Al músico, musicólogo, folclorista, antropólogo, pedagogo y promotor le animó una vocación irreductible en todas las tareas que emprendió: la de ser un apasionado y convencido fundador.


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Así fue recordado Argeliers León en el centenario de su nacimiento (La Habana, 7 de mayo de 1918) por discípulos, colegas y admiradores, durante una velada que tuvo lugar en la sala Martínez Villena, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Argeliers fundó la Cátedra de Arte Africano y Culturas Negras en Cuba en la Universidad de La Habana, el Departamento de Folclor y el Seminario sobre esa disciplina en el Teatro Nacional –embrión del Conjunto Folclórico Nacional y el de Danza Moderna–, el Instituto de Etnología y Folclor de la Academia de Ciencias y potenció la labor del Departamento de Música de la Casa de las Américas, donde editó, con el modesto nombre de Boletín de Música, una de las más importantes publicaciones de su tipo en el continente.

En 1976, cuando abrió sus aulas el Instituto Superior de Arte, creó y dirigió el departamento de Musicología, que inició la formación académica de músicos en esa especialidad al más alto nivel. Ya entonces era reconocido como el padre de la Musicología, como ciencia, en el país.

Integrante en los años 40 del siglo pasado del Grupo de Renovación Musical, liderado por José Ardévol, destacó desde muy temprano en la creación musical. A él se deben obras referenciales como Cuatro invenciones y Akorín, para piano; Concertino, para flauta, piano y orquesta de cuerdas; Sonata de la Virgen del Cobre, para piano y cuerdas; y la cantata Elegía a Jesús Menéndez, sobre el célebre poema homónimo de Nicolás Guillén.

Fruto de sus investigaciones escribió ensayos de consulta imprescindible, entre los que se hallan Del canto y el tiempo, Introducción al arte africano y Tras las huellas de las civilizaciones negras de América Latina, Música folclórica de Cuba, y valiosos libros de textos para la enseñanza musical.

Jesús Gómez Cairo, director del Museo Nacional de la Música y uno de sus discípulos más allegados, anunció que la institución prepara la edición en ocho volúmenes de la obra escrita de Argeliers, importante contribución para que su legado permanezca vivo y sea mucho más conocido por las generaciones actuales y venideras.

Para el poeta Miguel Barnet haberlo conocido resultó un acontecimiento providencial, al sumarlo como su más cercano colaborador en la Biblioteca Nacional y el Instituto de Etnología y Folclor de la Academia de Ciencias y propiciar su encuentro con Fernando Ortiz, maestro y brújula orientadora de la labor de Argeliers, y luego del propio Barnet, en la indagación sobre las culturas populares de origen africano.

Otro de sus discípulos, el antropólogo Jesús Guanche, recordó la avidez de Argeliers por incorporar a su experiencia las novedades metodológicas y conceptuales en las Ciencias Sociales y la consistencia con que logró articular la teoría con el trabajo de campo.

La celebración concluyó con una presentación especial de Justo Pelladito y el grupo Afroamérica. Fundador del Conjunto Folclórico Nacional, agradeció a Argeliers su inserción en la escena. Y evocó uno de los momentos más tremendos de su trayectoria artística: «Argeliers fue amigo y valoró mucho a mi padre, Ángel Pelladito Junco, del núcleo inicial de Los Muñequitos de Matanzas. Para él escribió un concierto en el que debía ser solista. Pero mi padre falleció y no pudo estrenarlo. Argeliers y el director Manuel Duchesne Cuzán me convencieron para que yo lo estrenara con la Sinfónica. Es algo que nunca olvidaré».

Tomado de Granma