Oliver Stone: Snowden y la ciberguerra más peligrosa del mundo

Existe un rasgo marcado que tipifica y aúna las personalidades del cineasta Oliver Stone y el exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) Edward Snowden: ambos dicen lo que piensan y denuncian lo que creen incorrecto sin tapujos, sabiendo los riesgos y las consecuencias, sabiendo que desafían con ello a poderes hegemónicos en su propio país, la mayor potencia del mundo.


Foto: Yander Zamora


Una de las presencias de lujo en la actual edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano es, sin duda, el realizador norteamericano Oliver Stone, quien precisamente estrena en Cuba su más reciente filme, Snowden, el cual relata nueve años en la vida del joven exanalista, recreando no solo el proceso de toma de conciencia del protagonista de la envergadura del sistema de vigilancia estadounidense, y su posterior denuncia, sino también la relación con su novia de toda la vida, Lindsay Mills, arista poco abordada hasta el momento en los materiales dedicados a Snowden.

Sobre el proceso de filmación de la película, comentó Stone: “Fuimos a Múnich a filmar; la CIA y el gobierno norteamericano no nos pusieron ningún obstáculo, pero en lo monetario sí tuvimos dificultades, porque no hubo ninguna productora que nos apoyara. Finalmente, conseguimos una distribuidora pequeña, pero el apoyo fundamental vino de Francia y Alemania. Fue un proceso de mucha cautela para que nadie hackeara la película. Hicimos una encriptación y, en varias ocasiones, utilizamos papel y lápiz para evitar que hackearan el filme del hackeador mayor”.

La película está basada en un libro de The Guardian, pero el sustento fundamental fueron los nueve viajes que hizo el realizador a Rusia para entrevistarse con Edward Snowden. Según comenta el ganador del Oscar por El expreso de medianoche (1978), junto a los recuentos que aquel le hiciera en las nueve entrevistas, también el joven leyó el guion, le hizo cambios y dio varias aclaraciones técnicas. “Cuando la película se terminó se la llevamos a él, la vio y estuvo al tanto en todo momento. Tratamos de ajustarnos a la realidad, aunque hay personajes de ficción y, por supuesto, la NSA no debe estar muy contenta con el filme”, bromeó el director.

El multilaureado realizador ─merecedor de otros dos premios Oscar por Platoon (1986), al mejor director y a la mejor película─ confesó que su obra fílmica tiene un común denominador, y es el análisis subjetivo del tema. “Muchas veces me critican porque dicen que me repito, pero es que reflejo lo que siento y percibo en ese momento. Hago cada personaje desde mi perspectiva, me adapto a él, como sucedió con Snowden, que es muy ensimismado, muy hermético y poco emotivo en su expresión”.


Snowden (2016). ​Foto: Internet


En este sentido, Stone explicó que quiso enfatizar en el personaje de su novia, Lindsay Mills, porque ella era la que lo humanizaba. “Ellos llevan nueve años de relación, y Lindsay ha estado con él en todo momento; lo pone al tanto de la realidad, muestra su parte sentimental y emotiva”.

¿Qué ha pasado luego de las denuncias de Snowden que sacudieron al mundo en su momento? Los responsables de estos hechos se mantienen en sus puestos, ─explica el director─, no les pasa nada y, para prever que algo suceda en un futuro, crean una nueva ley que impida su juicio y condena retroactiva. “Snowden lo dijo y lo repitió hasta la saciedad: se suponía que esto era para combatir el terrorismo, para dar con un sujeto y de ahí apuntarle al centro, donde estuviera. Las cosas que él me contó me aterran, y lo peor es que, desde que lo denunció, todo ha aumentado: los satélites, las antenas, los sistemas de vigilancia, y no hay forma de volver atrás”.

Para Stone, la escena más importante de la película ocurre cuando están en Japón y Snowden no puede instaurar el sistema de seguridad que tenía en Estados Unidos porque las leyes japonesas no lo permitían. “Los Estados Unidos pusieron entonces un malware que puede interferir en los sistemas de Japón si ellos no siguen su política. Lo mismo han hecho en Brasil, en Venezuela, en Siria, en Irán. Cada vez que estiman que un país no está con ellos, hacen una ciberguerra. Dilma (Rousseff) no está fuera del poder por gusto, ellos espiaron y sacaron a colación la corrupción en Petrobras: Dilma es una líder progresista y no responde a los intereses de Estados Unidos, pues vamos a buscar como derrocarla”.

En palabras del realizador de Nacido el cuatro de julio (1989) ─con la cual también ganó el Oscar al mejor director─, todo empezó en 2009 con Obama y un virus que introdujeron en Irán. Se suponía que nunca saldría de allí ni volvería a Estados Unidos o Israel, que fue donde se creó. Este estado de guerra nació para dañar la centrífuga de energía iraní. La idea era que no se pudiera rastrear que el ataque venía de Estados Unidos e Israel, pero luego se descubrió e Irán y otros países reaccionaron ante el suceso. “Se trata de una guerra cibernética, y ya no hay secretos. Esta guerra es la más peligrosa del mundo”.

El experimentado realizador también tuvo palabras para el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, sobre el cual filmó los documentales Comandante, Looking for Fidel y Castro in Winter. “La película Comandante tiene un perfil histórico; se puede ver en YouTube, pero no en los cines, porque fue censurada. Looking for Fidel sí fue puesta en HBO y por la labor tan buena que hizo Fidel contestando las preguntas, no la ponen casi por la TV norteamericana. HBO me encomendó que le hiciera preguntas duras para ponerlo en un aprieto, pero ustedes saben que no es fácil hacerle eso a él”, comentó en el encuentro con la prensa y seguidores de su obra.

“Fidel tenía todo muy claro y veía lo que pasaría en el futuro. En una de sus últimas reflexiones nos preveía precisamente de Obama, que es más inteligente, elegante y carismático que Bush, pero es un completo mentiroso. Para los que lo odiaron Fidel está en el infierno, para los que lo quisieron está en el paraíso; pero para aquellos que lo conocimos su ausencia deja un hueco muy grande y lo vamos a extrañar mucho”.

Finalmente, el cineasta, que destaca por su alto compromiso político y con las causas justas, narró a los presentes el proceso de transformación de un joven conservador a un hombre consiente de los problemas sociales y las acciones imperiales del gobierno de su país: “Las ideas que expreso ahora no tienen nada que ver con lo que pensaba al inicio de ser cineasta. Yo era un joven muy conservador que venía de una familia conservadora y tardé muchos años en abrir los ojos. Ha sido un proceso de madurez, crecimiento y conocimiento, para dar un giro definitivo de 360 grados”.