Hay privilegios únicos, y uno de los que me ha tocado, por suerte, es vivir a solo 100 metros del archiconocido Parque Lennon, en la capital cubana. Tiene historia este parque y el paso del tiempo me permite ver cómo la estatua de la leyenda del rock and roll —obra del escultor José Villa Soberón— no escapa de abrazos y fotos de cubanos y turistas foráneos, cuando en otra época escuchar sus canciones debía ser un ritual secreto.

El privilegio creció cuando, hace siete años, quedó inaugurado en el antiguo Club Atelier, a solo 96 pasos de la escultura de Lennon, el centro cultural El Submarino Amarillo, del que he podido ser testigo, gracias a mi cercanía, de la incorruptible propuesta que desde entonces y hasta la fecha ha mantenido.

Nacer en la segunda mitad de la década de los 80 solo me ha dejado tener las referencias musicales grabadas, literarias y verbales de esos jóvenes pelilargos que, junto a Lennon, revolucionaron el mundo musical, político y sexual de esa época. Que exista El Submarino Amarillo para mí, para los que nacieron 20 años antes que yo y tiempo después, es una maravilla. No todos los días uno se encuentra con un lugar que le profesa fidelidad a sus ideas fundacionales, que mantiene intacto el diseño y el ambiente original, y que quiere asegurar, para satisfacción de su público, la calidad y el rigor en sus invitaciones.

Entras, y el trabajo artístico de Elizabeth Rojas Monzón, Maikel Sánchez Cal y Rafael Mateu Dorado te hace imaginar el interior de un submarino, sí, pero además te contagia con ese esplendor de la carrera impulsada por The Beatles, bajo la predominancia de los colores azul y amarillo.


Imágenes de las portadas de los discos de la agrupación The Beatles
 

La barra del bar, donde se exhiben las carátulas de los discos, hace pensar en las escotillas, las quillas, las formas tubulares y las proporciones de un submarino. Las paredes exhiben imágenes del cuarteto de Liverpool y las letras de algunos de los temas más universales, en acrílico, y todo el ambiente, en general, incita al disfrute místico. De ahí parte de esa magia a la que muchos aluden, sin poder explicar.

¿Cambios? Muy pocos. Ahora, a propósito de ese séptimo aniversario, nuevos diseños en las mesas que refrescan imágenes de los músicos de la banda, de sus discos y conciertos. Retomar íconos del mar que, en una pared insonorizada después de la apertura del lugar, se habían quedado sin volver a colocar, gráficas llamativas en las puertas, el retoque de los colores, una solución estéticamente delicada en la entrada que impide que los clientes ensucien la pared con la suela de sus zapatos, nuevos efectos de luces. Luego de siete años de puertas abiertas a un público habitual y a otro que, de pasada, queda fascinado con el lugar, la idea de que se respire el mismo aire y se mantenga tal cual se creó, coexiste con el sentido de pertenencia de sus 14 trabajadores y el personal de Seguridad, y el cuidado de sus clientes.

¿El rock and roll trae desorden? El director de este centro cultural de Artex, Carel Yanes Deler, desmiente ese criterio, “pues aquí se respetan las leyes establecidas para todos los centros culturales con rigor. Ni pies encima de las sillas, ni un comportamiento exageradamente intolerable, ni bailes obscenos, ni fumar en el interior del local, ni puede subir al escenario alguien que no estaba ya previsto. Este es un lugar para disfrutar de la buena música, de los clásicos de The Beatles y de sus contemporáneos, y para pasarla bien”.


Un lugar donde confluyen distintas generaciones
 

Insiste Yanes Deler, quien lleva 6 años en el sitio, que El Submarino Amarillo no es una simple cafetería. “Reportar ganancias desde el punto de vista comercial es parte de nuestra razón de ser, pero no hacemos concesiones para ello. No se trata de abrir la barra y vender bebidas y cigarros para cumplir con parámetros de venta. Se trata de ofrecer una programación artística de calidad como se pensó desde un inicio, y somos coherentes con esos principios. Aquí no vienen bandas a cantar sus temas o a mezclar pop con rumba, por decir un ejemplo. Hay otros sitios en los que se pueden proponer otras cosas. El Submarino Amarillo es el lugar en La Habana en el que todos saben que se escucha un determinado tipo de música y no otro”.

Guille Vilar, reconocido director de programas radiales y televisivos, y además, amante de la buena música, es desde 2011 director artístico de este centro.

“Nadie podía prever lo que iba a suceder con El Submarino Amarillo siete años atrás. Se pensó para ofrecer la música de The Beatles y sus coetáneos, incluso en ese horario de 2 de la tarde a 7 y 30 de la noche, en el que no se cobra la entrada y la música es grabada, a partir de la proyección de los videos.

“Al cabo del tiempo este es un centro que prestigia a los músicos que tocan aquí, que ha propiciado que muchas bandas asuman el reto de incluir en sus repertorios covers de esa época, fieles a sus versiones originales o versionados por ellos. La calidad convoca, eso ya se ha demostrado, y al final nos quedamos con la filosofía de que este es un lugar para el rock hecho por cubanos, no para el rock cubano, sino para que músicos cubanos ofrezcan la música de otras latitudes y épocas.

“Mantener este concepto implica un respeto al público que es conocedor de esa música, que viene de manera asidua al lugar, y al que viene por primera vez y repite o no, siguiendo nuestra estética. Exigimos un dominio decoroso del inglés y su correcta dicción para los cantantes, así como talento musical en la escena. No cualquier banda que se arme en cuatro días y que monte par de temas de The Beatles viene a este escenario”.

Por primera vez, y de manera especial por este aniversario, se amplía la programación de este centro, con capacidad para 120 personas. Vilar anuncia que a partir de las 10 de la noche se mantendrá la propuesta del concierto en vivo de lunes a jueves con las bandas Coverland, Dishepard, Abalama y Gens, respectivamente.

“Desde el viernes y hasta el domingo, a partir de las 8 de la noche ofreceremos la presentación en vivo de dos agrupaciones, el mismo día. La Vieja Escuela y Eddy Escobar el viernes, Miel con Limón y Track el sábado y a partir de las 6 de la tarde el domingo, Aire Libre y Backspace”.

La fórmula ha funcionado hasta el momento; sin embargo, se ansían cambios sin violar el concepto. Yanes Deler enfatiza en la necesidad de mantener en alto la calidad de las presentaciones y ofrecerlas, más que como una oferta musical, con un mayor sentido del espectáculo.

Vilar anuncia la organización de un encuentro de guitarristas del rock and roll. “Sería como un concurso, en primer lugar, con los guitarristas que se presentan aquí, para diversificar más su quehacer. Estamos en el proceso de conformación del jurado y la elección de los premios”.