“Muchas maneras de mirar nuestra realidad” (I)
Fotos: Cortesía del autor

 

Las razones de este diálogo fue una de las primeras interrogantes de Marta Díaz, decana de la Facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes de Cuba. La FAMCA, como suele llamársele, anida una de las raíces vitales de este importante arte, le respondí. Desconocer esta verdad es perder las perspectivas de su futuro en las próximas décadas.

Un segundo argumento. Construir una ruta (otra) de artículos de opinión y entrevistas en torno a los esenciales temas que confluyen en nuestro audiovisual. Lo asumo inspirado en el ejercicio del debate y el lúcido diálogo desarrollado por los cineastas cubanos en los años fundacionales del ICAIC, una praxis revolucionaria que no ha de tener fin.

El tercero, no menos importante, responde a los predios de la gratitud. Al claustro de profesores que en mi etapa de estudiante me aportaron el imprescindible bagaje teórico desde el ejercicio del rigor. Muchos de ellos compartieron contenidos, esencias y principios anclados en los valores del compromiso, en la responsabilidad que todo creador tiene con la sociedad y con el arte. Belkis Vega, Mario Masvidal, Eliseo Altunaga, Danae Diéguez, Oni Acosta o Humberto Hernández (Premio Nacional de Cine 2015), son algunos de esos “Maestros” con los que siempre estaré en deuda.

¿Cómo fue su primer encuentro con la Facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes?
Supe de la Facultad a propósito de un Festival Imago. Como directora del Centro de Información del ICAIC me pidieron apoyar su divulgación. Ese hecho ocurrió entre el 2001 y el 2002. Fue la primera vez que, de manera consciente, supe qué era la FAMCA. Me acerqué a ver los materiales que se proyectaban, porque hasta entonces solo conocía la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Entre los filmes que aprecié me resultó muy atractivo Video de familia. Quedé sorprendida.  

A partir de septiembre de 2009 comencé a trabajar en la Facultad. Muchos de los profesores de entonces (y de hoy) fueron mis compañeros en el ICAIC. Me fue muy fácil acercarme al centro. Una vez, en la grabación de un programa televisivo (por un aniversario de la escuela), coincidí con Jesús (Chucho) Cabrera, el primer decano de la FAMCA, y no perdí la oportunidad de preguntarle sobre los orígenes de la institución. Él y otras personas muy vinculadas al período fundacional, como Enrique Pineda Barnet, me contaron acerca de los primeros años.

Entre 1988 y 1989, con el despuntar de los Telecentros, nació la Facultad. En ese momento creció la demanda de personal calificado, capaz de dar respuesta al desarrollo de esa infraestructura emergente en todo el país, incluso a nivel municipal. Por otra parte, la expansión de las tecnologías planteó nuevas exigencias a los profesionales de los medios. Incluso, los propios realizadores de la televisión exigieron tener nivel superior en realización audiovisual. Todo ello contribuyó a la creación de la carrera.

En ese contexto, el exministro de cultura Armando Hart le encargó a Chucho Cabrera la concepción de un proyecto para la escuela. Se creó un equipo con una presencia muy significativa de directivos y cineastas del ICAIC. Hubo un intenso debate hasta consensuar la propuesta de un plan de estudio pensada inicialmente para profesionales de los medios. La primera sede fue en 5ta y 20 y, desde diciembre del 2001, al incorporarse el curso diurno, se trasladó a su enclave actual. Y bueno, a Chucho le dieron la responsabilidad de ser el decano. Así es como surge FAMCA.

¿Cuáles de los resortes sembrados por Jesús Cabrera están presentes en esta institución?
La disciplina, el rigor y la ética profesional en torno al uso del equipamiento, que no siempre nos ha acompañado. Su conocimiento del medio le permitía dialogar sobre este asunto con los estudiantes y profesores. También le imprimió disciplina a todos los procesos productivos, una norma que aprendí  desde mis inicios en el ICAIC.

Creo que a la escuela le hace falta que se escriba una historia bien documentada de muchas experiencias interesantes vividas en estos años.  Acerca de sus graduados y profesores, de las dificultades enfrentadas y, sobre todo, de sus logros y significativos aportes al audiovisual cubano.Él decía, según cuentan, que las muchachas no podían ser directoras de fotografía, por el peso de las cámaras. Algún día me gustaría saber si es cierto que pensaba así. Es verdad que la tecnología ha modificado mucho la composición de género dentro del mundo audiovisual.

