Desde que los vio cerca de un mes atrás en Edimburgo (Escocia, Reino Unido), entendió que quienes así dominaban la escena, la hacían suya, la devolvían cual hervidero de emociones y contagiaban con tan sana euforia, también se las habían agenciado para transmitir un poder mayor. Al fin y al cabo ese fue uno de los sortilegios que más rápido la conectó: la certeza de que estos bailarines de veras conocían ―como dice el libro de Alice Walker― “el secreto de la alegría”.

Esta es la bitácora de un comienzo. El principio de una historia que trae por estos días a La Habana a la prestigiosa maestra, bailarina y coreógrafa británica Fleur Darkin, directora artística del Scottish Dance Theatre, cuando se vive la segunda fase del Laboratorio Coreográfico de Danza Contemporánea, como parte de un proyecto con vocación de lazo entre su bandera y la nuestra: Islas Creativas.


Fleur, Sonja y Dave en un ensayo de Danza Contemporánea de Cuba. Fotos: Adolfo Izquierdo


Se trata de una iniciativa que ya incluye en su hoja de vida una década de colaboración entre la llamada compañía madre de la danza en la Mayor de las Antillas, Danza Contemporánea de Cuba (DCC), y el British Council, “organización internacional del Reino Unido para las relaciones culturales y educacionales”, que en el 2018 arribará a 20 años de presencia en nuestra nación. Su radio de actuación comprende a más de un centenar de países.

En conferencia de prensa desarrollada en el Teatro Nacional de Cuba ―sede de la compañía danzaria―, bailarines invitados, organizadores y protagonistas de esa alianza cultural actualizaron sobre la agenda y alcance de Islas Creativas, ante una representación de las embajadas del Reino Unido y de Trinidad y Tobago en La Habana.

Minerva Rodríguez, directora para Cuba del British Council, al explicitar la magnitud regional de Islas Creativas, refirió que este año ―por primera vez― la colaboración se extiende más allá de este archipiélago, pues suma el talento de coreógrafos caribeños, gracias al intercambio que sostiene esa organización con instituciones culturales cubanas.

“Es un proceso de creatividad colectiva”, donde ambas partes aportan y todos ganan. Entre otros valores añadidos, permite “mostrar que este intercambio cultural también puede tener un matiz comercial y de sostenibilidad”, alegó Rodríguez.

CÓMO HABITAR EL ESPACIO: LO QUE FLEUR DESCUBRIÓ EN DANZA…

“Creo que lo que vi en la escena (en Edimburgo), y a lo que el público respondía, era a una compañía que tenía un muy buen equilibrio. Porque me parece que la danza a menudo suele ser muy polarizada, en distintos extremos. Pienso que una de las ambiciones de la danza es desafiar a la gravedad, alongarse… elevar el cuerpo, elevar el espíritu. Y en el otro extremo está la danza que viene del interior, viene de nuestras entrañas”, confiesa Darkin.

Y se revela “emocionada y hasta intimidada” de trabajar con una compañía cuyos bailarines poseen la capacidad de ocupar y moverse con elocuencia “en ambos extremos”. Acude a la maestría de DCC “para desarrollar las líneas y esa danza que viene del interior”. Ahí está la razón que llevó a Fleur a convencerse de que estos jóvenes de veras conocen el secreto del que escribió Walker.

Cómo crecerse en cada ensayo, cómo romper las expectativas comunes y suplantarlas por las ansias de volverlos a ver en vivo y cómo aspirar ―con cada salida― a hacer inspirar, figuran cuales efectos naturales de Danza Contemporánea en su routine. Asegura la prestigiosa maestra que sus bailarines consiguen, como pocos, evolucionar en cada ocasión: “tienen una inspiración válida para el momento, e incluso cuando la expresión artística puede tornarse sensual o sexual, no tienen ningún problema para habitar ese espacio, para desarrollarse y ser creativos”.


 

Acerca del montaje de la nueva obra en la que trabaja con la compañía cubana y que ha titulado Equilox, adelantó: “voy a trabajar este territorio en el que la danza es una metáfora adecuada para la vida. Uno trata de encontrar el equilibrio entre los ideales principales, el espíritu, y las necesidades diarias: los odios, las emociones, la vergüenza, en fin, esas necesidades que vienen del interior. Se trata de encontrar ese equilibrio”.

¿Su primera reacción al ver a Danza… en su propia casa? Cuando arribó el lunes quiso, ante todo, ver a la compañía durante su ensayo. “Lo que recibí fue emocionante y fue intimidante. Sentí en ese momento que quizás debía montarme en el avión y regresar”, dice la coreógrafa de Scottish… “no sé (sostiene todavía) qué les voy enseñar a ellos”.

“En ese momento no quise mostrar cómo me sentía realmente. Busqué de inmediato algo que tuviera en común con los bailarines”. Y lo encontró: el coraje tan necesario para desarrollarse ―asevera―  dentro de las artes. Más aún ahora, acierta Darkin, cuando considera que urge mucha valentía “para defender aquello en lo que uno cree y los bailarines son una inspiración para ello”.

