Oración pogoloteña para despertar a Sofía

Discutir las razones que llevaron a un jurado de prestigio, a designar con el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2015 a Juan Valdés Paz, no cabría en resumen para habitar esta revista. Sin embargo, si el latín proverbial sentenció bien: mens sana in corpore sano (“mente sana en cuerpo sano”) y resultó atendido por él en los predios de su costumbrista Pogolotti después de una sesión de squash a sus 76 años, no caben dudas: es un intelectual vital —cuestión advertida por el jurado. Como pocos, deportivo— asunto que no escapa al periodismo.

Abandona la raqueta para empuñar el recuerdo. Forman parte de él los hologramas: componer desde la adolescencia a un físico-matemático, a la usanza de filósofos en la antigüedad, para sentirse en la piel de uno tan cierto como Platón. Nada más cómodo para Valdés Paz que mudar la piel de sociólogo perfumado de ingenio y azúcar, para hablar como politólogo, mientras le confía caricias a su mascota, una abuela fiel de casi 90 perrunos años.

Juan es una brasa sincera. Cálido en luces que no proyectan sombras, burla la ancianidad al antojo. Ya lo dejó claro con su práctica atlética. Permitirle pensar en voz alta conduce a una re-entrega del Premio que agracia. Lo escoltan años de escritura e investigación convertidos en libros. Una vida recta al servicio del criterio y la verdad es su oración pogoloteña para despertar a Sofía.

Trabajador de tintorería y comercio, maestro, administrador de un ingenio, académico y docente, ¿cómo se define mejor Juan Valdés Paz en la amalgama que lo constituye?

Sería mejor deslindar la historia laboral de la profesional, sobre todo la relacionada con las ciencias sociales. No necesariamente la una tiene que ver con la otra, pero, efectivamente, como muchas otras personas tuve un origen humilde y fue el advenimiento de la Revolución el que me dio la oportunidad de un mayor desarrollo intelectual y profesional.

Algunas de las responsabilidades laborales que ocupé a lo largo de mi vida favorecieron mi trabajo como científico social más tarde, por ejemplo: haber estado tanto tiempo trabajando en la agricultura benefició mis trabajos agrarios puesto que tenía un conocimiento más profundo del sector, entendía mejor sus procesos, podía identificar de mejor manera sus dinámicas… ya fuera de la agricultura cerré mis dos libros fundamentales sobre ella, sin descuidar que mientras estuve en este sector también hice algunos trabajos que tenían un sesgo sociológico sobre sociología del trabajo, de la educación… siempre utilizando de insumo actividades de la agricultura que conocía y de las que hasta cierta manera era responsable.

Comenzando 1980 pasé a trabajar como un investigador de tiempo completo en el Centro de Estudios sobre América (CEA). Como se trataba entonces de investigaciones sobre América Latina (Centroamérica, Suramérica) y más general sobre el escenario internacional que acompaña a la región, eso me hizo entrar en otro campo de especialidad que eran los estudios internacionales. Mi creciente conocimiento del área por las visitas a estos países, unido a mi relación con personalidades provenientes de Latinoamérica, me fue dotando de otro perfil profesional, en el cual no había pensado.

Sucedió además que en mis últimos años laborales como investigador en el Instituto de Historia de Cuba me acerqué un poco más a la condición de historiador y allí me desempeñé como tal en esa línea. De modo que mi vida laboral ha sido un insumo de formación profesional y mis trabajos.

Cabría otra dimensión que alimenta mi perfil como científico social que ya tiene que ver con mis vocaciones más temáticas o los campos de estudio que han sido más de mi vocación. Ahí se incluye mi vocación de filósofo, una cuestión de adolescente que nunca cuaja, pero que me dio una inclinación muy fuerte a la dimensión teórica de los estudios, y después más en particular, de las ciencias sociales. Me ayudó también mi vocación por el estudio del marxismo como corriente de pensamiento más completa, actual y penetrante en los conflictos y dinámicas sociales.

