Mayo es el quinto mes del año en el calendario gregoriano y tiene 31 días; se le conoce como el mes de las flores, de los aguaceros (cada año más escasos y erráticos), del inicio de la primavera; el budismo celebra el Día de Vesak. Como se puede inferir, se trata de un mes de significaciones añadidas, entre estas la celebración del Día de las Madres, que en algunos países se conmemora en fecha diferente a la de los cubanos. Aquí la tradición señala el segundo domingo como fecha para hacer patente el reconocimiento a la madre: oportunidad de reconocer lo mucho que se le quiere, aunque este afecto debe evidenciarse a diario, sin necesidad de un motivo especial.

Una de las múltiples maneras de concretar ese homenaje consiste en la entrega de un obsequio, un regalo; esto resultó el punto de partida para un acontecimiento ya esperado, que se va haciendo tradicional: la Feria Arte para Mamá, feliz idea que desde el año 2004 organiza el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), y donde se comercializan las producciones de artesanos e instituciones de la cultura que producen bienes de carácter utilitario o simplemente decorativos.


Foto: Sonia Almaguer


En este 2017, la feria se inauguró el martes 9 de mayo en horas de la mañana, en el recinto ferial Pabexpo. Mercy Correa, Directora del Centro Nacional de Artesanía del FCBC, presentó el evento, que en su primer acto exhibió un proyecto en que se evidencia el trabajo desarrollado bajo la premisa de la integración. O para decirlo con la expresión de sus coordinadores “es una colección fruto del intercambio de saberes y experiencias, donde diseñadores y creadores se reúnen para desarrollar productos vestimentarios que pueden ser utilizados desde la informal dinámica cotidiana hasta la elegancia mesurada para salida exclusivas”.

Así, ECOS Vestuario 2017, la unión de Filigranas Oliva, Crucero, Zulú, Calzados Correa, Serigrafías Pozo y un grupo de estudiantes y profesionales del ISDi y la ONDi, presentó un desfile organizado con la habitual profesionalidad de Juan Carlos Marrero y la participación de los jóvenes modelos de la agencia ACTUAR, que vistieron los diseños de Anayce Figuereoa y  franquearon el paso del público a las salas con las propuestas  de la feria.  

Con la participación de 249 stands individuales y 17 institucionales, pero contando con una distribución espacial más razonada que en ocasiones anteriores, esta XIII edición de la Feria de artesanías presenta una variada visión del evento: en las salas se agrupan los expositores seleccionados, atendiendo a la calidad de sus obras y sus disponibilidades.

Asimismo, se distingue por la multiplicidad de propuestas en el mobiliario, que se ajusta a diferentes preferencias y estilos, con nombres reconocidos y presencias reiteradas, tanto provenientes de las filiales provinciales como de los que trabajan de manera directa con la casa matriz.

Una parte de las actividades comerciales tienen lugar en la Sala A, donde se  hallan disponibles calzado, productos de piel y madera, entre los que bien vale destacar la presencia de las renovadas propuestas en calzado, tan solicitadas por la población y que cuentan con variedad en estilos, materiales y colorido, no solo para las madres, sino también para hombres y niños. Resulta difícil tomar una decisión ente tantas ofertas en medio de una imponente cantidad de consumidores ávidos. Entre los productos elaborados en piel se destaca, pese a su desfavorable ubicación espacial, el stand de bolsos de El Bolo, Jesús Rodríguez.

Llaman la atención las tan solicitadas confecciones textiles,  con un espectro notable de tejidos y diseños bajo el nombre de prestigiosos diseñadores: Freixas, Salomé, Annia, Leo, Xenia, Crucero (Anayse Figueroa), Lis Lorenzo Barbón y su Taller de la Moda, José Luis González, Jesús Frías, Carmen Ferrán, Tamya, sin olvidar la establecida firma Quitrín, y otros más que se corresponden con las más diversas preferencias. Puntos a favor para la bisutería presente en la Sala B, complementos para acompañar en todo momento a quienes seleccionen entre tantos aderezos al gusto de los consumidores más exigentes, que pueden encontrar hasta hermosos muñecos de muy original presencia en tejidos de estambre.

En la Sala C exponen sus propuestas las instituciones de la industria cultural,  así como creadores y artesanos que trabajan la cerámica, el vidrio, la orfebrería y el mobiliario. Esta sala, además, presenta elementos botánicos  (flores del desierto, cactus, helechos) en tiestos que complementan su presentación y están siendo muy solicitados. Los muebles allí expuestos reclaman la atención por su factura, diseño, materiales, y constituyen uno de los productos más solicitados, pese a los elevados precios. Casi en la misma entrada, el stand de Douglas Lucas exhibe sus realizaciones en metal y madera con un resultado atractivo y original.

Lo que se pueda requerir para el ambiente doméstico, desde un sencillo cojín, o un juego de tazas de cerámica, un tiesto o una planta ornamental, un juego de sala o de comedor, mantelería y lámparas, todo con un incuestionable toque de cubanía, se halla desplegado en ese espacio.

Frecuentar la Feria, por demás, propicia un tiempo para el disfrute visual, o  encontrar soluciones que contribuyan a cambiar o enriquecer el espacio hogareño, ya sea una pieza cerámica de Ripoll, las simpáticas ranas y tortugas de Camagüey, o las cestas y piezas para la cocina que junto a sus textiles (entre los que incluyen vestidos entintados y guayaberas) se aprecian en el stand de Cienfuegos.

Al final de este primer recorrido, usted debe reconocer, como yo, que ha de volver para observar nuevamente las múltiples opciones. Eso sí, estará de acuerdo en la consolidación del foro comercial auspiciado por el FCBC y en la aceptación pública del evento con carácter anual en el mes de mayo.