Octubre volvió a convidar a la remembranza desde la ciudad de Bayamo, sitio donde se acrisoló lo más genuino de las tradiciones patrias. Como ya es tradicional desde 1994, durante cuatro intensas jornadas se agasajó allí,  a través del arte,  a las esencias y a esa cubanía orgullosamente conquistada por la sangre de los padres fundadores de la nación, quienes vieron en esta urbe oriental el soporte y el sostén para sus ideales de justicia.


Del 17 al 20 de este mes,  abrió sus puertas la fiesta más cubanísima en Bayamo.
Fotos: Armando Ernesto Contreras Tamayo.
 

Una vez más desde Bayamo se centró la mirada en aquellos rasgos, contextos y razones  que nos distinguen,  cuando del 17 al 20 de este mes,  abrió sus puertas la fiesta más cubanísima que honra a la cultura nacional. Colmada de alusiones a la génesis de la nación y a la forja de la identidad cubana, comenzó el convite.

Y es que, como expresara el Ministro de Cultura Abel Prieto, en declaraciones a la prensa,  tras presidir uno de los momentos más relevantes del jolgorio, existe una simbiosis indisoluble entre la cultura nacional y la lucha por la independencia del país.

No por casualidad el Día de la Cultura Cubana se instituyó el 20 de octubre, porque en igual fecha, pero de 1868, los bayameses y patriotas que habían tomado la ciudad, entonaron, por vez primera, la letra de la pieza que devino Himno Nacional, recordó el prestigioso intelectual cubano.

Entonces, la Fiesta de la Cubanía volvió a convertirse en hilo conductor para reafirmar que es preciso saber de dónde vienes para comprender hacia dónde vas, precepto defendido por intelectuales como el periodista y crítico musical Guille Vilar, el historiador Eduardo Torres Cuevas, director de la Bibioteca Nacional José Martí; y Ludín Fonseca, historiador de Bayamo, en conferencias y el evento teórico Crisol de la Nacionalidad Cubana.

En su XXIII edición el encuentro celebró el aniversario 220 del natalicio del patriota José Antonio Saco, el cumpleaños 45 del Movimiento de la Nueva Trova y agasajó a  la rumba cubana, inscrita en 2016,  en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

A tono con esas motivaciones y en defensa de las raíces musicales y danzarias de la Isla, confluyeron en la urbe reconocidas figuras y colectivos del pentagrama y la escena nacional como Marta Campos, Pepe Ordaz, Augusto Blanca, Raúl Paz, Polito Ibáñez, Lynn Milanés,  Isaac Delgado, el Conjunto Folclórico Nacional y la compañía músico-danzaria Rumbatá, entre otros.

Varios momentos se ubicaron entre los platos fuertes del convite, entre ellos, la exhibición, para dejar inaugurada la Fiesta,  de la guitarra original de Sindo Garay, uno de los principales exponentes de la trova tradicional en el país y autor de la emblemática canción Mujer Bayamesa.

También en esta edición quedó inaugurada la exposición personal Jinete de Luz, del Premio Nacional de Artes Plásticas Nelson Domínguez y dedicada al líder de la Revolución Cubana Fidel Castro; así como la muestra Julián, del pintor Kamyl Bullaudy, dedicada al Apostol José Martí.

Como parte del intercambio  se presentó, además, la novela El Camino de la desobediencia, la primera novela sobre la vida y obra del prócer Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria y escrita por el bayamés Evelio Traba.

En la Fiesta quedó develada, ante el monumento a Rosa la bayamesa, creado en esta localidad por el escultor Alberto Lescay, una tarja conmemorativa en homenaje a esa valiente mujer mambisa, y en el único Museo de Cera de la ínsula se añadió a la colección la figura de la cantautora Sara González, fundadora del Movimiento de la Nueva Trova.

Momento cumbre de esa concurrida cita de las artes y los debates históricos,  devino la gala de rememoración con motivo del aniversario 149 del estreno popular de la marcha guerrera La Bayamesa, devenida Himno Nacional.

Justo en el escenario del suceso, tuvo lugar la evocación que contó con las interpretaciones, entre otros, de los actores  Corina Mestre y Alden Knight; el solista Mundito González; el trovador Augusto Blanca, el Ballet Folclórico Nacional; el conjunto danzario Rumbatá, de Camagüey; la compañía Codanza,  de Holguín; y reconocidos artistas de la provincia de Granma.

En medio del ambiente colonial que aún acompaña a la histórica Plaza del Himno tuvo lugar la gala, con la dirección artística de la actriz y dramaturga Mirelis Echenique y bajo el título Cuba cubana.

Al pronunciar las palabras centrales de la evocación Luis Morlotte, vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), recordó que en el año 1848, dos décadas antes del Grito de Independencia, publicó Saco su principal obra contra el anexionismo, donde expresa:

“Desearía que Cuba no solo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese también Cuba cubana y no anglosajona”.

Sus palabras sirvieron de hilo conductor para evocar, desde el arte, aquella jornada del 20 de octubre de 1868, cuando se escucharon por vez primera los acordes de esa canción sublime, que a casi siglo y medio de creada, sigue convidando al combate y que ha sembrado en el corazón de sus hijos la convicción de que morir por la Patria, es vivir.

En la ocasión el órgano oriental fue reconocido con la condición de Patrimonio Cultural de la Nación, y se estrenó un animado audiovisual, producido por los Estudios Anima, del vecino territorio holguinero, que recrea la creación de la marcha independentista.  

Por su dimensión simbólica La Fiesta de la Cubanía se consolida como uno de los principales eventos en el país por el Día de la Cultura Cubana. La madurez de este foro, en el cual confluyen todas las artes, y se reflexionó en torno a la génesis de la nación y la forja de la identidad nacional, fue reconocida por varios intelectuales invitados al convite.

Para el ministro Abel Prieto, la Fiesta se consolida como un evento de referencia para la reflexión, la participación, el análisis, el disfrute de los procesos culturales, y el acercamiento a símbolos esenciales de la nación.

En la guerra de símbolos que nos acecha, este evento también se erige como una trinchera de la cultura de la resistencia y de la defensa de las tradiciones patrias, resaltó.   

Una vez más la Fiesta devino abrazo perfecto entre arte y patriotismo, espacio de reafirmación de las tradiciones más genuinas de la identidad de nuestra nación, y oda a las esencias que nos hacen sentir orgullosos de ser cubanos.  

Especial de la ACN para La Jiribilla