Mucho más cerca uno del otro

Desde que apenas yo era un niño de 12 años de edad, escuchaba discutir a los mayores de la familia acerca de las profundas contradicciones entre los gobiernos de los Estados Unidos y de Cuba, respectivamente, materializadas en agresiones contra nuestro pueblo. Tal es el caso de la fracasada invasión mercenarias a Playa Girón, la infiltración de bandas contrarrevolucionarias en las montañas del Escambray, y el criminal bloqueo, que se ha convertido en el más largo de la historia impuesto a una nación en tiempos de paz. Pero también desde entonces hemos crecido con la convicción de que jamás ha sido el pueblo norteamericano el blanco de nuestras luchas, sino la postura oficial que en contra de Cuba han mantenido, consecutivamente, las diferentes administraciones de turno en la Casa Blanca. Desde el mandato del Presidente Eisenhower hasta el de Obama, todos han intentado explícitamente destruir el proceso revolucionario o cuando menos buscan hacerle cambiar en sus postulados fundamentales a través de medios y formas más sutiles. Por todas estas razones y muchas más, la residencia en nuestro país hace más de 50 años, de un cubano nacido en Estados Unidos como es el caso de Pablo Menéndez, resume la evolución de una hermosa saga de amor, evocada por toda su familia a partir de cómo deben ser las relaciones entre pueblos vecinos. Para los más jóvenes lectores, el nombre de Pablo Menéndez pudiera ser identificado solamente como el del guitarrista, el cantante y el director del grupo Mezcla, cuando en realidad, desde hace mucho tiempo, ha sido uno de los ingenieros imprescindibles en la construcción de un sólido puente cultural para enlazar ambas orillas desde las diferencias y similitudes que nos unen.


Fotos: Internet


Es entonces que con la oportuna presencia del documental  So near…so far (2016), de Lourdes Prieto y David Sandoval para New Vista Communications, su guionista Lourdes Prieto ha decidido mostrarnos aquellos momentos que simbolizan la inédita aventura de un músico atrapado por voluntad propia entre intensos remolinos existenciales, circunstancias que sin lugar a dudas han contribuido a enriquecer la espiritualidad de ambas naciones por encima de sus contradicciones. A partir de la notable recopilación de archivos fílmicos en torno a la vida de Pablo, se nos entrega un reflexivo montaje de los argumentos a exponer, edición que trae como consecuencia la posibilidad de apreciar, en menos de una hora de duración, cómo los hechos sociales influyen decisivamente en su formación profesional y cómo a partir de esta vocación de músico revolucionario puede a su vez incidir en la revaloración de realidades a menudo incomprendidas.

Solo un joven nacido en el seno del hogar de Barbara Dane, importante activista política, comprometida no solo con las causas nobles de la humanidad, sino además con lo más autóctono de la música del país norteño como el blues y la música folk, es capaz de viajar para estudiar música en Cuba, en abierto desafío a la agresiva política del gobierno norteamericano durante los años 60. Al mismo tiempo, por causa de este músico natural de Oakland, California, fue que muchos cubanos comprendimos que la sonoridad de la guitarra eléctrica nada tenía que ver con alguna modalidad de música imperialista, al formar parte, por su desempeño como guitarrista, de quienes contribuyeron al nacimiento del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, dirigido por el maestro Leo Brouwer. Es el propio Brouwer en So near…so far quien reconoce la influencia de los timbres oriundos del rock que aportara Pablo durante su estancia en la legendaria agrupación. Así, sin el menor esfuerzo, puesto que la realidad de las imágenes es la que habla por si sola, a través de la aguda visión de sus realizadores, nos percatamos continuamente de cuál lado provienen las impedimentas por evitar el contacto solidario entre ambos pueblos.



 

Mientras Pablo Menéndez se crece como creador al decidir la formación del grupo Mezcla —institución musical en la cual hace desaparecer las fronteras entre géneros al tocar tanto jazz como rock cubano e incluso la música de  origen africano, para convertirse en una emblemática agrupación cubana—, por otra parte el Departamento de Estado le niega una y otra vez la posibilidad a sus músicos de tocar en suelo norteamericano. No obstante, su sola presencia en diferentes escenarios de dicho país, acompañado por algún que otro músico cubano, y sobre todo por ese gran intérprete del folclor afrocubano que es el cantor Lázaro Ross, hace que en esa orilla se percaten de que están perdiendo la posibilidad de disfrutar de un sonido que les resulta familiar y a la vez diferente. Tan es así, que en un fugaz pasaje del documental aparece la escena donde Pablo y sus músicos tocan en Cuba para visitantes americanos, escena a la cual se le insertan imágenes del propio Pablo, pero tocando la misma música en los Estados Unidos con similar índice de aceptación por parte de quienes lo han visto actuar en Cuba, emotivo mensaje subliminal para reiterarnos que tanto aquí como allá, la eficacia en el disfrute de lo mejor de nuestra música se ha establecido como uno de los paradigmas en la voluntad del acercamiento inevitable que  ha de tener lugar más temprano que tarde.

En tal sentido, el documental So near…so far nos deja el testimonio que Paul, el americano, como se le conocía desde los tiempos del grupo del ICAIC, paso a paso se fue acriollando hasta hacer familia y tener descendencia; incluso en el plano profesional no se conformó nada más con habernos entregado la clave de la guitarra en rock, sino logró superar lo que entre nosotros se conoce como bailar en la casa del trompo, al dominar las esencias de la música cubana como cualquiera de los nacidos en esta Isla. Decir Mezcla es sinónimo de Pablo Menéndez, el nombre de una personalidad que encierra un singular aliento de experimentación, una constante búsqueda entre la expresiva diversidad de la música en el mundo y el renovado frescor que desprende su obra tanto para nosotros como para quienes lo aplauden en diferentes confines del planeta. Pero sobre todo se le reconoce por su firme creencia de que al defender el culto a las raíces de la música popular de las dos naciones que han moldeado su identidad durante más de cinco décadas, se percibe con optimismo el momento en que podremos estar no tan lejos, sino mucho más cerca uno del otro.