Quién se lo hubiera imaginado, diría un escritor cubano, que vive en Cuba, que siempre rechazaba el poder de Internet. A él aquello de conectarse a la red le parecía un juego de muchachos, nada de ejercicio intelectual. Era perder el tiempo, había que aprovechar leyendo un periódico, una revista o un libro, siempre impreso, claro.

Un posible encuentro con críticos, investigadores, bibliotecas…

Este escritor es uno de los tantos autores cubanos que en 2017 entraron a las redes sociales y comenzaron a conocer algunas herramientas. Tal vez porque le comentaron experiencias positivas, y sintió que las estaba desaprovechando: podía conectarse con un crítico, una editorial, un investigador que lo andaba buscando y no tenía la mínima ficha de su trabajo más reciente. Además, las revistas impresas ya no llegaban a ninguna parte de la isla y mucho menos a distantes latitudes. Las referencias en las publicaciones periódicas eran casi nulas.

Los escritores lo han ido reconociendo, entrar en Internet es una herramienta que permite llegar a bibliotecas digitales en muchas partes del mundo. Ahora el nombre de aquel escritor y otros tantos está en los buscadores en diversos catálogos de librerías y bibliotecas del mundo, incluida la Biblioteca Nacional José Martí, por cierto.

Compartir, replicar, y etiquetar contenidos literarios…

No tengo la cifra exacta, pero sí he navegado un poco y he descubierto a algunos que jamás pensé encontrarme. Y se incorporan más de diferentes generaciones. Al principio eran solo los más jóvenes, pero ya ha entrado allí un buen grupo de distintas edades para socializar sus contenidos, presentaciones de libros, fragmentos de sus obras, invitaciones a eventos y crear grupos afines.

Desde aquí podemos descubrir cubiertas de libros, anuncios de revistas, los ganadores de tal o cual concurso con mayor inmediatez, o se convierten en noticias que jamás vemos publicadas en ningún medio de prensa. Desde aquí se comparten, etiquetan, y replican informaciones de publicaciones en blogs y portales institucionales o personales. Se hablan de publicaciones y descargas gratis, de libros y revistas digitales hechos en Cuba.
 

Cartel de promoción digital del proyecto Claustrofobias
 

Feria del Libro de La Habana a la vista…

Algunos siguen resistiéndose. Pero les durará poco. Querrán ver un video, una galería de fotos, un audio, un tráiler. Todo se transforma de inmediato y camina por las diversas redes sociales. 

Inevitablemente el escritor cubano del que les hablo, junto a otros colegas suyos van aceptando el cambio, sobre todo porque amigos de otros países los obligan, los presionan. Les hacen ver la necesidad de lo digital. 

Hace algún tiempo parecía una utopía. Y es cierto que aún sigue siendo muy costoso, sobre todo si hablamos de escritores cubanos, pero ya muchos van interiorizando la importancia de comunicarse en esta plataforma. Y llegan. Abren su perfil y ponen su nombre.  

Ahora que comienza el año 2018 el escritor del que les hablo está conectado, tiene su perfil en Facebook y dedica tiempo a sus actualizaciones. Claro, quien lo prueba, lo sabe. Ni siquiera lo dice. Le avergüenza su lento aprendizaje. La Feria del libro en Cuba está por comenzar.