“El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico.

La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente

que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea”

José Martí

En honor al Movimiento por la Lengua Bengalí, ocurrido en Bangladés (entonces llamado Pakistán Oriental) para defender el reconocimiento del idioma bengalí como lengua oficial de Pakistán, ya que solo se reconocía el urdú como única lengua nacional, el 21 de febrero se conmemora el Día internacional de la lengua materna. Este día fue instituido por la Unesco para evocar la protesta organizada, en igual fecha, pero en 1952, por estudiantes de la Universidad de Daca, en defensa de sus derechos lingüísticos, manifestación que, incluso, ocasionó pérdida de vidas humanas; y se celebra para promover la diversidad lingüística y cultural.


La lengua materna o primera lengua es aquella que aprendemos al nacer,
por medio de nuestros padres, familiares o tutores. Foto: Internet
 

La lengua materna o primera lengua es aquella que aprendemos al nacer, por medio de nuestros padres, familiares o tutores. Este término, comúnmente, se usa en oposición a lengua extranjera o segunda lengua. La adecuada aprehensión de nuestro idioma nativo es de vital importancia, ya que es una herramienta natural de comunicación y contribuye, sobremanera, aunque muchos no lo crean, a nuestro aprendizaje posterior, principalmente el de segundas lenguas.

El ser humano, durante su proceso evolutivo y con el desarrollo del trabajo, comenzó a sentir la necesidad de comunicarse. Para ello, creó el lenguaje, conjunto de sonidos y signos que nos permite comunicarnos entre sí y manifestar nuestros sentimientos y pensamientos.

Está estrechamente vinculada con el contexto cultural y la función social; es por ello que los hechos lingüísticos no deben analizarse al margen de la situación contextual. En este sentido, juega un papel importante la noción de estilo, registro o norma, que hace referencia a las variantes sociolingüísticas que condicionan la situación comunicativa: culta, popular o coloquial y vulgar.

La norma culta es considerada la más prestigiosa y empleada por personas de alto nivel cultural; se rige por la formalidad. El estilo coloquial es el más utilizado. Se muestra en un lenguaje corriente, despojado de formalismo. Es cotidiano, espontáneo e interactivo. No se debe confundir con la lengua vulgar, normalmente asociada con grupos socioeconómicos bajos, aunque, en la actualidad, al menos en Cuba, se relaciona más con bajos niveles de instrucción. Incluso, se habla de un lenguaje delincuencial, que se dice que es casi ininteligible para las personas que no pertenecen a este grupo. Tales estilos no son normas rígidas; los hablantes pueden emplear uno u otro según el interlocutor y el contexto comunicativo.

La norma culta, en el lenguaje escrito, se manifiesta y concreta en textos académicos (científicos, técnicos o especializados), “por la necesidad que entraña la ciencia de ser respaldada con fuentes”.[1] Las lenguas especializadas se caracterizan por compartir una terminología común, solo completamente entendida por las personas que pertenecen a ese ámbito. Son un vehículo de transmisión, socialización y, en cierto modo, validación, de los resultados de la ciencia y la técnica.

Aunque parezca proeza de titanes, una correcta redacción, en aras de lograr la eficacia comunicativa, es posible si prestamos atención y nos preocupamos por cultivar diariamente esa lengua que es símbolo de nuestra identidad cultural, nos define y nos une.

Nota:

[1]Irma Castillo Pereira: “Acerca del lenguaje científico-técnico. Sus características y clasificación”, p. 4, enfiles.sld.cu/traducciones/files/2015/09/2-lenguaje-cientifico-tecnico.pdf