Oscar Sánchez, unknown artist

La primera vez que Oscar Sánchez se sentó encima de una marímbula —esa suerte de instrumento ideófono con lengüetas de metal que suenan al ser pulsadas y cuya existencia en Cuba se remonta a los primeros años del siglo XIX oriental— improvisó algunas notas, jugó con las sonoridades que salían quizás espontáneamente de aquellas placas y compuso una canción. Esa canción, que no rompía con su proceso creativo anterior pero sí con la nueva estética que abanderaba, tenía un título temerario: “Pa´ matar a to´ los vivos”. En esa canción, Oscar Sánchez, holguinero, cantautor, trecero y guitarrista autodidacta, graduado de Artes Plásticas en la Escuela de Instructores de Arte, dice cosas como estas:

“Dame, un virus/ pa´ regarlo aquí y matar a to´los vivos. / Dame, un virus/ pa´ regarlo aquí y matarte. / Yo sé que quieres ser el primero / y darle vueltas al mundo entero/ en tu carriola de caramelo/ que no se rompe porque es de hielo. / El hielo, hundió al Titanic, / mantiene, a Lenin en su party. / El hielo te afloja el whisky, mami/ y el granizao es hepatitis, ñañi.”


Fotos: Racso Morejón


Pero al tocar y cantar esta canción, Oscar Sánchez —que no estudió dramaturgia, pero sí compone música original para llevar a escena (a él corresponde la banda sonora que escuchamos en piezas como Yilliam de Bala coming soon, que interpreta el grupo Persona pero cuya idea original es del diseñador Roberto Ramos Mori; o Backstreet Boys, de Osikán Plataforma Escénica Experimental); que no es actor, pero sí sabe cómo meterse en la piel de un personaje— hace su propio performance. Porque seamos claros, si vienen a escuchar a Oscar Sánchez, vienen inevitablemente a verlo, a disfrutarlo, a no eludir su gesticularidad. Vienen a ser parte de la acción poética, de la obra total.

Porque música y visualidad se funden en este cantautor que prefiere definirse como un rockero cubano que toca el tres, la marímbula, la guitarra, que hace canción de autor, rock nacional, punk folclórico si se quiere. Un rockero cubano cuyas canciones ácidas y agresivas, unas, otras más líricas o poéticas, no pueden desvincularse de una actitud en el escenario: “Las palabras dicen una cosa, son el lenguaje inmediato y hago diferentes ejercicios con ellas, pero siempre debe existir una actitud detrás de eso. Nunca separo la actitud de la música, ambas llegan a mí de alguna manera. No me pongo límites en ese sentido porque la música en sí es infinita. El cuerpo es parte también del lenguaje, es parte también de la música, con una mirada o un gesto se puede decir mucho. El silencio, incluso, dice mucho”.



 

Pero, ¿qué sabemos de Oscar Sánchez? Que su primer intento de incursionar en la música fue a través de la batería. Que fue, con un novio que tuvo su hermana, con quien aprendió los primeros acordes de la guitarra. Que más tarde se hizo de un tres, que disfruta de la música folclórica “porque es la expresión genuina de las personas, de los instrumentos, de las distintas sonoridades”. Que en el 2006 el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau le otorgó una Mención Especial por su canción "Torrente Brau". Que más tarde, bajo la misma institución, se atrevió a participar en el concurso Una Canción Para Frida y Diego, y que allí su tema “Calando Ribera” quedó entre los finalistas. Que la canción fue recogida en un fonograma posterior nominado al Cubadisco. Que ganaría luego la Beca de Creación Noel Nicola y que un día de octubre de 2009, en el patio de Muralla 63 y como parte del espacio A guitarra limpia, veinticinco canciones mediante, ofrecería su concierto Abrir camino.

