Dicen que Cuba es un eterno verano y por eso no se distinguen las estaciones. Pero ahora mismo, en la imagen del satélite culturológico, se aprecian intensas puestas en escena y una “vaguada” de actores, dramaturgos, directores y teatrólogos sobre la provincia de Holguín. 

Definitivamente, estamos en la estación del teatro que tuvo su equinoccio este 15 de marzo con la apertura del X Festival Nacional de Teatro Joven.  Fue precisamente el colectivo Teatro de las Estaciones de la provincia de Matanzas, quien inauguró la jornada con la obra Por el monte carulé, un homenaje al genial y universal músico cubano Bola de Nieve. 

A juzgar por la calidad de la puesta en escena, el evento comenzó “con el tenis derecho”. Fue una presentación especial para el público de Holguín, pues a pesar de los disímiles escollos que pretendían impedir la puesta, la ciudad lo merecía por ser sede del Festival.

Varios técnicos se estrenaron en la realización de la obra sobre el texto de Norge Espinosa. Sin embargo, los inconvenientes fueron resueltos con hilarantes improvisaciones por el director y actor del grupo, Rubén Darío Salazar.

En Por el monte carulé “destaca por la confección de los títeres con un toque caricaturesco”. Foto: Sonia Almaguer
 

La historia de Ignacio Jacinto Villa Fernández, narrada en retrospectiva a través de títeres de mesa, nos remonta a disímiles escenarios de su vida como su infancia en Guanabacoa, su pasión desde pequeño por el piano, el debut en México, su éxito en distintas geografías del mundo hasta su muerte. Su relación con otra grande de la música cubana, Rita Montaner,  es puesta maliciosamente en evidencia.

Dos actores devenidos camareros de un restaurante guían la historia a partir de su admiración por el “Bola”, en un constante dinamismo en la escena e intercambio de roles. Resistencia física, cantar, bailar y cambiar las voces para los disímiles personajes son aptitudes imprescindibles que les exigió la pieza. Resulta risible cómo le dan vida a los títeres y estos, a su vez, interactúan con sus titiriteros con una adecuada dosis de estilizado humor.

Es notable el diseño de la pequeña escenografía del consagrado Zenén Calero, que puede considerarse una obra de arte al margen de la pieza de teatro. Sobre la mesa del restaurante convertida en escenario, se construyeron a través de retablillos el ambiente de su niñez y juventud en Cuba y los escenarios en México. Confluyen además diversas geografías con la recreación en pequeña escala de sus símbolos como la Torre Eiffel y la Torre de Pisa. Destaca la confección de los títeres con un toque caricaturesco para representar al protagónico en las distintas etapas de su vida, a Rita Montaner, Edith Piaff y otros personajes secundarios de la trama.

La música es otro de los ingredientes imprescindibles de la obra, tanto así que ha convertido a Por el monte carulé en un “álbum musical de recuerdos”. Desde su función narrativa acompaña toda la pieza.

Bajo la etiqueta de “teatro arena” el público compartió el escenario de la Sala Raúl Camayd del Teatro Eddy Suñol con los actores, lo que les permitió apreciar mejor los detalles de la escenografía. La pieza, estrenada en 2009 y con un extenso currículo de éxitos y premios, también mereció el reconocimiento de ese breve, pero agradecido público que, de pie, aplaudió la puesta.
 

Fuente: Periódico Ahora