“La prueba de que El Principito existió es que era maravilloso, que reía, y que quería una oveja.”

Antoine de Saint-Exupéry

Un grupo de niños acompañados de “grandes” han tomado la iniciativa de recordar a los “adultos” de su país que la vida hay que vivirla con alegría infantil; sólo así llegan las oportunidades de habitar ese sitio nombrado “País de las maravillas”. ¿Cómo lograr tal empresa? Pues “Los niños debían juntarse al menos de vez cuando…”, para lograr grandes cosas y ennoblecer el alma. “Tener talento es tener buen corazón”, es la máxima martiana perseguida por el equipo creador de uno de los más populares programas que RTV Comercial junto a la Televisión Cubana, CINESOFT y La Colmenita nos regalan cada viernes a las 8:30 de la noche y con retransmisión los domingos a las 11:00 de la mañana durante los meses de verano: La Colmena TV.

foto de la colmena TV
Programa La Colmena TV
 

El programa ha superado las expectativas de muchos escépticos y ganado un lugar muy especial entre los televidentes. Buen corazón por parte de todo el equipo, con guion de Jaime Fort, dirección para la televisión de Danylo Sirio López y Karel Renzoly Green, el director de fotografía Ángel Alderete, la música original del maestro René Baños, el diseño de sonido de Janet Rodríguez y Mauricio Blanco, diseño de vestuario de Elio Vives, y la dirección general de Carlos Alberto Cremata; me gustaría pensar también en el buen corazón que florece en los receptores, quienes han acogido el proyecto con tal fuerza que ya se pueden escuchar preguntas sobre cuándo vendrá la segunda temporada de la entrega televisiva. Que se logre tal fenómeno es un punto esencial para invitarnos al análisis.

Los caminos del arte son complejos. Emocionarse ante una obra de arte y acudir a ella una y otra vez guarda un riesgo enternecido para uno y para la obra en sí, algo que te permite visitar aquellos asuntos íntimos y las principales inspiraciones que a veces asoman, otras no, a la interpretación. Como tengo en suerte ese honor, lo que prosigue no será un análisis pormenorizado de elementos técnicos del programa, eso lo harán posteriores miradas agudas, porque lo merece. Esta reseña no es más que una suerte de catalejo de juguete por donde observar la alegría a la que nos convidan estos amigos en cada entrega, o mejor, una suerte de paseo por la entrañable familia teatral que es La Colmenita.

Viendo una de sus emisiones en que representaban escenas de mi obra Aventura en Pueblo Chiflado me descubrí llorando de emoción y aplaudiéndole al televisor como si estuviera en el teatro, asombrado ante una nueva apropiación de mi texto que dejaba de ser mío para convertirse, como ocurre en el teatro, en una creación de ellos. Pasados unos días volví al libro El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, y encontré este fragmento cuando el aviador expresa: “A lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. Viví mucho entre personas mayores y las he conocido muy de cerca; pero esto no ha mejorado mi opinión sobre ellas, (…) a veces no creen en los dibujos (…) Entonces mi pollito Albertico que quería ser pintor se hizo enorme en el cuerpo de Samuelito, y la gallina Lola en la dulce interpretación de Amelia. Y el Pueblo Chiflado que para mí anteriormente había anidado en los escenarios de Teatro Pálpito y de Los Cuenteros, en una noche ganó una nueva casa de miel y esperanza: La Colmena.

Esa es la tarea de los colmeneros: convertir en niños a los adultos. Demostrar que en un solo instante podemos retomar nuestros proyectos estancados a causa del tedio, y sentir repentinamente deseos de escribir (como es mi caso), de fundar, de vivir, gracias a la fuerza que emana de la ingenuidad creadora de un niño.