En mi condición de profesor de la Universidad de La Habana (UH) en el bien recordado Departamento de Filosofía, la docencia también favoreció mis estudios de historia de la filosofía, del pensamiento marxista, etc., lo que significó incursiones en esos campos. Pero, como es propio de un intelectual en tiempos de Revolución, y sobre todo en las condiciones de la Revolución cubana, mi vocación más fuerte ha sido estudiar mi sociedad, el propio desenvolvimiento de Cuba. Eso en dos dimensiones fundamentales: el hecho de que la Revolución Cubana se compromete con un proyecto socialista (lo que lleva una indagación de qué es el socialismo, cuáles son nuestras experiencias, estudios comparados, desafíos) y cómo del proceso revolucionario y socialista cubano ha surgido una cierta sociedad a la cual un científico social cubano está comprometido estudiar; a esa sociedad que ha surgido y va siendo modificada por ese proceso. Entendiendo que eso es una contribución importante a la propia construcción de la nación, al desenvolvimiento del proyecto socialista.

Para mí siempre fue muy impresionante la definición marxista de que lo propio del socialismo, al contrario del capitalismo cuyas dinámicas de desarrollo son el resultado de las fuerzas ciegas del mercado y de la competencia interna al capital, sería la edificación consciente de una nueva sociedad. Pero esa “edificación consciente” supone que conoces exhaustivamente el objeto social sobre el cual quieres producir el cambio. He ahí que me parecía que todos los campos de las ciencias sociales eran un instrumento imprescindible para la gestión de un desarrollo socialista, como input de los procesos de cambio y como retroalimentación de los mismos, en tanto siempre percibí que ellas y mi vocación científico-social encajaba perfectamente con mi compromiso revolucionario y socialista.

En su fecunda producción científico-social en qué texto suyo entrevé la piedra angular de su pensamiento filosófico. Puede referirse igualmente a ese texto canónico en calidad de los aportes que consigue hacer por sobre otros.

No identifico en mi obra un texto que pudiera nombrar canónico, ni siquiera creo que haya producido ese texto hasta el momento. Cada una de mis inquietudes e incursiones produjeron textos: algunos de mayor elaboración, otros un poco más circunstanciados. Pero fueron los temas que traté de enfrentar en ese momento los que produjeron el texto en cuestión.

Ahora si me preguntaras en qué campo centro yo actualmente mis preocupaciones, mi mayor reflexión, donde he producido y quisiera producir los textos de mayor trascendencia, diría que en el campo de la politología, porque por un lado la politología alude al sistema político y casi automáticamente a las políticas, a la toma de decisiones que tienen que ver con el cambio y la conducción de la sociedad cubana. Advierto que es esta zona de la politología la de mayor atraso relativo de las ciencias sociales cubanas. Ahí quisiera hacer una contribución por corresponderse también con los temas de mi mayor vocación actual. De manera que si me fuera posible centraría todo mi tiempo en el estudio del sistema político cubano y sus procesos. Creo que es un aporte humilde pero necesario a las ciencias sociales cubanas y, sin duda, el que más me vincularía con las actuales y venideras generaciones de estudiosos cubanos.

¿Qué caracteriza al pensamiento social y humanista cubano de este siglo bajo la óptica de Juan Valdés Paz? ¿Es producir ciencia para científicos el estado normal de las ciencias sociales cubanas?

La expresión “ciencias sociales” es demasiado vasta. Cuando uno hace una apelación de conjunto puede llegar a ser injusto con uno u otro campo de las mismas. Si tuviera que dar una respuesta “a lo bestia” diría que en su conjunto las ciencias sociales cubanas están menos desarrolladas que otras ramas científicas del país y por tanto mi preocupación con esta pregunta desembocaría en la necesidad de un mayor desarrollo de las ciencias sociales.

Eso rápidamente lleva al examen —que no va a ser objeto de esta entrevista­­— de cuáles son las condiciones y factores que favorecen o no ese mayor desarrollo, cuáles serían las condiciones que estorban. Cuando revisamos los campos de las ciencias sociales de la historia, la economía, la sociología, la antropología, etc., pues advertimos que en algunos campos hay un mejor desarrollo relativo que en otros y que ciertos campos han logrado un mayor o menor impacto social. Lo justo sería hacer un examen individual por área de conocimiento. Si le consultáramos a todos los especialistas ninguno estaría suficientemente conforme con el desarrollo de su campo específico en el país. Lo que es bueno porque es ese grado de insatisfacción disciplinar el que posibilita un mayor desarrollo de las ciencias sociales. Seguro es que todos serán capaces de identificar una serie de factores interpuestos a un mayor impulso de las mismas.

