Alimentar la creatividad de niños y jóvenes, visibilizarla más en los medios de comunicación y aprovecharla para darle vida a nuevos proyectos, son cauces ineludibles para que Leer a Martí desemboque en concurso de redescubrimiento y de esfuerzos. Para que trascienda a la convocatoria o a las letras ganadoras. Para que sea ejercicio cotidiano y necesidad.

Fue ese el denominador común de las voces que intervinieron este miércoles en la sede del Centro de Estudios Martianos, a propósito de que se dieran a conocer los ganadores de la decimonovena edición del certamen.


Dibujo de Idelis Vázquez Pérez, 7 años, Granma. Concurso Nacional De donde crece la palma


Cuatro resultan los niveles que premia ese concurso a escala de país —el cimero del Programa Nacional de Promoción de la Lectura (PNPL) en Cuba—, y se corresponden con las enseñanzas primaria, secundaria, media y universitaria, en el respectivo orden.

Por el número de obras laureadas, el tercer nivel (comprende a los institutos tecnológicos y preuniversitarios) se agenció el protagonismo, con nueve premios; dos más que los obtenidos por la enseñanza primaria. En tanto, los participantes de secundaria básica y de la universidad lograron igual cifra de galardones, con tres para cada uno.

La enseñanza especial, que no hace distinciones por grados, se alzó con dos títulos vencedores, merecidos por los estudiantes Alberto Frómeta Faure (8vo., Guantánamo) y Osdalgia Márquez Cala (6to., Santiago de Cuba).  

Aparte del Leer a Martí, se entrega un premio por nivel, con el nombre de personalidades de obligatoria referencia por su estudio de la obra e impronta martianas: Hortensia Pichardo, María Josefa Vidaurreta, Fernando Portuondo y Gonzalo de Quesada y Miranda.

La MSc. Margarita Bellas Vilariño, subdirectora para la Atención al Sistema de Bibliotecas Públicas en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNJM), recordó que esta institución es la rectora en el país del PNPL. Añadió que el concurso en cuestión transita por tres etapas de premiación (municipio, provincia y nación), y junto a los premios Puertas de Espejo, Raúl Ferrer y Salvador Bueno, se inscribe entre las acciones más significativas de ese Programa.

Este último tiene la promoción de la lectura como desvelo y “en la actualidad es un proyecto en constante construcción, flexible y participativo” que involucra a una exhaustiva lista de actores y gestores, dijo Bellas Vilariño quien preside además la Asociación Cubana de Bibliotecarios (Ascubi).

Mientras, el Máster Miguel Viciedo Valdés —especialista principal del Área Metodológica en la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena (de la Oficina del Historiador de la Ciudad) e integrante del jurado— se adentró en los temas más recurrentes en los títulos presentados en el 2016 y la evolución de los más jóvenes en su aproximación martiana, con la imaginación como recurso de propuestas que ganan madurez. Para los autores y la historia de estos eventos.

Viciedo, también vicepresidente de la Ascubi, destacó que al ánimo inicial de la masividad en la participación lo ha ido superando la actual búsqueda de la calidad, lo que justifica la disminución de obras en competencia en las últimas ediciones. La presencia universitaria, en cambio, dista mucho de los números que se esperan, si bien en el aspecto cualitativo alcanzan gran cota. Significó, asimismo, que el certamen se conecta con las metas actuales de la Asociación y de otras entidades análogas en el continente, en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, sobre todo en materia de mayor calidad educacional y accesibilidad a la información. 

“Hay que vivir el concurso”, provocó —por su parte— el miembro del jurado, Carlos Manuel Marchante. Y observó: estamos sembrando futuro, pero tenemos que sembrar ahora para cosechar mañana. Abundó en la participación por provincias, que hoy no es proporcional y pide —por tanto— el equilibrio por respuesta y termómetro, y en un mayor despliegue promocional.

Sobre ese particular, Marchante refirió la oportunidad de que las obras vencedoras puedan servir de insumo a guionistas de televisión y, con ello, ayuden a construir otra imagen de un Martí más cercano a nuestros niños, adolescentes y jóvenes; un Martí visto desde la perspectiva de quienes hoy lo (d)escriben para un concurso y mañana se (pre)ocuparán porque otras generaciones lo lean y lo multipliquen. De modo que con cada cuartilla que llega a sus manos —asegura— “el jurado no trabaja, el jurado disfruta”.

La esencia está en repeler que las energías se diluyan con acciones separadas y esporádicas; la esencia está en intencionar un esfuerzo común que responda a la articulación de organismos, centros e instituciones. Esa es la lectura que deja el espacio, de acuerdo con la especialista de Comunicación de la BNJM, Ana Margarita Bestard Echevarría.    

Cuando corre la convocatoria para la edición 20 —abierta desde el pasado 28 de enero y disponible en la web oficial de la Biblioteca Nacional—, se activan también nuevos desafíos. Y la realidad pide entonces LEER, con ojos contemporáneos, a un Martí universal siempre. Leerlo, de verdad y con el alma.