Odin Teatro: su huella en la otrora villa del espĂ­ritu santo

El recorrido de Odin Teatro por varias ciudades de Cuba ha disparado el interés de los artistas y el público conocedor de la memoria escénica universal. Que una compañía de logros excepcionales haya visitado tantos espacios de la Isla, es una oportunidad justa para sopesar la magnitud de una de las fuentes emanantes del canon del arte escénico.

En la ciudad que el poeta cubano Reinaldo García Blanco suele llamar la otrora Villa del Espíritu Santo, hoy Sancti Spíritus, las actividades del sábado 5 de noviembre dejaron una huella memorable. Todo comenzó con la proyección del documental El país donde los árboles vuelan, en el Centro para las Artes “Serafín Sánchez”. El audiovisual fue presentado por Juan Carlos González Castro, presidente del Consejo de las Artes Escénicas en Sancti Spíritus, y sirvió para ofrecer una imagen consecuente, una revelación de la grandeza de Odin Teatro y de su líder, Eugenio Barba, uno de los principales renovadores del teatro contemporáneo. Sabido es que desde hace medio siglo ha influido en la concepción de la puesta en escena y ha sostenido un colectivo teatral diverso, capaz de erigir un edificio intelectual cuyo centro es el ser humano, al que ha sabido mirar desde un sentido antropológico que es heredad de los mejores modelos del arte.

Para conocer una buena parte del quehacer de esta familia teatral, para saber su historia y celebrar los 50 años que la compañía cumplió en 2014, ha servido apreciar El país donde los árboles vuelan. Se trata de un relato donde la interculturalidad juega a urdir un modo de vida que conduce a la fe en el arte teatral y a la vocación de libertad de Eugenio Barba, ese maestro del arte moderno.


Quasi Orfeo, el actor músico, interpretado por Jan FerslevFotos: Tomadas del sitio web del grupo.
 

En la escena del mismo centro cultural, a las 8 y 30 de la noche, se presentó el espectáculo Quasi Orfeo. Ante un público ávido, el actor Jan Ferslev supo diseñar una puesta en escena en la que la nota sobresaliente fue la mezcla de su maestría de actor y su capacidad como pedagogo. Con sus habilidades musicales y el deseo de enseñar herramientas de trabajo del grupo al que pertenece, Ferslev dejó la huella de un maestro.

Su fábula se tejió en una madeja en la que el hilo conductor presuponía la humildad, el anhelo de mostrarse. El personaje, el actor, buscaba, se esmeraba en el afán se ordenar su forma de trabajo, su lógica creativa. Enunciaba cómo un artista puede hacer de su historia un universo creíble. Cómo el juglar verdadero, el protagonista de Quasi Orfeo, contaba su vida, las obras que hizo en los años 60 —cuando era un músico que colaboraba con Eugenio Barba y sus discípulos—, y también cómo en 1987 pasó a formar parte de un elenco que es referente para la vanguardia teatral.

Jan Ferslev se desplazó en interpretaciones explicativas, ejecutó diversos instrumentos musicales y se apoderó de figuras, como el célebre Bob Dylan, para allanar el camino de la comunicación. Las limitaciones en su dicción en lengua española no fueron obstáculo para que lograra una hermosa empatía con el público. Por eso mismo fue sorprendido varias veces por aplausos que denotaban el goce de quienes eran testigos de la puesta.


Quasi Orfeo, el actor músico, interpretado por Jan Ferslev.
 

Otras ganancias fueron sus cualidades como intérprete, cantor e instrumentista, cuya esencia es la música de los grandes. Las soluciones del actor ante los problemas que ofrece el arte de construir personajes, la densidad referencial del cosmos escénicos, la destreza, la maestría con la que se llega a una configuración estética capaz de responder a las necesidades de la puesta en escena, sirvieron para que el público, a teatro lleno, le ofreciera un gran aplauso de gratitud.

Al finalizar la función, Jan Ferslev valoraba al público espirituano de inteligente, alegre; pero ya antes el público reconocía en él su virtud, su inteligencia, la delicadeza de hacer del espectáculo una clase magistral en la que cuenta su vida en el Odin Teatro. Fue una verdadera lección, un juego donde se diluía la complejidad y se enaltecía la comunicación, fue un homenaje al discurso de un teatro cuyos aportes recorren muchos escenarios de la Isla, y de otras regiones.