La foto la tomé en Pinar del Río, durante la Feria del Libro. Una enorme pantalla en la calle por la que desfilaban los más decadentes reguetoneros cubanos. Un grupo de niños bailaba mientras que sus padres no ocultaban su orgullo. Eran más de las doce de la noche. También para esos padres escribo.


Foto: Cortesía del autor
 


Catálogo de reguetoneros, reparteros y otros engendros:
Chacal, El Taiger, Negrito y Coquito, Lobo Kinsjdowar, Harrison, Wildey, El Enviado, Jay Maly, El Micha, Insurrecto, Baby Lores, El Bicho, Yakarta, Osmani García, Señorita Dayana, Dayami La Musa, Damian, Patry Guay, Eddy K, Los Ángeles, El Lenín, El Koky, Tiko, Divan, Pichy, Chocolate, Manu Manu, Myguel, Mr D, Jacob Forewer, Yomil y El Dany, Jorge Yunior y los 4, DJ Andy, El Chulo, Adonis MC, El Pocho, Pipel, SMS, Yorky, La del Orey, El Yuma, El Boris, Marvin Freddy Kayanko.

¿Quiénes financian en Cuba el mal gusto? ¿Quiénes pueden violar con impunidad la Política Cultural Cubana? ¿Quiénes tienen el interés por vulgarizar e idiotizar la sociedad cubana? ¿Dónde estos adquirieron sus evaluaciones como artista? ¿Cuánto consumen del presupuesto estatal? ¿Quiénes además de ellos se benefician con los enjundiosos pagos que las instituciones y empresas culturales realizan y que muchos cuestionan pero parece imposible aparezca quien le ponga freno?

Nadie se afane en responderme, son provocaciones, no preguntas. Duele para quienes hemos destinado una vida a la cultura saber que estamos en poder de corruptos que llenan sus bolsillos en componenda con estos engendros seudoculturales, que se critican a todos los niveles y espacio, pero que cada vez tienen más visualización y presencia. Duele saber que hay agrupaciones de muy alto nivel y prestigio con poco trabajo porque los presupuestos se destinan a esa otra opción, que hay músicos de academia y proyectos muy interesantes esperando por una evaluación que estos otros adquieren con rapidez y facilidad.

Basta saber lo que sucede en la programación de cualquier Centro Cultural de Artex para enterarnos del poder de estos marginales que con máxima impunidad imponen un lenguaje sexista, consumidor, discriminatorio y decadente en todos los sentidos, que a muchos les conviene validar esgrimiendo el equivocado criterio de la libertad y de que estos conectan con las grandes mayorías.

Basta saber cuánto se le paga a un escritor de la vanguardia artística, o a un reconocido trovador, o a un intérprete de primerísima línea y cuánto se le paga a estos otros.

Basta saber que un derecho de autor, el más alto que pueda recibir un escritor cubano, es muy inferior, generalmente, al pago que recibe uno de estos por una presentación en público.

Cada persona tiene derecho a escoger, incluso la frivolidad, la vulgaridad, el mal gusto. Respeto los derechos individuales, pero no que estos sean financiados por el Estado. Cuba ha sido un referente en el mundo por sus evidentes aportes a la cultura universal.

Texto publicado en el perfil de facebook del autor, entrega 23 de la serie Los sucesivos días.