Nadie ParecĂ­a. Cuaderno de lo bello con Dios, una nueva jornada origenista (IV)

En septiembre de 1942 comenzó a circular Nadie Parecía, bajo la dirección del sacerdote Ángel Gaztelu y de José Lezama Lima. A Gaztelu lo vimos en la aventura de Espuela de Plata, y antes colaborando en Verbum, pero recordemos que había nacido en Navarra, España, en 1914. Llegó a Cuba en 1927 y estudió la carrera eclesiástica en el seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana. Fue profesor, en el mismo plantel, de latín y de gramática castellana. En sus labores como párroco brilló esa “romanidad cubanizada” elogiada por Cintio Vitier.

Gaztelu fue un pionero del arte moderno aplicado a la liturgia. Al reedificar el templo de Bauta, encargó a Lozano que diseñara el presbiterio. Los murales fueron pintados por Portocarrero y Mariano, quien también dejó dos vitrales: uno dedicado a la Virgen de Fátima y otro a San José. Bauta se convertiría en la parroquia del Grupo Orígenes: allí se reunirían frecuentemente sus miembros en banquetes memorables. Asimismo, Gaztelu ofició las bodas de Eliseo Diego con Bella García Marruz en julio de 1948, y también allí se leyó por primera vez el “Primer discurso” de En la calzada de Jesús del Monte. En “Días de ceremonial”, Lezama dejó una página excepcional sobre estos encuentros.

En 1956 emprendió Gaztelu otra obra de edificación, aún más ambiciosa, la construcción del templo en honor de la Virgen de la Caridad, en la playa de Baracoa. Fueron Lozano y Portocarrero los artistas encargados de la decoración: el primero esculpió el gran Cristo de piedra para ser suspendido en el presbiterio; el segundo pintó las catorce estaciones del Vía Crucis. El resultado fue el más notable ejemplo de integración de arquitectura y plástica autóctona en el arte religioso cubano del siglo XX.

El 25 de marzo de 1957 fue nombrado párroco de la Iglesia del Espíritu Santo de La Habana. Le quedó tiempo al infatigable sacerdote para colaborar en la mencionada Espuela de Plata, mientras que Nadie Parecía fue la única revista cubana que entonces auspició la nueva estética origenista, de explícita orientación católica, publicación que  se definía a sí misma como “Cuaderno de lo bello con Dios”. Fue amigo, además, de muchos de los artistas plásticos más notables de su tiempo y forjó una de las colecciones de arte cubano más apreciables, solo comparable con la del sacerdote Paúl Hilario Chaurrondo en el Convento de la Merced. Gracias a él se conservó una obra tan singular como “Entierro de Cristo”, de la autoría de Arístides Fernández. Hoy su pinacoteca es patrimonio de la iglesia cubana.

En 1940 su libro Poemas apareció bajo el sello editorial de La Verónica, que un año antes había fundado el malagueño Manuel Altolaguirre. En 1955 publicó su Gradual de laúdes, con prólogo de José Lezama Lima, y en 1994 dio a la luz Poemario. Falleció en Miami en 2003, donde prestaba su oficio como párroco de la iglesia de San Juan Bosco.

Nadie Parecía publicó poesías cubanas y extranjeras, traducciones, artículos literarios, dibujos, narraciones y fragmentos de obras de la literatura universal. Además de Gaztelu y Lezama, colaboraron René Portocarrero, José Rodríguez Feo —nombre clave en la aparición de Orígenes—, el poeta andaluz José Moreno Villa, Eugenio Florit y Eloísa Lezama Lima, hermana del poeta. Al parecer, según testimonio del propio Lezama, la publicación desapareció en marzo de 1944 y en la primavera de ese año ya circulaba Orígenes.  

 

Cercana al espíritu de su antecesora Espuela de Plata, Nadie Parecía empareja su espíritu con el de sus católicos fundadores, pero sin ser una revista con fines proselitistas a favor de esa religión. Estéticamente, compartió el credo de los origenistas, fue escalón necesario para la que estaba por venir y donde, mediante la poesía lezamiana, se sigue esbozando la relación entre metáfora e imagen, en una especie de incondicionado poético con una poderosa gravitación en todos los poetas origenistas.  El propio Lezama se encargó de precisar, a propósito de su sistema poético, que cree que “es algo bello en sí; pero nunca he tenido la soberbia de pensar que es algo único. Sobre él, sitúo la poesía. La poesía como misterio clarísimo o (…) como claridad misteriosa”.

Verbum, Espuela de Plata y Nadie Parecía. Cuaderno de lo Bello con Dios abren una etapa de la cultura cubana que cerraría magistralmente con Orígenes, revista que es, además de tal, un estado poético nacido de la propia madurez de los que concibieron las anteriores, y forjada a contrapelo de carencias. Solo la voluntad de servir a la cultura cubana signó sus propósitos, unidos a la voluntad de un grupo de intelectuales que fueron martianos y que, a falta de un proyecto de Cuba como nación, crearon el suyo propio desde el seno mismo de la cultura —vale decir de la poesía—, con la misión de hacer de la “decadencia una plenitud, no esconderse, aun prefiriendo los escondrijos, sino participar con ciega seguridad y vencimiento”.