El primer experimento de lo que será Equilox, la pieza en la que trabajó por estos días en La Habana la reconocida bailarina y coreógrafa británica Fleur Darkin, devino colofón este viernes del segundo capítulo del Laboratorio Coreográfico de Danza Contemporánea.

Todo el protagonismo de la obra lo asumen “los cuerpos, mentes y movimientos” de los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba (DCC), compañía insigne del país caribeño, dirigida por el maestro Miguel Iglesias.
 


Danza Contemporánea de Cuba en un ensayo de la pieza coreografiada por Fleur Darkin.
Fotos: Anabel Díaz Mena
 

En una interacción relajada y con la fuerza del lenguaje de “esa danza que viene del interior”, la prensa especializada pudo deleitarse con una obra que —amén de las variaciones que Fleur sabe tendrá hasta su puesta definitiva en escena—, sirve de briefing y de gancho para que el público siga la pista mediática de Equilox.

“Uno de los momentos más emocionantes de mi vida profesional. Siempre he sentido que los bailarines cubanos son los mejores del mundo, porque pueden tener un estilo de ballet muy virtuoso en cuanto al espacio. Y en el otro extremo del espectro, tienen ese estilo afrocubano en las articulaciones que le da esa gran flexibilidad y agilidad”. Así valora Darkin su experiencia en Cuba, junto a los discípulos de Iglesias, y la impronta de nuestra danza.  

Normalmente en los demás países —refirió la maestra del Reino Unido— se tiene “el bailarín clásico o el bailarín de otro estilo”, pero los de Danza… “pueden hacer las dos cosas. Y son una fuerza fenomenal. Lo que he visto de Cuba ha sido lo que he visto en sus cuerpos y en sus rostros”. Luego se detuvo en una de las lecturas y enseñanzas principales del director de la DCC, y es que más allá de cualquier diferencia, lo que vale e importa es que “todos somos cubanos”. Y Fleur, cuando lo recuerda, se incluye en ese “todos”.

Aún no se conoce la fecha exacta del estreno de la coreografía, pero sí adelantó lo que espera de ella: “que la pieza sea original, que cree paz y que el público crea que es lo mejor que ha visto. Y que nazcan bebés a partir de eso. Es ambicioso”.
 


Bailarines de la compañía que dirige Miguel Iglesias intercambian con la coreógrafa británica.
 

Este primer montaje contó con el talento y la colaboración de dos destacados coreógrafos de Trinidad y Tobago —y del Caribe—, Sonja Dumas y Dave Williams, quienes se unieron a Darkin para vivir esta experiencia por y para la danza contemporánea. La iniciativa responde a la agenda compartida por la DCC y el British Council, en nombre del proyecto Islas Creativas.

El embajador del Reino Unido en la nación antillana, Antony Stokes, agradeció a los bailarines cubanos por su talento e inspiración: son verdaderamente increíbles, valoró. Del mismo modo, alentó a que continuara la cooperación del British Council en función de propiciar intercambios culturales como este.    

Poco antes de dirigirse al aeropuerto internacional José Martí, de La Habana, la directora artística de Scottish Dance Theatre respondió a La Jiribilla que le fascina la idea de impulsar nuevos proyectos con estos “increíbles bailarines”. También desea regresar pronto a tierra cubana y que Danza… y Scottish… puedan compartir escena.

Además, la artista confesó a nuestra revista los olores, sabores, ritmos e impresiones que se lleva de Cuba, como cultura y como pueblo. Y los resume todos en la calidez humana y la fábrica de talento que es este país para ella. Se toma un respiro y concluye: “por dónde comenzar, no quiero irme. (…) Ustedes realmente saben vivir”.

Próximamente, La Jiribilla publicará una entrevista en la que Fleur Darkin revela claves respecto a su filosofía de la danza, por qué escogió el título para la coreografía en cuestión, proyectos y esperanzas, qué no le puede faltar —en su opinión— a un bailarín, así como lo que quiso enseñarles a estos jóvenes y lo que, finalmente, aprendió de ellos.