“Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé”, que siempre habrá que apelar al verso de Vallejo para resumirlo en palabras, lo demás es sentimiento. Y sólo quien haya conocido la depresión que provocan las pérdidas, sabe la infinitud de su impacto en la vida de los seres sensibles. De otra manera no se explica la elección de la muerte.

En nombre de la familia, agradezco a todas las personas de buen corazón que alivian nuestro dolor al acompañarlo con sus mensajes de condolencia, junto al  testimonio del afecto, respeto y admiración que les inspiran la relevante labor científica y las cualidades humanas que siempre distinguieron a Fidelito, como de manera cariñosa conoció y nombraba todo nuestro pueblo, a aquel niño que un día inolvidable de enero, entró a La Habana en brazos de su padre y se transformó en un científico respetado mundialmente.