido guía imprescindible de aquellos y estos tiempos.

Desde la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, el mismo escenario de entonces, se celebró el aniversario con una nueva cita en la que se reunieron algunos de los protagonistas de ese momento, junto a las nuevas generaciones, para recordar y valorar esas Palabras que demostraron que “defender la Revolución es defender la cultura”, definió Barnet.

El etnólogo y escritor resaltó la valentía de Fidel, quien con solo 34 años se enfrentó a intelectuales de gran trayectoria y en medio de una compleja situación política —con la amenaza de las bandas contrarrevolucionarias y a poco tiempo de la invasión mercenaria a Playa Girón, entre otros factores— tuvo la deferencia de sentarse a escuchar a aquellos escritores y artistas cuya preocupación esencial era si habría o no libertad de expresión.

Durante el acto se recordaron varios momentos de las reuniones que precedieron el histórico discurso. Como subrayó el presidente de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar, en una intervención en el programa televisivo Mesa Redonda, estos encuentros revelaron el interés de los dirigentes revolucionarios por conocer lo que pensaban los escritores y artistas.

“Los dos primeros días fueron los más intensos, porque el tercero fue iluminado por el discurso de Fidel”, recordó, y lamentó que no se hubieran publicado las intervenciones de los participantes en las reuniones porque solo así se podría entender a cabalidad el discurso final en el que se daba respuesta a cada planteamiento.

En calidad de continuador de la obra iniciada en aquellos días de 1961, Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional, expresó durante la ceremonia: “Aquel acto que pudo ser coyuntural se convirtió, no por mando y acato, sino por tocar las fibras más sensibles de la creación y del espíritu cubano, en un cuerpo de ideas que —como todo cuerpo de ideas— en su permanencia ha contado con remociones, profundizaciones y definiciones siempre superadoras, pero fieles al espíritu inicial de aquel extraordinario movimiento que nace de un debate de ideas y de un diálogo, más que un discurso, de Fidel con los creadores, que dejó sentadas esas bases que durante todas estas décadas han estado como aliento, impulso, renovación y libertad creativa”.

Recordó el historiador las circunstancias históricas que rodearon las mencionadas reuniones, y los logros que las antecedieron y sucedieron en el que denominó “un año de definiciones”. Subrayó entonces la Campaña de Alfabetización, y la creación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba pocos meses después, acciones a las que Miguel Barnet añadió la fundación del ICAIC, de la Imprenta Nacional y de otras instituciones que, de una forma u otra, contribuyeron a democratizar la cultura y hacerla accesible a todo el pueblo.

Con ese legado evolucionaron los nuevos y más actuales gestores de la cultura. El escritor Eldys Baratute, miembro de la Dirección Nacional de la Asociación Hermanos Saíz y su presidente en la filial de Guantánamo, se reconoce entre los jóvenes defensores de la convicción heredada de Palabras a los intelectuales.

“Los escritores y artistas cubanos, los que protagonizaron aquel encuentro y los que llegamos después, somos conscientes de la importancia de la participación real en la construcción de nuestro país. Ya a pocos años del triunfo de la Revolución, Fidel estaba invitando a construir un país desde la participación, desde la inclusión y desde la unidad, y esta invitación ha quedado refrendada desde entonces”.

En ese sentido resaltó que es vital en la Cuba de hoy, para defender el acercamiento de todo el pueblo proclamado por Fidel a las distintas manifestaciones artísticas, “la permanencia en cada uno de los territorios de una programación variada que muestre lo más valioso del arte de vanguardia y que ayude a la formación de públicos inteligentes, una programación que no solo brinda propuestas emergentes sino que ayuda a que estas se fundan con las más tradicionales, propiciando el nexo necesario entre tradición y modernidad (…)”.

A ese criterio se sumó la instructora de arte Liliam Mendoza, presidenta Nacional de la Brigada José Martí, quien consideró un compromiso enorme ser resultado de las visiones y aspiraciones manifestadas en aquellos días.

Expresó que si bien en estos años los escenarios han variado, se pueden identificar denominadores comunes como “la vocación eminentemente social, los sacrificios durante el ejercicio de la creación y, sobre todo, la transmisión de valores cívicos y morales, que demuestra la profunda concepción humanista de la Revolución”.

“Para esta generación futura, como nos llamara Fidel, Palabras a los intelectuales sigue siendo la columna vertebral que sostiene nuestro hacer; reencontrarse con ellas tiene que seguir siendo una herramienta de trabajo para aquel que tenga implicación en el trabajo cultural, pero sobre todo para el pueblo en general, por ser el principal protagonista de esta obra”.

Con esa convicción llamó a cada creador a cumplir la tarea que le corresponde: “pasemos —como se dijera en aquel entonces— a la posteridad, para que las generaciones futuras puedan decir la última palabra”.