Creo que a la escuela le hace falta que se escriba una historia bien documentada de muchas experiencias interesantes vividas en estos años.  Acerca de sus graduados y profesores, de las dificultades enfrentadas y, sobre todo, de sus logros y significativos aportes al audiovisual cubano.

¿Del programa académico, en cuanto a ofertas y perspectivas, podría hacer un detallado dibujo?
La opción regular diurna, con cinco años de duración, abierta desde el 2001 ha ido ganando aspirantes y ha contribuido a modificar el mapa de la Facultad y su visibilidad.

En los últimos seis años, también hemos potenciado la enseñanza de cuarto nivel: posgrados, diplomados y maestrías. Tenemos una Maestría en Realización audiovisual que está en su segunda edición y que se extiende por dos años. Además ofertamos cursos y entrenamientos cortos, sobre todo para extranjeros. En el campo de la fotografía, por ejemplo, se interesan mucho por venir a Cuba.

A partir de convenios que tenemos con otras universidades similares a la FAMCA en el mundo, hacemos intercambios. El semestre pasado tuvimos cuatro estudiantes de una Universidad de Frankfurt, Alemania, y de la Universidad de Veracruz, México. Ellos vienen por un semestre, o por tres meses, a tomar asignaturas puntuales. Asimismo, nosotros enviamos a los nuestros a recibir clases en esas instituciones.

 La enseñanza de cuarto nivel era una modalidad académica pendiente en el mundo de la realización audiovisual cubana.Nuestras perspectivas son ampliar las ofertas de maestría. La enseñanza de cuarto nivel era una modalidad académica pendiente en el mundo de la realización audiovisual cubana. Cuando abrimos la Maestría la cantidad de aspirantes fue impresionante. Personas de todas las edades. Hubo que realizar una labor muy ardua para poder seleccionar entre decenas de candidatos, frente a una matrícula de 25 plazas. Otro deseo es poder abrir menciones de esa Maestría en cine documental y en guión, que es una gran necesidad de la creación audiovisual en Cuba.

Sin dudas, la incorporación de esta Maestría significa un cambio cualitativo en la Facultad. ¿Cuáles son vuestras expectativas con esta opción académica una vez terminada cada edición?
Inicialmente nos propusimos que nuestros propios maestros se incorporaran a la maestría. En el Instituto Superior del Arte (ISA) y en la FAMCA (más acentuada todavía) más de 90 % del claustro de profesores son artistas, hecho que marca una diferencia significativa respecto a todo el sistema universitario del país.

Y no vemos que pueda ser de otra manera. Solo pueden enseñar a fotografiar, dirigir, producir y a montar quienes se dedican a esos oficios. Los profesores que son artistas tienen como motivación esencial desarrollar su obra, no transitar por los niveles que pauta la academia a través de las categorías docentes y los grados científicos. Y eso le plantea un reto a la Facultad: que sean cada vez mejores artistas, pero al mismo tiempo que ganen en maestría pedagógica y se superen en su propia profesión.

Los profesores que son artistas tienen como motivación esencial desarrollar su obra, no transitar por los niveles que pauta la academia a través de las categorías docentes y los grados científicos.Por ejemplo, para acreditar las carreras universitarias, es preciso tener un 35 % de doctores y másteres en el claustro. Nosotros estamos en un proceso de dialogo muy constructivo con el Ministerio de Educación Superior para aplicar equivalencias en nuestro colectivo ¿Cuál es la publicación de un maestro de dirección de cine? Su obra como director. Lo que no demerita que pueda escribir un libro, un artículo. El desarrollo de ese profesional transita por su propia obra como director de cine, fotógrafo, productor o cualquiera de las esferas en las que se desempeña.

La maestría completa y actualiza el proceso formativo de ese artista que, además, muchas veces descubre en la Facultad su vocación y aptitud pedagógica. Se deja atrapar por el fascinante mundo de la enseñanza y la formación de los jóvenes.

Esta experiencia tiene una doble lectura, una doble ganancia. Por una parte, elevar el nivel de la carrera de cara a un proceso de acreditación internacional, con un claustro más sólido. Por la otra, la jerarquía del conocimiento que están adquiriendo nuestros docentes para enfrentar un salón de clases con las complejidades y retos que supone frente a la generación digital.