Quizá el primero que señalaría, porque me parece común a todos esos campos, es la dificultad para socializar los resultados de las ciencias sociales: una parte de ellos se engaveta; otra, aunque se logra socializar no conduce a publicaciones; no existen suficientes espacios de debate para que cada uno de esos resultados sea objeto de un examen por algo así como una “comunidad científica”; el acceso de la opinión pública a esas cuestiones es todavía más difícil porque no tienen una presencia suficiente en los medios; y, finalmente, que esos resultados conformen una agenda social que comprometa en algún sentido a los tomadores de decisiones o influya por vía del conocimiento en los decisores, es un camino mucho más aleatorio.

¿Pasará acaso por la desconexión de las áreas de competencia de las ciencias sociales mismas, porque los pensadores aparecen desarticulados en una “comunidad científica”, también atomizada, que pone en peligro el estatuto gremial?

Cuando dices “atomizada” ya sugieres que no es comunidad. Es decir, el hecho de que el conjunto de los trabajadores de las ciencias sociales constituye una comunidad supone nexos, relaciones entre ellos, espacios de convergencia, comunicabilidad, debate, identificación de paradigmas. Todo lo que se ha dicho de las comunidades científicas.

Al interrogarnos acerca del desarrollo de las ciencias sociales, uno de los déficits es que no acabamos de constituir una comunidad de científicos sociales que interactúe, critique, polemice, influya y sobre todo que se trasvasen los conocimiento de un campo a otro...

Al interrogarnos acerca del desarrollo de las ciencias sociales, uno de los déficits es que no acabamos de constituir una comunidad de científicos sociales que interactúe, critique, polemice, influya y sobre todo que se trasvasen los conocimiento de un campo a otro puesto que la preocupación fundamental de las ciencias sociales es, en últimas, un discurso sobre la sociedad, que es una.

Nosotros con nuestras limitaciones para conocer creamos disciplinas pero en la sociedad real no existen esas divisiones entre economía y sociología, entre esta y la antropología, etc. Ella es una totalidad, solo que para facilitarla en su conocimiento la dividimos para su estudio. Algunas de esas disciplinas están respaldadas por otras del sistema de enseñanza, otras no. Por ejemplo, no hay una carrera de Antropología. La carrera misma de Sociología nació, pereció, resucitó. Cada una de las especialidades tuvo una historia peculiar: las Ciencias Políticas no se estudian en la UH, donde son apenas una asignatura. Se imparten, sin embargo, en las escuelas del Partido… también el sistema nacional de enseñanza puede ser un factor de impulso a las distintas disciplinas o no. En suma, la “disciplina” es una convención que epistemológicamente no tiene mucho sentido pero que en la práctica científica se hace necesaria porque permite delimitar objetos de estudio y crear sistemas conceptuales más sofisticados para captarlos, metodologías, prácticas científicas, aguzar todo un mecanismo observacional de los fenómenos, etc. Pero siempre reteniendo que todo eso forma parte de una totalidad. ¿Cómo compensamos lo disciplinar? Creando interdisciplinariedad,  disciplinas transdisciplinares o enfoques sistémicos… acercándonos cada vez más a esa totalidad tan difícil de captar con una sola mirada.

Lo que no logran las ciencias sociales constituir unitariamente se favorece de existir una comunidad científica porque estaría presente el diálogo, las distintas disciplinas se enriquecerían mutuamente en el debate. A título de ejemplo, un economista tiende a hacer un discurso rápidamente sesgado, toma la palabra un sociólogo y pretextará en virtud de las consecuencias sociales de la política pautada por el economista porque no se habla en ella de pobreza, ocupación laboral, movimientos sociales, formación… y un antropólogo suscribiría que no se ha dicho de los patrones de conducta que caracterizan al cubano, de las barreras culturales, de los grupos, de la cultura necesaria para favorecer los movimientos y cambios sociales que se quieren, etc.. “No solamente basta una política cooperativa: hace falta una cultura cooperativa y sujetos cooperativistas”. Un antropólogo pondría ese ejemplo. Entonces una reunión ideal donde esté representada la comunidad y concurran las visiones de todos los científicos sociales, seguramente, nos acercará más a la totalidad social que es la sociedad cubana. Se tomarían con seguridad decisiones más acertadas.

