Nilma Gonçalves Lacerda: la lectura hoy día es resistencia

Nilma Gonçalves Lacerda se asomó a La Habana hace ya más de una década y desde entonces no ha podido renunciar a la magia de nuestra ciudad ni al encanto de los congresos “Lectura. Para leer el XXI” que desde 1999 organizan el Comité Cubano del IBBY y la Cátedra Latinoamericana y Caribeña de Lectura y Escritura.

Desde su vocación mejor que es la de amiga entrañable de Cuba, Nilma ha sido siempre un apoyo para estos congresos y su presencia apacible, sencilla, poco estridente y —para quien no la conozca— hasta algo esquiva, revelan una fidelidad a toda prueba, sobre todo por defender el acto de leer y sus posibilidades de crecimiento en todas sus connotaciones de libertad para el ser humano. En opinión de la destacada investigadora y presidenta del Comité Cubano del IBBY, Emilia Gallego Alfonso, Nilma es una de las más genuinas voces literarias del Brasil, no solo por su obra de ficción sino por la profundidad de su obra ensayística. Eso nos lleva a recordar a otras autoras tan importantes como Lygia Bojunga Nunes y Ana María Machado, ya galardonadas con el Premio Hans Christian Andersen y a Marina Colasanti, quien también ha sido nominada para el llamado Nobel Infantil, las que, como Nilma, marcan con la calidad de su obra trascendente las letras de ese país.

Nilma, quien es carioca y vive en Rio de Janeiro, se desempeña como escritora, profesora e investigadora. Es Profesora Asociada de la Universidad Federal Fluminense (UFF), Vicecoordinadora General de la Cátedra Latinoamericana y Caribeña de Lectura y Escritura y Vicepresidenta del Comité Científico de Lectura. Para leer el XXI.

Recibió el Premio Rio de Literatura por su novela Manual de Tapeçaria, el Alfredo Machado Quintilla de la Fundação Nacional do Livro Infantil e Juvenil por Dois Passos Pássaros. E o Vôo Arcanjo, y el sello de Altamente Recomendable de la FNLIJ por Viver é Feito à Mão/Viver é Risco em Vermelho.

Como coautora, ha pulicado A Língua Portuguesa no Coração de uma Nova Escola, relato de un proyecto desarrollado en las escuelas públicas. Aunque su obra nunca pierde de vista lo social y la historia de su país, el lirismo, la originalidad y el depurado estilo de la misma le dan un aire que la diferencia de muchas otras voces de su tierra.

En la obra que la dio a conocer hace años en nuestro país, Nilma escribía: “Aquí estoy, lectora, lector, una mujer privilegiada. Tengo una carrera de Letras, con maestría y doctorado, y un postdoctorado en Historia Cultural. Me gusta leer, contar y escribir historias, recontándolas así una otra vez, de otro lugar. Soy profesora en una universidad brasileña, estoy casada, tengo tres hijas: Cíntia, Lorena y Maíra. Rabo de estrella es mi primer libro publicado en español, el segundo, Pluma de Ganso, y hay un tercero, que ya llega. Entre otros títulos en portugués, tengo la novela Manual de Tapeçaria, el ensayo “Cartas do São Francisco: conversas con Rilke à beira do rio” y los libros para niños: Fantasias, Fingimentos, ¡Finalmente!, As Fatias do Mundo. Soy traductora y crítica. Me gusta cantidad viajar e investigar en cuanto viajo. Uno de mis destinos preferidos es Cuba, donde vive una hermana del alma, amigas y amigos muy queridos y admirados. Mi hermana, la poeta Emilia Gallego, me encargó escribir un Diario de navegación de la palabra escrita en la América Latina, que en breve será publicado”.

Como en una fina red entrelazada de venturosos hilos intangibles, en Las rebanadas del mundo —relato de estructura tan poética como intertextual— su segundo libro a punto de publicarse en Cuba por la colección Veintiuno de Gente Nueva, Nilma recrea una serie de recuerdos maravillosos que devienen perlas cuando revelan al hambriento protagonista de la historia (y a todos sus posibles lectores) el poder reivindicativo y contagioso de la palabra, eterna fuente de recuerdos entrañables, emociones y el más auténtico sentido de la existencia humana. Al decir del escritor y crítico carioca Bartolomeu Campos Queirós la obra de Lacerda es: “Lírica, y sin perder de vista lo social, se orienta a un diálogo con las voces de la cultura y de la historia brasileña”.

