Nuestro derecho a la paz y a la vida

Nosotros, hombres y mujeres del Caribe representados por la Asamblea de los Pueblos de nuestra región, hacemos un llamado a la conciencia de todos y todas para enfrentar las consecuencias del cambio climático que amenaza con poner en grave peligro la vida humana en el planeta.


Ilustración: laiguanatv
 

Sin ser los responsables de la situación, los países del Sur, y más aún los pequeños estados insulares, somos quienes enfrentamos las peores consecuencias. Hace pocas semanas hemos sufrido, junto a algunas zonas de América Central y los Estados Unidos, el azote de eventos meteorológicos muy severos que han provocado pérdidas irreparables de vidas e incalculables daños en la infraestructura y la economía de nuestras naciones que incidirán por mucho tiempo en la salud y las condiciones de vida de la población, con especial énfasis en los sectores más vulnerables.

Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, proponemos:

  1. Exigir a los gobiernos colocar la agenda climática como una prioridad en tanto de ello depende la consecución de cualquier otro objetivo, incluso los objetivos de desarrollo sostenible, aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
  2. Exigir a la comunidad internacional, y en especial a las naciones desarrolladas más contaminantes, el cumplimiento de lo pactado en el Acuerdo de Paris y de las metas de disminución de emisiones y otras medidas dispuestas por cada Estado parte, para intentar mantener  los índices de  aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, así como no abandonar los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C.
  3. Reconocer y apoyar el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas de cada país, principio que avala el concepto de deuda ecológica de la cual son acreedores los países pobres y subdesarrollados del sur global, actualmente en situación de mayor vulnerabilidad.
  4. Instar a las naciones desarrolladas al cumplimiento de sus compromisos de financiamiento y a asumir otros nuevos y adicionales que permitan enfrentar con realismo la crisis actual.
  5. Exigir a la comunidad internacional y a las organizaciones internacionales que se garantice, en condiciones ventajosas y flexibles, la transferencia de tecnologías de energía sostenible a los países en desarrollo, así como un acceso más efectivo a los conocimientos relacionadas con estas. Igual tratamiento debe dársele a tecnologías que sustituyan procesos altamente contaminantes.
  6. Exigir a los gobiernos integrar de forma efectiva la adaptación al cambio climático en las estrategias nacionales de desarrollo.
  7. Exigir a los gobiernos la elaboración de planes contra desastres con la participación de la población y que coloque la garantía de los derechos humanos y la preservación de la vida en primer lugar, previendo medidas de contingencia para garantizar servicios de energía eléctrica, agua, atención a la salud, alimentación, comunicaciones y materiales de primera necesidad.
  8. Denunciar los insostenibles patrones de consumo sobre los que funcionan los países capitalistas desarrollados y que son exportados a los países subdesarrollados penetrando sus culturas y agravando su situación.
  9. Rechazar la retirada de EE.UU., uno de los países más contaminantes del mundo, del Acuerdo de París. Refutar el negacionismo de su actual administración, que ha dado carta abierta a proyectos contaminantes que exponen a su población y a la del resto del mundo a los mayores peligros. Rechazar el abandono de que ha sido objeto Puerto Rico, enclave colonial en nuestra área, dejado a su suerte después del paso del huracán María.
  10. Solidarizarnos con todos los Estados insulares que tienen en el cumplimiento de estas propuestas la clave de su subsistencia.

Defendamos nuestro derecho a la paz y a la vida.

ASAMBLEA DE LOS PUEBLOS DEL CARIBE