Sabemos además que para el año 2009 Oscar Sánchez desandaba los caminos de la música con su banda Kñenga y que con ella grabó temas como “La Gastritis”, “El vejete”, “La amalgama”, “Cimientos de la vieja cuna”, “Paseo de madrugada”, entre otros. Por aquel entonces todo era muy, pero muy rockero. Luego, Oscar de Holguín llegó a La Habana y con la gran ciudad vino entonces la peña de Inti Santana, de Ray Fernández en el Diablo Tun tun, de Silvio Alejandro en el Pabellón Cuba. Luego fue el work in progress en La Marca junto a Andrés Pérez, la poesía como recurso, la proximidad a poetas como Omar Pérez, José Luis Serrano, Luis Yuseff, José Manuel Mederos, Jamila Medina, Legna Rodríguez Iglesias.

En el 2015 surgió entonces la idea de hacer un disco de producción independiente. Así, en un estudio casero, ubicado en 17 e I y bajo el rótulo de Tancelab, nació Unknown artist: doce canciones que hacen de Oscar Sánchez lo que es hoy y que desde un principio llegan para revelarnos una estética diferente.

“Artista desconocido seré siempre”, asegura. “Unknown artist, ese soy yo. En ese disco hay canciones escritas hace ocho, diez años, con una estética de la que nunca me voy a separar porque son parte de mi carácter, de la actitud que mencionaba. Son canciones que siempre estarán y que tienen un marcado contenido social”.



 

En este fonograma aparecen algunos de los hits del artista: “Pepe Mandarria”, “Canción del cacafuaca”, “La amenaza de la NASA”, “El pega pega”, “Balada del junkie” —entre otros—, los cuales conforman tan solo un pequeño espectro de su propuesta, sobre todo aquella que se alimenta de lo sarcástico, de lo burlesco, del pastiche. Porque en sus canciones la intertextualidad goza de privilegios: el cantautor intercala a su antojo poemas de Omar Pérez, Evelio Francia, Andrés Pérez; sonidos onomatopéyicos, fragmentos de canciones de Inti Santana, o un sample que tomaría del documental Bretón es un bebé, del realizador cubano Arturo Soto, y que formaría el corpus de ese canto (cuasi)ancestral que es Sol y Luna, segundo tema de un álbum posterior: Ojos que te vieron GO, NEVER te verán COMEBACK (2016).

“Hay en ese segundo disco dos canciones que no son de mi autoría: ‘Pajarillo’, de Pedro Luis Ferrer y una versión de ese tango soberbio —escrito por Homero y Virgilio Expósito y versionado a su vez por Adriana Varela— que es ‘Maquillaje’. El resto de los temas son míos y los interpreto junto a Marbis Manzanet, clarinetista, holguinera y directora de Contratiempo, un grupo de música popular”, comenta Oscar Sánchez, quien también escribió “Sin semilla”, canción obligada para quien pretenda adentrarse en la nueva poética oscariana, que habla de otras pulsiones: el amor a destiempo, con frutos secos, sin gestación.



 

A este fonograma pertenece también “Pa´ matar a to´ los vivos”, distante al feeling que recorre el resto de las canciones en el álbum, canciones más pausadas, más volcadas a lo sensitivo: “Todas son resultado de un amor platónico que tuve, de una locura, pero cuando llegó ‘Morí- Viví’, —noveno y último tema del disco—, todo terminó. No he escrito ninguna canción que tenga que ver con ese sentimiento. Eso se me apagó, lo cual no quiere decir que no vuelva a renacer, siempre dejo los proyectos abiertos”.

Porque en el proceso creativo el cantautor holguinero “vive y según suceden las cosas, voy escribiendo. Si no sucede nada, rara vez puedo componer. Siempre trato de agarrarme de mis experiencias, no de la experiencia como vivencia, sino de lo que sentí atravesándola. Me gusta mucho algo que dijo una vez Eddie Vedder, el cantante de Pearl Jam: cuando compones las canciones, ¿dónde estás?, ¿a dónde te llevan? La música siempre te lleva a algún lado. Esa es mi regla: cerrar los ojos y saber dónde estoy, a dónde me fui, hacia dónde me llevó la música”.