Sin embargo, no todos los estudiantes de la Maestría son profesores de la FAMCA. También hay profesionales que proceden de la televisión, de otras productoras, de emisoras de radio. Ahora bien, no hay que esperar milagros frente a una deuda de tan larga data en la formación.

La maestría completa y actualiza el proceso formativo de ese artista que, además, muchas veces descubre en la Facultad su vocación y aptitud pedagógica. Se deja atrapar por el fascinante mundo de la enseñanza y la formación de los jóvenes.Luego, tenemos desventajas de cara a lograr los niveles a que realmente aspiramos, como la tecnología y el equipamiento con que contamos, la ausencia de estudios propios y de acceso a Internet. Son problemas muy concretos de la Facultad, no de la enseñanza de nivel superior en el país.

Está claro que la maestría no debe centrarse en lo último que la tecnología ofrece. Los profesionales saben que ese conocimiento se adquiere con más rapidez, sin necesidad de transitar por un curso formal. El objetivo es dar una formación teórica, conceptual, para que el creador sepa luego qué hacer con esas herramientas. Es una discusión viva en la Facultad, entre los jóvenes, que son de la era digital, que tienen un manejo intuitivo de dichos medios y que aprendieron solos, en muchos casos con tutoriales.

Pero cuando veo lo que hacen en términos de audiovisuales, sus propios ejercicios de clases, de graduación, no aprecio el salto en relación al aprovechamiento de esas tecnologías para proponer nuevos lenguajes, nuevas maneras de hacer. Percibo, en esencia, el mismo audiovisual. Entonces, no basta con dominar la tecnología.

Una buena parte de lo que se presenta en la Muestra de Jóvenes Realizadores que organiza el ICAIC, es de graduados o de estudiantes de la FAMCA. Y, te confieso, creo que va a demorar en verse el resultado de las maestrías en nuestras pantallas. Me preocupa, incluso, que se genere una expectativa en los medios en que estas personas hacen su vida profesional. Los cambios los impulsan componentes personales, de actitudes, entrega, riesgos, perseverancia, humildad, conocimientos sobre la obra de quienes nos precedieron.

No hay que esperar milagros frente a una deuda de tan larga data en la formación.Yo siempre les digo a los estudiantes, no piensen que el título les va a dar todo. Ninguna universidad puede hacerlo. Y ellos llegan a la Facultad con un insuficiente nivel de preparación, reto que asumimos cotidianamente.

¿En términos de géneros audiovisuales, cuál es el que más les atrae a los estudiantes en cuanto a realización?
La ficción, definitivamente. El plan de estudios actual influye un poco en eso. En primer año, como ejercicio integrador, deben contar una historia en un minuto; en el segundo, otro de tres minutos y en tercero, un documental. Por otra parte, están las expectativas, las aspiraciones que tienen los muchachos cuando matriculan en la carrera, muchas veces descolocadas en términos de lo que la vida realmente va a ponerles delante. Y eso lo notas desde el proceso de ingreso.

Una buena parte de ellos quieren ser directores. Sueñan con hacer una gran película. Muchos no se identifican con la realización de programas televisivos. En término de géneros, no están interesados en musicales, revistas o programas infantiles. En los informativos, muchísimo menos.

Los cambios los impulsan componentes personales, de actitudes, entrega, riesgos, perseverancia, humildad, conocimientos sobre la obra de quienes nos precedieron.El animado es una asignatura pendiente. Ahora contamos en primer y segundo año con un núcleo interesante de jóvenes interesados por este género. Se han acercado a los Estudios de Animación del ICAIC y están trabajando allí con el productor Aramis Acosta y con la directora, Esther Hirze.

Era algo que no ocurría. Y nos toca incidir desde el plan de estudios. Pero animación es una materia que requiere de mucho apoyo tecnológico, del que carecemos. Entonces resulta un poco utópico plantearse asignaturas y disciplinas. No obstante, desde hace cinco cursos se comenzó a aplicar un nuevo programa en el que se introdujo muy discretamente la animación y un año entero dedicado al aprendizaje del documental, entre otros cambios significativos en función de lograr mayor presencia de ejercicios prácticos. También de materias vinculadas a la postproducción, efectos visuales y derecho de autor, que antes no se impartían.

No estamos satisfechos con el plan de estudios. Cada año se trata de perfeccionarlo hasta donde es posible y no puede ser de otra forma en una carrera como esta, tan dependiente del desarrollo de la tecnología. Ahora mismo, el desafío es acortarla a cuatro años y la imperiosa necesidad de modificar el plan de estudios del curso por encuentros.

