Hay amigos que nunca decepcionan, los libros son algunos de ellos, porque más que objetos inanimados y amasijos de hojas con historias atrapadas en letras impresas, están siempre ahí, sin condiciones, alegran el alma y vienen con la oportuna respuesta o consejo ante la vida y sus inesperados trances.

A la exclusiva capacidad humana de elegir no escapan los textos, a los que las personas acceden desde pequeñas, ya sea por decisión propia —en muy pocos casos—, por influencia de la familia, de la escuela o de otros factores como los medios de comunicación, especialmente la televisión.

Lamentablemente, lo mismo desde niños que en etapas superiores, los libros no están entre las elecciones de muchos individuos, que ven la literatura como un peso que hay que cargar para realizar una tarea del centro escolar, o para cumplir un objetivo que amerita el acceso a algún ejemplar en específico.

Si bien, como reza el refrán, “para gustos se han hecho los colores”, la lectura, por su extraordinario alcance cognoscitivo y espiritual, amerita fomentarse desde los primeros años de la vida, lo cual ha sido directriz de la política cultural cubana desde 1959.

En la provincia de Santiago de Cuba, como en otros territorios, se dedican diversas actividades a la promoción de la lectura, como peñas, conversatorios, presentaciones de títulos, acciones comunitarias, y de manera especial: el Sábado del Libro, un espacio que propicia el acercamiento al autor y su obra.

Reyna Gretchen Menéndez, directora del Centro de Promoción Literaria José Soler Puig, con sede en esta urbe, resaltó la extensión de esos encuentros a la comunidad a través de los colaboradores de la institución, que son muchos y replican en sus barrios lo que pasa el séptimo día de la semana.

Esa entidad garantiza cada mes la tirada de unos 250 ejemplares del boletín Ideas, en el que se da a conocer las actividades literarias en la urbe y se sugieren títulos al alcance en las librerías, refirió.

Menéndez subrayó la presencia en los medios de comunicación, sobre todo en la radio, pues hay programas y secciones dirigidos a esos fines.

La sistematicidad distingue la labor del centro, que tiene entre sus fervientes colaboradores a reconocidos literatos santiagueros, a quienes en medio del intenso calor de la ciudad, se les puede ver hasta un mediodía en una calle  boletín en mano, dialogando, transmitiendo el amor por los libros.


Naskicet Domínguez. Foto: Miguel Rubiera
 

Entre esos escritores está el joven Yunier Riquenes, quien junto al informático y lector empedernido, Naskicet Domínguez, dirige desde 2012 el proyecto Claustrofobias, que se ha convertido en el proyecto de vida de ambos, consagrados a materializar cuanta idea contribuya al acercamiento a la lectura.

Promocionamos sobre todo títulos de autores cubanos, no solo de literatura de ficción, sino también volúmenes de temáticas diversas que circulan en las bibliotecas y librerías de la oriental localidad, comentó Riquenes.

Nos interesa que cada lector encuentre la obra de su elección, apuntó, al tiempo que resaltó la labor en la comunidad virtual, en la que tienen presencia a través de una página web y de las redes sociales.

Sabemos que aún hay brechas en el acceso a las tecnologías, por lo que trabajamos para los conectados y los desconectados, de lo cual es muestra nuestra sede, en la calle Aguilera,  a la que llegan personas de diferentes edades en busca de información y de textos que tenemos, impresos y digitales, dijo.

Hacemos boletines, carteles, spots radiales y televisivos, y otros materiales que, en coordinación con la Dirección  Provincial de Cultura en Santiago de Cuba, se incluyen en la programación habitual que se transmite en las pantallas ubicadas en céntricas arterias como Enramadas, añadió.

Destacó la labor a través de la radio, medio en el que están especialmente con el espacio La estantería, que cada sábado propone títulos a partir de un lenguaje coloquial y pensado para el público que quizás no accede a un clásico de la literatura, pero sí a otros títulos cercanos a cualquier aspecto de su vida.

El curso infantil de escritura de verano, que en 2017 tuvo su tercera edición, es una de las grandes pasiones de Riquenes y Domínguez, quienes tienen entre sus proyectos inmediatos una tienda virtual.

Desde Internet pretendemos poner al alcance diversos volúmenes y una base de datos que, entre otras informaciones, aportará referencias de los autores, sus carreras y premios literarios, detalló.

Nos llena de fe y esperanza hacer el curso de verano y ver que los niños sí quieren leer, señaló Riquenes, artífice junto a Domínguez del sello Claustrofobias, con el cual han socializado multimedias y libros digitales que han tenido un número importante de descargas en la red.

Hoy se camina la ciudad santiaguera y otros municipios, y se aprecia la impronta de Claustrofobias y del Centro de Promoción Literaria José Soler Puig, mediante sus estrategias de comunicación.

Estrategias que tal vez no se desarrollan como se quisiera debido a limitaciones materiales, muchas de ellas asociadas al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos a Cuba.

El "José Soler Puig", por ejemplo, dispone de computadoras obsoletas y sufre carencias que impiden tener presencia en Internet, soporte en el que, sin límites de espacio como lo tiene un boletín, se podría divulgar más las actividades, apelando a los recursos que ofrece la multimedialidad.

Hoy, cuando ningún proceso escapa al mundo de las tecnologías, la promoción de la lectura debe pensarse también para esos soportes; si bien muchos prefieren sentir el papel entre sus manos, una cantidad no despreciable de personas apela, deslumbrada, a la lectura en un Tablet o una laptop.

Para beneplácito de los amantes de la lectura digital, la librería José Antonio Echeverría, de esta ciudad, reabrió en octubre con una atractiva imagen y un servicio de descarga de títulos en ese formato.

Ello la convierte en el único centro de ese tipo en la provincia santiaguera con esa prestación, que se brinda de forma gratuita. Iniciativas así deberían extenderse a otras librerías de este suroriental territorio, por la importancia que en estos tiempos reviste la promoción digital.

Pero eso nunca sustituirá el trabajo de la familia y de la escuela, que deben incentivar el acercamiento a la lectura día a día, y no en señaladas ocasiones como la Feria del Libro, una vez al año.

Sonrío cuando en algún pedacito de mi Santiago, o de Cuba, veo a alguien con algo entre las manos parecido a un libro, ese amigo que, en este mundo de intoxicación, contenidos “virales” en Facebook y mediocridades colgadas en Internet, nunca defraudará.  

Fuente ACN