Algunos especialistas hablan del horario de transmisión como un problema, argumentando que este es un programa diseñado para niños y se habla de la necesidad de espacios de calidad destinados a este grupo etario. Cierto es que los horarios que la televisión cubana ha destinado a los niños ha contado históricamente con programas de alta calidad artística como Tía Tata cuenta cuentos, La hora de las brujas, El mago del cachumbambé, Arcoíris musical, Cuando yo sea grande, La sombrilla amarilla, El camino de los juglares, Claro Clarita, entre otros que se han ganado el aplauso por su originalidad, y que en estos momentos se extrañan entregas televisivas a esas alturas. La Colmena TV viene a llenar ese gran vacío del que tanto se habla. Pero considero que es el horario ideal, ya que es un programa diseñado para toda la familia y colocado en la parrilla de programación de Cubavisión, el canal de la familia cubana. La Colmena TV establece un puente comunicativo entre padres e hijos, quienes se dan las manos para dialogar sobre la esencia del aquí y ahora, y sobre todo, la importancia de aprender a vivir rescatando nuestras tradiciones e indagando en el estudio. Las obras para niños ganan un doble público, ya que siempre existirá la presencia del adulto regentando ese acto de recepción.

Otro de los aciertos radica en la estructura del programa: Una competencia entre equipos donde, más allá del acto de competir para ganar, aparece el acto de unirse para crear: crear una familia, una casa, una escuela. Centra su objetivo en el desarrollo de los concursantes, a diferencia de otros shows televisivos de este corte, existentes en el mundo, cuyo principal objetivo es la comparación entre los talentos de los concursantes para al final ver quién lo hizo mejor.


Programa La Colmena TV
 

El viaje aquí es distinto, lejos de estimular el ego competitivo estimulan el hecho de saber que no estamos solos, sino que formamos parte de una sociedad que nos permite sabernos siempre acompañados, sabernos cubanos. Dedican espacio a la visita a sitios históricos como el Cuartel Moncada, o llegarse hasta el estadio Latinoamericano, el sitio donde se han desatado las más grandes pasiones, desde donde en más de una ocasión el país entero ha estado expectante y luego ha saltado de alegría ante el triunfo de su equipo. Espacio a la lectura de las obras del Apóstol y otros escritores importantes para el crecimiento espiritual e intelectual.

En este acto creativo encuentro relación con los orígenes de La Colmena como compañía teatral y persiguiendo esos presupuestos estéticos formó a grandes actores, directores, escenógrafos, músicos, escritores, gentes del arte que, donde quiera que se encuentren, siempre hablarán de La Colmena como el punto de partida y algo esencial en sus vidas. Luego encuentro los traspasos a La Colmenita y la dedicación al mejoramiento humano, esa constante insistencia de Carlos Alberto Cremata en cultivar el alma para ser un gran artista, y es que eso es para esta gran pandilla de amigos tener un buen corazón; la entrega desinteresada en la obra diaria.

Pero, sin lugar a dudas, el principal acierto de este programa está en que, aunque le anteceden espacios a los que podría parecerse, simplemente bebe de ellos como universo referencial para crear el suyo muy propio, y que podamos afirmar que La Colmena TV no se parece a nadie más que a La Colmena TV.

Multitud de libros e historias podría citar cada vez que veo una nueva emisión, uno de ellos es Konrad o el niño que salió de una lata de conservas, de Christine Nöstlinger, cuando el personaje Berti Bartolotti le aconseja a su pequeño: “Tienes que tener presente una sola cosa, porque es mucho más importante que las otras: No hay que preocuparse de lo que dicen los demás. Si piensas siempre en lo que dicen los demás y luego haces siempre lo que hacen los demás, acabarás siendo igual que ellos y ya no podrás soportarte a ti mismo”.

Trascender las barreras y convertirse en un programa más allá de la competencia es algo que nos deja la satisfacción de tener un programa de calidad del cual podemos enorgullecernos como cubanos.

Si de algo estamos seguros es que “nada en el Universo sigue siendo igual si en algún lugar, no se sabe dónde, una oveja que no conocemos se ha comido una rosa… Miren al cielo. Pregunten: ¿la oveja se ha comido la flor? Y verán cómo todo cambia. ¡Y ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto tiene tanta importancia! (…) esperen un momento exactamente debajo de la estrella. Si entonces un niño llega y ríe, si no responde cuando se le interroga, adivinarán quién es. ¡Sean amables entonces! El Principito ha vuelto.

El universo de los niños es semejante al de los sueños: tan delicados que el aleteo de un zunzún podría quebrarlos; pero la fuerza y el espíritu del soñador, pueden siempre salvarlos.