¿Son los problemas de las ciencias sociales constantes históricas para sus estudiosos o se tratan de un campo profesional circunstanciado y dependiente del contexto y las épocas que (las) atraviesan?

La sociedad es histórica. A lo largo de la historia las sociedades se conforman y bajo esas formaciones sociales se incluyen dinámicas, conflictos, estructuras sociales específicas, etc., que tienen que ser estudiadas. Todo lo que tiene que ver con el pasado de las sociedades forma parte de la historia social. Son etapas pasadas de la sociedad pero cuyo estudio nos permite entender las lógicas nuestras y hacer también estudios comparados de las distintas sociedades históricas.

En términos presentes, los científicos sociales en una cierta sociedad que le es contemporánea, en la cual conviven y comparten los fenómenos de su tiempo, como observadores científicos tratan siempre de explicar dichos fenómenos y eventualmente identificar soluciones o evaluar las políticas en curso que tienen que ver con esos fenómenos. Para aquellas tendencias deseables: qué políticas las pueden reforzar; y para las que no: cómo las políticas pueden resolver, subsanar, compensar o bloquearlas.

También los científicos sociales, de cara a la sociedad en que viven, y a las tendencias que observan pueden pronosticar, ser prospectivos. Proponer estrategias que orienten a la sociedad en el sentido más deseable. De manera que como investigador siempre está obligado a una mirada al pasado, al presente y a un futuro que es siempre invisible, pero del cual él observa las tendencias que podrían configurarlo. El científico social debe tener esa triple mirada si quiere sostener su intención de siempre acercarse a un conocimiento de la totalidad.

La intervención en el espacio académico no dista de los problemas de la participación en otros ámbitos sociales, en términos de quiénes toman las decisiones, de qué se decide investigar o publicar… en un terreno además caracterizado por la resistencia, contrariamente a lo que preestablece el discurso formal, ¿cuáles serían las estrategias de convergencia, de capacidad electiva real sobre temas de investigación y sus consecuentes jerarquizaciones?

Hay un problema porque las ciencias sociales son una abstracción. Al final son el output de un proceso del cual participan actores que son los científicos sociales. Ahora, ellos están insertos en la sociedad real donde viven y no solamente en la sociedad sino en ciertas instituciones: científicas, académicas, privadas… y esa inserción en la sociedad, en las respectivas instituciones y en el marco de ciertas políticas y tendencias de pensamiento, de ideas, pues hace que la producción científico-social tenga mayor o menor posibilidades, más o menos resultados, mayor o menor espacio para producir y para que esa producción circule (salga de ese marco y entre a un espacio mayor que los políticos llamamos la esfera pública) y sea objeto de acceso por las distintas instituciones sociales.

La investigación “libre” lleva, por su parte, mucho debate porque en realidad nunca se es totalmente libre como investigador. ¿Yo soy libre porque estoy jubilado y elijo con cierta arbitrariedad sobre qué quiero investigar, pero que si estuviera todavía laborando en una institución respondería a algunas líneas de investigación sobre otras (me podría alejar incluso de mis preferencias)? Eso es cierto en términos prácticos pero nunca se es totalmente libre porque soy hijo también de mis preconcepciones, mis prejuicios, cultura, nivel de información. Asimismo priorizo unos temas sobre otros y no quiere decir que lo haga acertadamente. Cabe, hasta en abstracto, que una institución haga una prioridad mejor que la mía.

El hecho de que el científico social no pueda establecer por sí solo las prioridades porque está inserto en instituciones que también tienen sus objetivos, finalidades, políticas académicas y científicas, no obsta para que el científico pueda hacer una producción valedera y relevante. Aquí entramos en la naturaleza del trabajo del científico. Un investigador puede hacerse cargo de pronto de un tema que no es de su preferencia pero si esa temática la desenvuelve bajo los cánones del trabajo científico: apego a la verdad, metodología suficiente, rigor, contrastación, debate, disposición abierta a mejorar su trabajo, etc., él va a hacer un aporte sustantivo al desarrollo de las ciencias sociales cubanas. Si además puede acercar el trabajo a su preferencia habrá un estímulo adicional, pero sus inclinaciones no son la garantía de que la producción de conocimiento sea idónea si sobre los temas de su preferencia no aplica las mismas exigencias que el trabajo científico tiene para todos los casos.

