Recién concluyó la XIII edición del Festival Internacional de Coros Corhabana 2018. La vehemente velada del quinto día del veraniego mes de Julio convocó a los amantes de la música coral a un atrayente concierto que se efectuó bajo el amparo de la perlada corona de la avenida del puerto, la marítima Iglesia de Paula. La reconocida sede del arte clásico —tanto sacro como profano— acogió, en esta ocasión, a dos formaciones vocales: el reconocido ensemble Entrevoces, dirigido por la Mtra. Digna Guerra, y la estadounidense Bucks County Choral Society, a cargo del director Thomas Lloyd.

 


No se debe dejar de mencionar el exquisito trabajo que lleva a cabo la Mtra. Guerra,
quien logra de sus cantores un magistral dominio de los timbres,
rangos dinámicos y una excelentísima afinación.
Foto: habanaradio.cu
 

La exuberante asistencia de un público heterogéneo esperaba el inicio de un desconocido pero no menos ansiado recital, puesto que la ausencia de un programa no permitió la preparación del oyente. Niños chicos, jóvenes, familias enteras respondieron al llamado naciente de los coloridos vitrales. Con todas estas condiciones, me llamaba poderosamente la atención la estructura que adquiriría este intercambio musical, así como las propuestas sonoras que presentarían sendos formatos.

El inicio fue asumido por Entrevoces, desde una obra del cubano Leo Brouwer, sugerencia que anunciaba al espectador avezado sobre la interpretación de obras reconocidas dentro del repertorio de esta agrupación. Siempre se agradece la presencia de estos clásicos y aunque ya es habitual, no se debe dejar de mencionar el exquisito trabajo que lleva a cabo la Mtra. Guerra, quien logra de sus cantores un magistral dominio de los timbres, rangos dinámicos y una excelentísima afinación, elementos que distinguen a Entrevoces y se mantienen como constantes en cada una de sus presentaciones.

 


 Este colectivo se atrevió a interpretar clásicos del cancionero cubano como “Guantanamera” o “Chan chan”.
Foto: Museo Nacional de Bellas Artes
 

Siguió luego Bucks County Choral Society, cantoría de más de 50 músicos, y pudo de inmediato apreciarse el cambio en la naturaleza de este proyecto, con relación a su antecesor. A pesar de la íntima familiaridad que emanaba de esta comunión, complicidad que resulta imprescindible y comprobable en todo proyecto amateur, se deslizaron, entre las piezas, involuntarias imprecisiones de ataques, terminaciones y figurados rítmicos, que quedaron, no obstante, opacadas por el carisma de este colectivo que se atrevió a interpretar clásicos del cancionero cubano como “Guantanamera” o “Chan chan”. Las demás piezas ejecutadas se adscribieron al género del spiritual, o a las canciones tradicionales de ascendencia inmigrante, judía o irlandesa.

Las diferencias técnicas y expresivas entre estos dos coros me hicieron tomar un momento para cuestionar la efectividad de un concierto que aunara dos ensembles de igual formato pero de antónima formación, dimensión y resultado interpretativo. Pues no fue menos evidente para el resto de la audiencia el cambio sufrido entre las dos mitades que componían el recital. Sin embargo, a pesar de cualquier anti-clímax que pudo acontecer esa noche, la disparidad entre Buck County Choral Society y Entrevoces conduce a un planteamiento que excede la simple afirmación sobre las condiciones técnicas. Un proyecto coral posee particulares formas de interacción entre sus practicantes, en relación con otras manifestaciones de la música cameral. La unión de diferentes voces (la más genuina expresión de la singularidad del ser humano) constituye una reflexión sobre el hermanamiento que puede traer consigo el arte. El hecho de reunirse en comunidad para efectuar una acción colectiva de regocijo, desde la diversidad y la celebración, no puede encontrarse con mayor transparencia que en el cantar.

Con este pensamiento quisiera retomar, antes de concluir, la importancia del festival Corhabana, que se erige como continuador de la vasta y reconocida tradición del arte vocal en nuestro país. Así como agradecer sinceramente a las agrupaciones corales, al Centro Nacional de Música de Concierto y al Instituto Cubano de la Música por su labor de difusión, protección y desarrollo de esta soberbia  expresión musical en nuestro país.