¡Frescura… y a bailar! Con esta primicia llega Tablero, abriendo paso a un sonido que se reinventa cada día desde la creatividad de los jóvenes artistas que siguen apostando por la música popular bailable cubana. Y no se trata de mero capricho, sino de la esencia raigal que ha ido construyendo un sonido identitario por más de un siglo.

Surgido del canto empírico oriental, conducido por el llamado del pregón o el quintear del tambor, el son se ha convertido en la expresión del cubano de su tiempo. Lo demostró Arsenio con su Conjunto, renovador arquitecto que patentizó un sonido “macho”, típicamente identificado con el mulato bailador, expresión de fortaleza y cubanía.

Años más tarde, otros dirigen la brújula hacia el escenario universal. Momentos de retroalimentación con acentuaciones y ritmos caribeños como el merengue, la cumbia y sonidos fusionados de rock and roll y jazz, se estructuran sobre el son, acrecentado estudio y exposición virtuosa y desprejuiciada de la raíz sonora afrocubana. De Orishas e Íremes en libertad, a plena luz de auditorio, hacen sonar sus gritos de guerra —“ahí namá”, “camina”— en su cotidianidad urbana. 

Puro esplendor y saturada efusión vio el son, desde sus renovaciones, la última década del milenio. La timba cubana, expresión develadora de un sonido de crisis social —más no musical—, generó un sinfín de exponentes que permearon en medios de comunicación y espacios de presentación un sonido puramente local, marcado por altas competencias musicales en sus protagonistas y creador de paradigmas musicales en futuras generaciones. Justamente, en ese momento, se encuentran los inicios de la nueva oleada de la música popular bailable cubana. Marcados por los estereotipos construidos en la década del noventa, nuevos creadores se suman hoy a la expresión sonera sin ánimos de ruptura, mas sí de continuidad y renovación, así como lo fueron haciendo sus predecesores en esta ya larga historia musical cubana.


Portada de la segunda producción discográfica de la orquesta La Tabla
 

Tablero es un disco de su tiempo. Ante todo, marca la continuidad de una herencia musical fundamentada en el son cubano, enriquecido por expresiones afrocubanas, crónicas urbanas y sentimiento criollo. Su instinto de continuidad se descubre desde la primera escucha, donde prevalecen los recursos patentados desde el formato, las estructuras de los temas, los códigos establecidos para el bailador, así como la fuerza de sus mambos e intención en el llamado que proclaman sus voces. Sin embargo, como novel propuesta, la Orquesta La Tabla en esta, su segunda producción discográfica, inspira una búsqueda por internacionalizar un sonido propio, potenciando aquellos elementos que particularizan nuestro sabor bailable y haciendo de temáticas universales y el diseño de los arreglos, un eslabón medular en la construcción de este sonido. De ahí que escuchemos un acompañar pianístico que cita recursos apegados a la balada o el bolero, con elaborados cuerpos de números a la manera de géneros cancionísticos, utilizando diseños melódicos en los metales que enriquecen este discurso. No será ajena, entonces, la escucha de temas como “Cenicienta”, interpretado junto a su autor Adrián Berazaín; y otros como “El mundo en equilibrio” y “Lo que siento por ti”, de Mauricio Figueiral y Leannelis Cárdenas, respectivamente.

Tema homenaje, sin lugar a dudas, “La Habana te enreda”, fruto de la inspiración cotidiana y empírica del joven Carlos Alberto Domínguez y excusa perfecta para dedicarle un agradecimiento a un sonido cubano pleno: la voz líder de Irakere, el maestro Oscar Valdés, uno de los aciertos históricos de este álbum.

Pero mucho de estos elementos se explican al conocer al gestor protagónico de la Orquesta La Tabla: Yadiel Bolaño. Compositor, arreglista, director musical y bajista, en su visión confluyen amplias experiencias musicales y la certeza absoluta de mantener el legado musical bailable cubano. Desde su juventud, Bolaño se apega al sonero de su tiempo, asume la herencia espiritual que le ha sido dada, la formación que por años consolidó y el propósito que enrumba su camino en estos nuevos tiempos del son cubano. 

Como tablero de adivinación, este volumen fonográfico nos lleva por disímiles caminos sonoros. Apunta al bailador como certero lanzador a su diana, abriendo fronteras y anclando el sonido de nuestra música popular bailable contemporánea.