Uno de los factores que contribuye menos en nuestro país a esa exigencia de rigor, metodológica, es la falta de debate. De haber más intercambio horizontal pues seguramente los foros científicos-sociales se verían obligados a perfeccionar su trabajo, a estar más al día del debate teórico mundial. Siempre estamos expuestos a, si eres un científico social en un país subdesarrollado y relativamente aislado como Cuba, “descubrir el agua tibia”. De manera que el científico siempre tiene que estar inmerso en un proceso de autoformación de sus instrumentos teóricos de trabajo para estar seguro que el abordaje de sus problemas se hará con la profundidad y rigor esperados.

¿Considera usted que profundizando la brecha que separa la producción científica del consumo podamos ubicar una deficiente política científica a nivel institucional en el país?

Hay algunas características de la institucionalidad cubana que favorecen la producción científica y otras que la estorban. No tenemos tiempo para detenernos en eso pero tampoco podemos negar que existen políticas científicas. Encontramos instituciones académicas, un Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) donde también se atiende el desarrollo de las ciencias sociales. Existen políticas científicas para todo eso.

Otro asunto es que si esas políticas científicas son las que pueden garantizar un mayor y más acelerado desarrollo de las ciencias sociales en el país. Nunca ninguna política es capaz de asegurar totalmente el desarrollo. Hay muchos otros factores que concurren, muchas otras resistencias, pero parece una verdad de Perogrullo que mientras más democrática y participativamente se hayan elaborado esas políticas, estas tienen la posibilidad de un mayor alcance y de ser más eficientes.

Ahora, el desarrollo científico de un país, incluido el de las ciencias sociales, no es solamente un tema de políticas. O, dicho de otra manera, las políticas científicas tendrían que considerar muchísimos aspectos, muchos de los cuales no están en las manos de la institución que establece la política científica. Un científico social requiere de una serie de insumos para realizar su trabajo. Algunos son importantes recursos materiales y financieros que, por definición, son limitados. Por la tanto, la política científica del Estado cubano en este caso, tiene que establecer prioridades y al hacerlo habrá sectores del trabajo científico que recibirán una cuota mayor o menor de recursos. A veces los científicos pueden compensar esos déficits con un mayor esfuerzo personal, con la captación de recursos externos, con mayor conectividad, pero eso no siempre es sencillo de lograr.

La limitación de las políticas científicas se verifica también en los recursos humanos cuando no responden estos a una formación completa, cuando no egresan del sistema formativo con las capacidades y las habilidades necesarias, o al menos cuando, enmarcados en un medio que les permita captar esas habilidades, no son capaces de desarrollarlas. ¿Está el científico vocacionado, estimulado a llevar a cabo su formación para producir un aporte socialmente útil más allá de si es bien o mal remunerado? ¿Serán tomadas en cuenta sus contribuciones por decisores que elevarán el importe moral de su pesquisa? Lo que trato de apuntar es que hay un complejo de circunstancias que acompañan la política más general que, suficientemente comprensiva o no, estableció prioridades para unos campos sobre otros, unos temas sobre otros.

A la altura de procesos de cambio urgentes y necesarios para la supervivencia de las conquistas sociales, conviene modificar el modelo económico, ¿qué papel le otorga a corrientes de pensamiento filosófico y social contemporáneo, a las teorías sociopolíticas y sus apropiaciones desde Cuba en la apuesta por el futuro?

Ahí creo que tenemos un desafío importante de las ciencias sociales. En un período como el actual de reformas económicas en curso —llamo la atención de que la palabra “reforma” no es utilizada en ningún momento por el discurso oficial, más bien hay algo como la “actualización del modelo”, que es mucho más extraño de entender y mucho más ideológico— se están implementando de manera mucho más acelerada medidas de cambio y transformadoras que, aunque tratan de paliar con ensayos previos, algunos experimentos, etc. —según se declara en su implementación— dejan a las ciencias sociales completamente rezagadas. Pienso yo que haciendo un aporte muy limitado a ese proceso de cambio. Virtualmente las ciencias sociales apenas comenzarán a desplegarse sobre los resultados de esos procesos de cambio en curso. Ya veremos cuál es la evaluación que surge.