Estos jóvenes talentosos de DCC “tienen una ventaja y es que no ponen fachadas, sino que son las personas que son en el momento. (…) Brillantes en todas las formas”. A lo anterior, incorpora otra clave de éxito: cuentan con “una dirección vigorosa y una excelente ética del trabajo. Ese secreto es algo raro de ver, pero no es místico”.

Inquirida por la prensa más tarde, contesta: “se necesita el hambre de crear para poder dejar volar la creatividad. Hay que comer para poder saltar”.

A propósito de esta segunda edición del Laboratorio Coreográfico, Fleur apunta que una de las bendiciones ha sido trabajar con dos coreógrafos de Trinidad y Tobago ―también invitados a La Habana―: Dave Williams y Sonja Dumas. Y se explica mejor: es raro encontrar un proyecto que enseñe y, a la vez, contribuya a un proceso creativo. Toma muchísimo coraje, en cualquiera de las artes y en la coreografía en particular, desempeñarse como tal. Son coreógrafos de extensa experiencia y trabajar con ellos creo que ha sido excelente y beneficioso.

Quien así habla es la misma mujer que mereció el elogio de The Observer, como “una de las coreógrafas más teatrales de la nueva ola británica”; mientras para el New Statesman sus obras despiertan, representan, “formas que vuelven a la vida en el cuerpo”.

DEL CARIBE, POR LA DANZA

Su tercera visita a Cuba es en nombre de esa pasión por la danza. Y si convoca el Caribe, Sonja asiste con satisfacción desmedida. “Yo digo, y siempre es cierto cuando lo digo, que constituye un privilegio trabajar con distintos artistas del Caribe. Nunca me canso de colaborar y de intercambiar con distintos impulsos creativos aquí.

“También es un honor trabajar con Fleur, nunca nos habíamos conocido, pero creo que ella, Dave y yo hemos llegado a un lenguaje de comunicación y de creación en muy poco tiempo. Ahora somos como socios coreográficos”, insiste la trinitaria creadora de Continuum Dance Project, quien además es escritora y directora de audiovisuales, y resultó la primera mujer ganadora del laboratorio Caribe en creación. Este último, desarrollado por el gobierno de Francia.

Y punto y seguido detiene sus energías en “la compañía de danza insigne” en el país antillano: “es fenomenal, tanto desde el punto de vista técnico como de su actitud. Un grupo excelente de jóvenes que tienen un increíble talento, un increíble don para el mundo.

“Espero que esto continúe, que tengamos la oportunidad de fertilizar las ideas y de intercambiar (más) dentro del Caribe”, alentó.

Dave aprovecha entonces para ofrecer sus valoraciones sobre el calado de este arte hoy y de su capítulo con el actual proyecto en Cuba: “la danza en los tiempos actuales, en los que parece que el mundo se está separando, se ha hecho más importante”, como también lo es que “encontremos un lenguaje universal. Y ha quedado mucho más claro cómo la danza encaja en este lenguaje universal y la importancia de intercambios como este”.

Williams atesora siete Premios Cacique en Trinidad y Tobago, y ha bailado en muchos de los más prestigiosos escenarios del orbe.

LA VERDAD EN LA VIDA Y LA VERDAD EN LA ESCENA

Como buen anfitrión, el maestro Miguel Iglesias, director de Danza Contemporánea de Cuba, espera su turno a la palabra y agradece los elogios, el apoyo, el acompañamiento. Resume que “para la compañía ha sido vital esta experiencia”.

A partir del año 2000 ―rememora― gracias a que él escuchó, en primera instancia, el consejo del maestro Franco Bolletta, director asistente para la Danza del teatro italiano La Fenice, en torno a que debía internacionalizar el repertorio de la DCC, “no solo con coreógrafos cubanos, sino de todas las latitudes”. Si bien el material humano de la compañía ―los bailarines― seguía siendo cubano, la coreografía se abría así a la creatividad y a los públicos de cualquier parte. En este sentido, enfatiza el director del destacado conjunto danzario cubano que British Council ha tenido un rol “de soporte, ha sido un compañero”.

“Nosotros empezamos a introducirnos en el mundo británico con El Tocororo, de Carlos Acosta, y a partir de ahí empezamos un diálogo con la audiencia inglesa, que nos recibió muy abiertamente”, comenta.

A esa, sobrevinieron otras giras por la geografía británica y nuevos pasos para consolidar una relación con domicilio en Islas Creativas. Entre los resultados que repasa, hace un paréntesis en el Premio TMA de la crítica británica, merecido por sus bailarines gracias a la “vibrante actuación” y en especial a Mambo 3 XXI, comisionado por Dance Consortium.

Recorre años de sueños, de desvelos… y subraya: “la danza contemporánea, como el teatro contemporáneo, no solo es un pensamiento. Es un entrenamiento”.

Fundada el 25 de septiembre de 1959 como Conjunto de Danza Moderna (hasta 1987 cuando adquirió el nombre con que hoy se le conoce), Danza Contemporánea de Cuba deviene ―según Jorge Brooks Gremps― por su eclecticismo, “una de las compañías más universales en el panorama danzario mundial”.

Redirigiendo la mirada a su compañía y a lo que pretende lograr, el maestro Iglesias concluye: este es un laboratorio constante. Buscamos algo que ayude a los muchachos a encontrar la verdad en la vida y la verdad en la escena.