Este martes se estrenó en Pinar del Río un texto inédito del escritor cubano Virgilio Piñera (1912-1979), satisfacción doble si se tiene en cuenta que su puesta en escena, además de homenajear a uno de nuestros grandes dramaturgos, inauguró una sala-teatro con su nombre en una provincia que agradece —por su escasez— la aparición de espacios similares.


Imagen dispuesta a la entrada de la sala recién inaugurada. Foto: Internet.


Según narra su descubridor, el filólogo Roberto Pérez León, fue a inicios de los 90 en Buenos Aires que Humberto Rodríguez Tomeo —también escritor— le entregó un bulto de documentos entre los que halló un manuscrito dedicado "con devoción" a la cantante lírica Natalia Aróstegui,y fechado en 1938:

“Al comenzar aparecerá el salón en total oscuridad —abría Virgilio—. Se tratará que la aparición de la luz sea efectuada con igual fatiga que la actriz denota. Ella en escena al abrirse el telón, adivinándose su silueta reclinada junto a un enorme jarrón. Ausencia de gestos con los brazos”.

Se trata, según explica el propio Pérez León, “de una prueba más de la intrepidez de Piñera; de un texto que lucha con palabras por la palabra que teje ideas del otro lado de la dramaturgia sin dejarse afincar en lo teatral; de un elogio a la palabra que resiste, sabe del pasado, trastea en el futuro, regresa, desorganiza…”.

Fue de ese hallazgo —precisamente— que surgió Con devoción, monólogo de Teatro de la Utopía que abrió la sala Virgilio Piñera. En palabras de su director artístico y general, Reinaldo León, “Virgilio expresa la entelequia de lo cubano y cómo disfrutamos el absurdo para construir nuestra propia realidad. Con su puesta en escena, la compañía hace votos al principio de que el teatro no debe imitar la vida, sino que debe tratar de rehacerla. Nuestra acción va encaminada a eso”.

“Este instante —agregó— no pasará a la historia de la ciudad como una Falsa alarma. La presencia física de esta sala no es el resultado de la paradoja del absurdo, es la confirmación del triunfo del trabajo sobre lo absurdo. Es un hecho que no puede quedar aquí. Debemos esforzarnos para alcanzar nuevas utopías”.

En su Nota al programa de la inauguración, el Premio Nacional de Literatura Antón Arrufat —que asistió al evento— recordaba cómo en sus “tiempos de marginación literaria” Piñera auguraba que las aguas volverían a su lugar. “Lo que nunca pudo soñar ni tan siquiera sospechar en sus instantes de fe más intensa en el futuro reconocimiento de su obra”, continuaba, es que un teatro llevase su nombre.

Pero no pudo escogerse mejor homenaje. Las aguas, como vaticinó, han ido llegando a nivel. Desde el martes pasado y en lo adelante, los pinareños y todo el que esté de paso en la ciudad podrán pasar por debajo de la firma en bronce que decora la fachada, junto a un paraguas cerrado que señala las puertas para entrar. Como dijo Arrufat, seguramente se hará costumbre con el tiempo, “sabio hábito, decir Voy al Virgilio Piñera a ver una obra de teatro”.

Acompañaron a Teatro de la Utopía la compañía Rosario Cárdenas —que interpretó fragmentos de tres puestas basadas en la obra de Piñera—, el viceministro de Cultura, Fernando Rojas, y los premios nacionales de Literatura, Margarita Mateo, y de Teatro, Gerardo Fulleda.