Como la mayor parte de estas transformaciones tiene una intención económica dura, pues seguramente que otras dimensiones de esos cambios no han sido totalmente previstas y entonces ahí será el momento en que las ciencias sociales cubanas tendrán ante sí el desafío de evaluar todas las consecuencias de las políticas en curso.

¿Redundarán estos procesos en una re-estratificación más acentuada de la sociedad cubana?

Desde los años 90 la sociedad cubana se estratifica. Hay estudios hechos al respecto, por suerte la propia Mayra Espina ha hecho aportes muy relevantes y ha advertido sobre la re-estratificación de la sociedad cubana como resultado de las políticas de reforma que comenzaron en esa década. De alguna manera todo el proceso de recuperación, no concluido, sigue generando políticas de reforma y todo lo que se diga acerca de la “actualización del modelo”, o de uno nuevo, dará lugar todavía a mayores cambios en la estructura social. Parece ser el signo de todo eso la re-estratificación. Por tanto, no solo la sociedad cubana se re-estratifica: tendremos que identificar cuáles serían los estratos nuevos de la sociedad, el carácter socio-clasista de ellos, los grupos de intereses concernidos, cómo se va a redistribuir el poder social entre ellos, y eventualmente, el político.

Eso tendrá que ser objeto de estudio, pero es posible ya saber que algo de todo eso va a ocurrir y sería bueno tener alguna preocupación puesto que una de las características de la nación cubana ha sido una lucha denodada por instaurar un patrón de la menor desigualdad posible. Ahora nos movemos hacia un patrón de mayor desigualdad, entonces la pregunta que nos tenemos que hacer es ¿qué pasa con el término menor de la desigualdad? ¿Esa desigualdad qué quiere decir respecto al término inferior de la desigualdad? Ahí empiezan a aparecer los fenómenos de la pobreza, la marginalidad, etc., que deben centrar políticas enérgicas de rectificación al respecto. Es un ejemplo de que las ciencias cubanas tendrían que estar todas acompañando muy de cerca estos procesos de cambio porque de ellos se van a derivar situaciones deseadas y otras no. Y podemos casi asegurar que la sociedad que va a surgir no va a ser necesariamente la que querríamos. Por eso el inventario que tienen que practicar las ciencias sociales a tiempo, y si fuera posible con él, las propuestas para rectificar los fenómenos indeseables aparejados.

En ello vuelve a ponerse en tela de juicio lo que afirmaba al comienzo, no basta que las ciencias sociales trabajen sobre estos temas, que produzcan conocimientos científicos adecuados y útiles sobre estos problemas, es necesario que estos resultados se puedan socializar, entren en un circuito virtuoso que alimente la toma de decisiones. Urge que existan los espacios sociales para debatir y socializar estos resultados. Se ha de enriquecer la opinión pública. Tiene que haber una opinión pública ilustrada con los resultados de las ciencias sociales. Es este quizá, el mejor momento de nuestra historia para que las ciencias sociales tuvieran un lugar privilegiado en el acompañamiento.

Ya, de hecho, al menos como yo advierto, ni siquiera en una reforma que es fundamentalmente económica puedes afirmar que la comunidad de economistas del país está participando de ese proceso, conoce realmente las políticas que se implementan, ni fueron suficientemente consultados. Cuando usted se mueve en la esfera del trabajo de los economistas encuentra muchas insatisfacciones: no tienen el adecuado nivel de información, no están de acuerdo, desconocen el fundamento de las políticas o las medidas tomadas, etc., es decir que, incluso para el campo de los científicos sociales que son economistas, su participación en ese proceso es muy limitada. ¿Cuáles son las posibilidades de incidencia en el proceso si muchos de estos profesionales no aparecen en “las comisiones”?

¿Qué ocurre con la mirada de los investigadores más establecidos, sobre el campo académico y profesional ocupado por el joven pensamiento social cubano?

