El acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos (EE.UU.) después de la independencia de la Isla, en 1959, fue abordado ayer por el Doctor en Ciencias Históricas Elier Ramírez Cañedo, en conferencia impartida en el Centro de Estudios Martianos de la capital. Basándose en documentos firmados por una y otra parte, el especialista afirmó que “junto a la clásica agresividad practicada contra Cuba por las distintas administraciones estadounidenses, ha convivido una arista menos visible de la confrontación: la negociación, el diálogo y el acercamiento”.

Agregó que en los distintos momentos en que se han producido acercamientos, diálogos y hasta intentos de “normalizar” las relaciones con Cuba por parte del gobierno norteamericano, este nunca ha abandonado los objetivos estratégicos de cambio de régimen en la Mayor de las Antillas.

Entre los documentos que avalaron su intervención, Ramírez Cañedo expuso directivas presidenciales, memorándums de diplomáticos que visitaron la Isla y se entrevistaron con sus líderes, como Gordon Chase, William Atwood y Zbigniew Brzezinski; hasta llegar a las palabras del expresidente Barack Obama, el 19 de diciembre de 2014, dos días después de anunciar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas:

“y el sentido que tiene normalizar las relaciones es que nos brinda más oportunidad de ejercer influencia sobre ese gobierno que si no lo hiciéramos. (…) Pero lo cierto es que vamos a estar en mejores condiciones, creo, de realmente ejercer alguna influencia, y quizás entonces utilizar tanto zanahorias como palos”

Asimismo enfatizó la posición del líder de la Revolución, Fidel Castro, el cual mantuvo siempre “la voluntad de dialogar e incluso avanzar hacia una relación más civilizada con los Estados Unidos”. Como ejemplo refirió un mensaje verbal —poco conocido— que enviara el Comandante a la reportera de la ABC News Lisa Howard, el 12 de febrero de 1964.

En el mismo se expresaba: “Dígale al Presidente (y no puedo subrayar esto con demasiada fuerza) que espero seriamente que Cuba y los Estados Unidos puedan sentarse en su momento en una atmósfera de buena voluntad y de mutuo respeto a negociar nuestras diferencias.  Creo que no existen áreas polémicas entre nosotros que no puedan discutirse y solucionarse en un ambiente de comprensión mutua. 

“(…) Dígale al Presidente que no debe interpretar mi actitud conciliatoria, mi deseo de conversar como una señal de debilidad.  (…) la Revolución es fuerte… muy fuerte.  Nada, absolutamente nada que los Estados Unidos puedan hacer destruirá a la Revolución.  Sí, somos fuertes.  Y es desde esa posición de fuerza que deseamos resolver nuestras diferencias con los Estados Unidos y vivir en paz con todas las naciones del mundo”.

Al referirse a los posibles escenarios en cuanto a las relaciones Cuba-EE.UU., el historiador refirió que hasta el momento la administración de Donald Trump ha mantenido la política de su predecesor, Barack Obama, y trata de crear un ambiente de presión —desde la retórica— sobre el gobierno de la Isla.