Algunos padres se han acercado para decirle que no les gusta que se publiquen libros para niños con temas complejos. No lo ven bien. Hay libros que matan la imaginación, les matan la infancia, los obligan a ver la parte difícil de la vida. Y no quieren que se les hable de prostitución, homosexualidad, emigración y violencia. Hay padres que quieren que los niños vuelvan una y otra vez a las moralejas de las fábulas, de Esopo, y Lafontaine, por ejemplo. O a los clásicos de siempre: Había una vez, los cuentos de Hans Cristian Andersen, entre otros. Hay quienes prefieren los cuentos didácticos. Otros no soportan un didactismo más.


 
¿Pero cómo hacemos para que nuestros hijos lean? ¿Y qué libros les ponemos en las manos?
Foto: Claustrofobias
 

En Cuba puede encontrarse la Colección 21, coordinada por el escritor Enrique Pérez Díaz; y autores como Eldys Baratute, Mildre Hernández y Luis Cabrera Delgado que tratan temáticas difíciles. En otro lado pueden mencionarse los libros de Rubén Rodríguez, José Manuel Espino, Nersys Felipe, siempre muy tierna, Nelson Simón, entre otros. Esos son cubanos.

La editorial Gente Nueva ha puesto autores de nuestro país y extranjeros en uno y otro bando. Aparecen libros para las cortas edades que recrean cuentos clásicos, historietas y mucho más. Y ponen a consideración de los lectores un mundo de la ciencia ficción. Hay mucha diversidad en lo que se escribe para niños en Cuba hoy. Se reimprimen clásicos como Había una vez, El principito, y nunca son suficientes. La Edad de Oro, por suerte, sigue siendo un libro buscado una y otra vez.

Hace muy poco se puso a circular una edición que trae gran parte de la obra de Excilia Saldaña, entre ellos el muy buscado, La noche. Fue para el verano pasado. Qué lindo hubiera sido que con ese libro se hubiera realizado una estrategia de comunicación con spot, carteles, y más. Todos lo hubiéramos agradecido. Era un libro espectacular para el verano. Estaba impreso. Listo. Pero solo aconteció una triste presentación en un sábado del libro. Los libros para niños nunca alcanzan.  ¿Pero cómo hacemos para que nuestros hijos lean? ¿Y qué libros les ponemos en las manos?

Tomado de: Claustrofobias Promociones Literarias