¿Sería utópico pensar que a una agrupación teatral de provincia se le conceda una sede y, pocos meses después de inaugurada, se le remodele para que funcione como un complejo cultural, notoriamente centrado en propiciar un espacio con un diseño de acuerdo a los cánones posmodernos de confluencias artísticas? Existen casos más que conocidos en algunas provincias. En otro momento parecería cosa de ensueño, pero ahora es un hecho. A Sancti Spíritus le ha sonreído la dicha: Cabotín Teatro, fundado en junio de 2005, de la mano de su director Laudel De Jesús, ha sido en la palestra teatral espirituana un conjunto colmado de retos cumplidos, y es a priori el favorecido.

La agrupación de carácter profesional, cuya sede es La casa del teatro —ubicada en el corazón del Boulevard espirituano—, arriba a sus 12 años de labor, y lo hace con un perfilado repertorio que pone a la vista temáticas del  hombre cubano, a partir de textos fundamentales del teatro contemporáneo de la Isla, firmados por dramaturgos esenciales como Amado del Pino, Ulises Rodríguez Febles, Nicolás Dorr y Norge Espinosa. Además, se distingue por un modo particular de hacer el teatro de calle, con espectáculos de exquisita  estética centrados en la defensa de la historia, las leyendas y las tradiciones locales. Pienso ahora en La Mano del Negro y El diablo rojo, por citar solo algunos.

Por si fuera poco, estos cabotines también asumen el desafío de brindar un bar-café con aristas totalmente novedosas para nuestra urbe. Y digo novedosas no solo porque resulte atractiva su propuesta visual. El Pícaro Burlado, que es como se llama este espacio, estará naturalmente en función  de satisfacer; mas a priori su objetivo fundamental es cambiar el panorama cultural y recreativo de la ciudad espirituana, ahogada en el conservadurismo y el simplismo al crear ofertas culturales. Sin embargo, por un momento me pongo del lado del público más abrasivo, al cual escucho expresar: “¿otro café?”. En realidad es un Café, pero no es “otro” más. Los cafés culturales abundan en las ciudades de Latinoamérica, y propician la promoción y las presentaciones del arte de vanguardia. Son espacios comunes en muchas ciudades de nuestro país, siendo entidades artísticas como Cabotín Teatro las que manejan sus ofertas culturales. Si bien en Sancti Spíritus ya hubo un antecedente que se aproximó al concepto (antiguo Café Teatro, a un costado del Teatro Principal de la ciudad), su buen camino fue segado por visiones estrechas a lo que allí se gestaba, convirtiéndose luego en más de lo mismo y, ahora sí, en “otro” café.

A este picaresco lugar que propone Cabotín, no le faltan características para triunfar. Desde su comienzo, el arrendador Fernando Matienzo estuvo identificado con la idea, siendo, felizmente, para el arte y la cultura local, mano aliada y no puño impositor. El bar-café El Pícaro Burlado dispondrá de una parrilla programática, con espacios para las presentaciones en vivo, artes visuales, puestas en escena, peñas musicales, foros de debate, eventos intelectuales y actuaciones de artistas laureados.

De manera ineluctable, la sede de Cabotín Teatro, ahora con un bar-café  como elemento adicional, entra a la escena cultural nuestra con un  enfoque contrario a otros sitios; y su principal distintivo es el de ser una propuesta donde la estrella sea el arte y no el alcohol. En este sentido, El Pícaro… tendrá una variada oferta gastronómica que, lógicamente, incluirá bebidas alcohólicas, aunque no será esta la protagonista; como en varias de las instalaciones de la capital provincial, que disponen de muy buena infraestructura, pero su programa cultural es pobre o nulo, y no promocionan ningún valor identitario de nuestro modelo de país.

Ciertamente, de presupuestos no se cimenta el mundo; Cabotín, su líder y todos los que conforman este equipo, tienen un gran desafío: demostrar que este espacio es viable e imprescindible en  nuestro contexto. “La función del arte es edificar”, aseguraba Sigmund Freud; por lo que este recién inaugurado café cultural constituye hoy el primer ladrillo para estimular un ambicioso proyecto de evolución didáctica, sin perder su naturaleza fundamental, que es la de recrear al público. Una empresa guiada por estos cabotines y pícaros sin burlas, con una ambición en común: establecer un puente entre arte, cultura y recreación.