El más reciente tiroteo mortal en una escuela en Florida, vuelve a conmover a la gente que sabe, bien que lo sabe, impotente, que este no será ni de lejos el último, sino que habrá más, desgraciadamente muchos más.


 

Los 17 adolescentes asesinados en unos pocos minutos, y los 15 heridos, las tantas y tantas familias enlutadas a la vez, no serán suficientes para que quienes de veras pueden hacer algo por detener esa epidemia sangrienta, lo hagan. Y nada harán, en principio, porque no les importa.

Ahora dicen que el asesino, Nikolás Cruz, no tenía antecedentes, pero eso no es más que una verdad a medias, pues lo cierto es que hace apenas un año, en febrero de 2016, Cruz compró en una tienda de Florida, por sí mismo y de manera legal, el rifle semiautomático AR-15 con el cual acaba de realizar la matanza, y sus compañeros de clase conocían de sus alardes frecuentes en las redes sociales sobre la cantidad de armas que ya poseía. El AR-15 es la misma arma que muchos otros criminales han usado en hechos similares. La tragedia estaba anunciada desde entonces, lo demás era solo cuestión de tiempo.

El Nuevo Herald, que nunca se queda atrás, se atreve a publicar en su portada hoy que: “La constante exposición a la cobertura sobre el tiroteo (…) dispara la ansiedad y el miedo entre los jóvenes y niños del sur de la Florida.” ¡Cuanta preocupación, el día después!

Nótese que el redactor, que se supone intenta calmar la ansiedad de los jóvenes, no encuentra en su noble empeño nada mejor que volver a usar la palabra “dispara”, pues su vocabulario, por hábito o por deformación profesional, está reducido y limitado a metáforas semejantes.

Y ni hablar de que ese mismo medio de prensa es uno de los que desde siempre han llenado sus planas y los bolsillos de sus dueños con las coberturas de sucesos como este. De pronto resulta que lo que atemoriza a los escolares son las noticias, y no la constatación de la posibilidad real, en carne y hueso, de que el hecho se repita, una y otra vez.

El presidente Trump publicó su primera reacción al suceso en Twitter: “So many signs that the Florida shooter was mentally disturbed”. O sea, no hay mucho de lo que preocuparse, según él solo se trataba de un perturbado mental. Ya se puede pasar la página. Caso cerrado.

De ser cierto, era un perturbado mental con un mortífero AR-15 entre las manos, que lo pudo comprar un buen día, legalmente, sin que nada se lo impidiera, a la salida de la escuela, por más desequilibrado que estuviera.

Algo huele mal en el asunto. Quizá Nikolás Cruz no sea el único, ni el verdadero, ni el más grave perturbado mental.