Como supondrás mi conocimiento de jóvenes investigadores es limitado porque uno según envejece tiende a un diálogo con sus colegas, los cuales también envejecen. Entonces, sin quererlo, no estás en la comunidad de los trabajadores científicos sino en una subcomunidad de viejos trabajadores científicos.

Por suerte para mí conozco a muchos científicos sociales jóvenes y me parece que tenemos un potencial de desarrollo, inteligencia y vocación muy interesante. Esperemos que lo hagan mejor que nosotros. Como todos los temas generacionales, este también resulta confuso porque los investigadores jóvenes que conozco ya tienen 40 años. Si me vas a preguntar por los que tienen menos de 30 ya no me son visibles, no sé en qué trabajan. Es decir, que se va produciendo un cierto alejamiento generacional que los problemas ya mencionados de comunicación y falta de espacios de intercambio agudizan.

En lo que a mi trabajo se refiere lo desenvuelvo ahora pensando en las nuevas generaciones. Tengo una especial obsesión porque lo que voy a indagar, reflexionar y tratar de escribir sea un diálogo con las nuevas generaciones. Es mi intención, aunque probablemente no valga la pena y me ignoren, pero creo que nuestra generación de intelectuales en general y científicos sociales en particular, necesita conscientemente orientar su diálogo hacia las nuevas generaciones porque es donde está el desafío. ¿Cómo le vamos a pasar nuestro conocimiento, compromiso, “el bastón”, por decirlo de alguna manera? ¿Cómo argumentarles en un periodo de crisis que un proyecto de sociedad cubana socialista es más necesaria a la construcción de la nación que cualquier otra?

Si no le damos a nuestro discurso una direccionalidad intencionada hacia las nuevas generaciones, creo que no le vamos a dotar del mínimo de condiciones para poder fundamentar su compromiso con la Revolución Cubana. Estamos hablando de tiempos de transición donde la generación histórica desaparece, de casi seis generaciones políticas actuales: “las tres primeras vivieron mejor que sus padres, la cuarta igual que sus padres, y la quinta y sexta peor que sus padres”, he sintetizado alguna vez. Entonces basta decir eso para saber que los científicos sociales estarían obligados a una mayor intencionalidad en su diálogo con las nuevas generaciones. Para ello el sistema de enseñanza también tendría que estar jugando su papel contra lo cual atenta el empobrecimiento de los claustros. Si las personas de mayor cultura e información en el país no ejercen la docencia en algún grado, ¿cómo recibirá el relevo ese acervo?

Ha preferido para su vida la investigación a la visibilidad periodística: “hacer bien” a “hacerlo saber bien”. No obstante, una prédica que compone la Isla desde muchos saberes no es ya ajena al periodismo y menos a la investigación que deriva de sus hallazgos como cientista social, ¿qué debe tener en cuenta un cronista para pulsar con mayor fidelidad —y sin equívocos— su legado: el desarrollo de las ciencias sociales en general y de las cubanas en particular?

Hay científicos sociales que son buenos escritores y que se les hace cómodo un trabajo más periodístico: la divulgación de su propia obra. Hay otros que tienen más dificultades para comunicar en un lenguaje más coloquial su trabajo. A mí no se me hace fácil escribir. Probablemente yo sea de este segundo grupo que no tiene muchas facilidades para divulgar su trabajo, pero también ahí influyen otros factores como son los medios de comunicación masiva. ¿Los medios de comunicación cubanos te convocan, te publican, te demandan?

Nunca recibo de ningún medio de comunicación cubano ninguna solicitud, de manera que no me esfuerzan. Quizá alguna revista especializada que me pide la reseña sobre un libro. De ahí no paso. No sé si lo haría muy bien o mal pero en realidad siento que no tengo demasiadas habilidades para ello.

Ahora sí, los periodistas todos estarían obligados a leer más, a conocer más las ciencias sociales de su país. Por ejemplo, un periodista preocupado por la problemática de las ciencias sociales en Cuba que no se haya leído los trabajos de las sociólogas Mayra Espina y de María del Carmen Zabala o de otros, qué saben de la sociedad cubana. También está de parte del periodismo su obligación intelectual y cultural de dominar el acervo que ya las ciencias sociales cubanas han producido, lo que sería igualmente ventajoso para las mismas en la búsqueda de una mayor socialización.