Daymé Arocena estaba lejos de La Habana mientras la ciudad se convertía por un día, el 30 de abril, en capital mundial del jazz. Aun en su presentación en Japón en el Blue Note Tokyo para celebrar el Día Internacional del Jazz, seguía orbitando alrededor de lo que sucedía del otro lado del hemisferio cuando “se reunieron tantos buenos músicos y dioses”. Ahora, en el lugar donde vive, como afirma durante una conferencia de prensa que acerca todavía más la jornada jazzística de diciembre, en la que se incluye su concierto alrededor de Cubafonía, su último disco, con respecto a este nuevo movimiento del género en el país dice:

“El Día Internacional del Jazz en Cuba fue muy importante, pero creo que el Jazz Plaza anterior resultó un muy buen primer paso para ir conectando a los jazzistas cubanos con lo que está pasando internacionalmente; a veces no se sabe de los músicos que están haciendo guerra fuera de este contexto”. Antes que sus palabras, es su sonrisa —que puede reflejar igualmente un estado natural— la que revela su satisfacción por estos encuentros entre quienes hacen el mundo del jazz: “Ya nos estamos linkiando de nuevo”.


Daymé Arocena. Presentación en Japón.
 

Al diálogo con la prensa llega junto a un maestro, Joaquín Betancourt, quien la dirigió como integrante de la Jazz Band antes que fundara Alami; participara en el proyecto Maqueque de la saxofonista canadiense Jane Bunnet; se integrara a la plataforma Havana Cultura; formara parte del sello independiente Brownswood Recordings, del DJ Gilles Peterson —con el que también produce este tercer álbum—, y se convirtiera en una de las voces más reconocidas de la música cubana contemporánea alrededor del mundo.

De su cercanía a la World Music, que le ofreciera una proyección más espontánea en discos anteriores, con Cubafonía transita a una mayor madurez y complejidad en su trabajo. Los once temas que lo integran son el resultado de la colaboración en el circuito musical entre La Habana, Los Ángeles y Londres, lo que se evidencia también en los arreglos del multi-instrumentista y compositor Miguel Atwood-Ferguson, quien ha estado al lado de nombres desde Ray Charles (1930-2004) hasta Seu Jorge y Marisa Monte.

Aunque sin la presencia de toda la orquestación del álbum, su concierto será un momento único no solo por lo que prepara para desenvolver en vivo esta creación, sino porque, según indicó, podría ser un espacio irrepetible para que el público adquiera su obra.

El Teatro Mella recibirá a la cantante el 16 de diciembre, a las 8:30 pm, justo entre otras dos presentaciones que sucederán en el mismo lugar y horario, los días 13 y 17 del mes, respectivamente: la de Janio Abreu y Aire de Concierto, y la Jazz Band, conducida por Joaquín Betancourt. Mientras en la primera, el joven jazzista recorre por diez años de su carrera,  la segunda mencionada también tiene características especiales al combinar diferentes manifestaciones artísticas como resultado de la integración lograda en el disco Mambazo, el más reciente de la Jazz Band, realizado con el sello Colibrí, el mismo que arrojara a la luz el CD Sueños del pequeño Quín.

“Se van a juntar varias expresiones de la cultura cubana ese día, adelanta Betancourt, la danza, con la presencia del Conjunto Folclórico Nacional y la pintura, pues también habrá una exposición de Nelson Domínguez, Premio Nacional de Artes Plásticas —quien recrea con sus obras este disco— en el vestíbulo del Mella”.

En este momento de conexión entre los músicos del género, no se mira solo al presente o al futuro, sino que también se rescata a quienes han sostenido en sus hombros el jazz cubano. En ese sentido, el concierto de la Jazz Band sigue los pasos por esta escena del baterista Enrique Plá, el contrabajista Jorge Reyes y el pianista Emilio Morales. Igualmente, estarán músicos más jóvenes como Alejandro Falcón, Michel Herera y César López, entre otros. Por ese puente que se ha construido aquí entre esta propia creación y la música popular bailable más conocida, pasará como invitado el cantante Alain Daniel, quien en su última producción ha referido la obra de la jazz band. “Misa Negra”, concebido para la presentación con el maestro Oscar Valdés, será otro hito del espectáculo como tributo a Irakere.

Una vez que el Jazz Plaza vuelve a programarse para principios de año, del 17 al 21 de enero, las jornadas jazzísticas de diciembre, organizadas por el Centro Nacional de la Música Popular, devienen su antesala, una primera parte de este “viaje astral”, como ha dicho Bobby Carcassés, al que conduce el jazz.

Sin dudas, este es un momento nuevo para el género y el espíritu de  la Isla. Aun cuando “las corrientes de la música vayan por otro lado”, la inserción cubana en la escena internacional da cuenta de varias cuestiones: de los modos en que la noches de cualquier ciudad siguen salvando el jazz, de la renovación de la música cubana contemporánea y de lo que se está haciendo por músicos del patio en muchos escenarios del mundo. Desde adentro de este universo recuerda Daymé Arocena: “El jazz es parte de la nuestra cultura. Somos responsables del fenómeno del Latin jazz y del cubop”. Ella también ha dado energía a la explosión más actual. Música vibrante y experimentada ha seguido surgiendo en manos y voces cubanas desde aquellas incursiones de Mario Bauzá, Machito y su Afro-Cubans, y la percusión de Chano Pozo.