También reconoce Bartolomeu Campos Queirós que en Las rebanadas del mundo: “el lector experimenta como mínimo dos lecturas. Una primera cuando la autora nos muestra su relación con el ansia de desvelar los secretos del mundo, en el día a día. Una segunda lectura al remitirnos a otros alimentos, esos guardados en la afectividad y la capacidad de inaugurar otros enfoques sobre nuestra memoria y condición. Leer Las rebanadas del mundo es tomar posesión de sucesos delicados donde sospechamos que hay grandes deslumbramientos comunes a todos nosotros”.

Su tercera obra traducida a la lengua de Cervantes es Pluma de ganso, una novela en dos partes, donde se narra la historia de Aurora, una niña que debe ayudar a su madre a criar gallinas y venderlas junto con los huevos para lograr sostener a la familia y que sus hermanos puedan asistir a la escuela, privilegio que no le es concedido al ser hembra, pese a que su mayor deseo: leer y escribir, le corre por las venas como un río de tinta, al decir de la edición de Babel, la editorial colombiana que la tradujo. Ya en la segunda parte, el lector se encontrará con una escritora, quien hace de la escritura su oficio y relata cómo ha enterrado a su tía Aurora y desea escribir su historia, con lo cual se cierra de alguna manera el hilo de la novela con la confluencia de ambas historias en el deseo de reivindicar la escritura.

Escuchar a Nilma relatar sus experiencias de viaje en su diario de navegación de la palabra escrita deviene a la vez, para cualquier oyente, entrar en una especie de remanso donde las palabras se van armonizando a los hechos y uno se siente, como ella, un viajero del tiempo y el espacio.

Escuchar a Nilma relatar sus experiencias de viaje en su diario de navegación de la palabra escrita deviene a la vez, para cualquier oyente, entrar en una especie de remanso donde las palabras se van armonizando a los hechos y uno se siente, como ella, un viajero del tiempo y el espacio, recorriendo todas las geografías posibles e imposibles de lo ignoto, un viajero sin horario ni relojes, con todo el tiempo a su favor y sin mejor brújula que la palabra, pronunciada-escrita por ella desde su savia más genuina y ancestral. Por eso, conversar brevemente con ella, en uno de los pocos minutos que nos deja libre el Congreso y luego pedirle que nos responda a este cuestionario, cuando ya de regreso a su tierra vuelve al ritmo normal de su vida profesional y en su alma galopan las memorias, es un privilegio que todos agradeceremos.

¿Qué significa estar en Cuba y en este congreso Para leer el XXI?

Un acto de resistencia: la lectura hoy día es resistencia.

¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niños?

El mismo que cualquier historia.

Se suele decir que en cada libro que se escribe va un gran porcentaje de la personalidad de su autor. ¿Eres tú parecida a alguno de los personajes de tu obra?

Como Flaubert que dijo, “Madame Bovary c’est moi”, puedo decir que estoy en muchos de mis personajes. Mis utopías, mis agobios, mi cotidiano, mis conflictos e indignaciones pero también mis horizontes están en mis narrativas.

¿Cómo concibes idealmente a un autor para niños?

Como un autor.

Quisiera que hablaras para los lectores de La Jiribilla de tu diario de navegación de la palabra escrita.

Es un proyecto de 15 años, que nació en Brasil, pero se configuró en Cuba. Viajo recogiendo escrituras en espacios públicos por América Latina, y lo mismo por Europa o Asia (Macau, antigua posesión portuguesa) para ver cómo escriben las personas, por qué lo hacen, y de qué manera. Su primer volumen es Dios no tiene nada que ver con eso, una síntesis de la escritura como tarea humana.

¿Qué puedes decirnos de los lectores sin edad para los libros sin fronteras?

Un libro encierra una experiencia humana, y esto basta.