No estamos satisfechos con el plan de estudios. Cada año se trata de perfeccionarlo hasta donde es posible y no puede ser de otra forma en una carrera como esta, tan dependiente del desarrollo de la tecnología.Es un proceso en el que estamos dando los primeros pasos. No va a ser en este año, ni probablemente en el otro, pero en esa dirección debemos avanzar. Es el único señalamiento que tuvo nuestro plan de estudios en su defensa pública ante el Ministerio de Educación Superior, porque nos plantea que tenemos demasiada docencia.

Las reducciones hasta hoy han sido mínimas. Pero esa es una decisión muy pensada, muy colegiada con todos los profesores, según los perfiles, y con la participación de los estudiantes. Debemos tener muy claro qué debemos mantener en pregrado. Lo demás se imparte en el cuarto nivel.

¿Me gustaría que cartografiara las influencias del Bloqueo impuesto por el gobierno de los EE.UU. en el desarrollo natural y orgánico de esta institución académica?
Esta es una carrera que depende muchísimo del equipamiento tecnológico y de la posibilidad de combinar la teoría con la práctica. La última vez que se trajeron nuevos equipos a la FAMCA fue en el 2010. Y estuvieron “dando vueltas” durante dos años, antes de que pudiera llegar a Cuba. Hubo que comprarlos mediante terceros países porque eran estadounidenses. Este proceso significó un encarecimiento monetario, además del desfasaje tecnológico.

Una escuela de audiovisuales es una máquina de tragar recursos. No es porque los estudiantes no cuiden los equipos o carezcamos de normas respecto a su uso, es que constituyen medios de enseñanza que sufren un mayor desgaste. Por ejemplo, en nuestra Facultad las luces tienen un período de vida más corto, porque los alumnos están aprendiendo a iluminar, a fotografiar.

Una escuela de audiovisuales es una máquina de tragar recursos. No es porque los estudiantes no cuiden los equipos o carezcamos de normas respecto a su uso, es que constituyen medios de enseñanza que sufren un mayor desgaste.Todo este panorama ha significado menos desarrollo para la Facultad. Si el presupuesto que destinamos a la compra de equipamiento, pudiéramos ejecutarlo directamente en EE.UU. los costes serían otros. Aquí se han traído equipos de los lugares más lejanos posibles. Incluso, las donaciones que han querido hacer universidades o profesionales del medio desde los Estados Unidos se han visto frenadas por el Bloqueo.

En mi época de estudiante de esta Facultad, hace más de una década, una demanda histórica era la carencia de bibliografía adecuada. ¿Es este un asunto resuelto?
En una encuesta que hacemos al cerrar cada semestre acerca de la satisfacción con el proceso docente, el indicador más negativamente evaluado es la bibliografía disponible, sobre todo en las asignaturas de fotografía, montaje y sonido. Sin embargo, es un problema en el que se ha avanzado mucho porque la tecnología, por supuesto, también ha jugado su papel.

Si se visita el laboratorio y la intranet de la escuela puede verse que hay una carpeta que se llama Bibliografía digital, organizada por materias, disciplinas, recurso que existía antes. Incluso, el ISA costea la impresión de unos pocos ejemplares de textos en formato digital, imprescindibles para las asignaturas. Los maestros también están muy sensibilizados con este asunto y aportan numerosos libros. Igual lo hacen los propios estudiantes y los extranjeros que nos visitan.

La bibliotecaria ha tenido un papel protagónico en este empeño. Primero, con la catalogación de las tesis que constituyen una bibliografía indispensable. No solo del audiovisual, sino también de la memoria escrita. Hemos desarrollado distintas estrategias y alternativas para suplir las carencias de bibliografía. Los libros de cine, y en general los de arte, son caros y cabe señalar, que a nosotros se nos hace muy difícil comprarlos en la Feria del libro de nuestra capital, debido a entorpecedores mecanismos burocráticos. 

Los libros de cine, y en general los de arte, son caros y cabe señalar, que a nosotros se nos hace muy difícil comprarlos en la Feria del libro de nuestra capital, debido a entorpecedores mecanismos burocráticos.  Sobre las entregas de Ediciones ICAIC, desde el 2009 recibimos todo lo que publica. Es un compromiso que Pablo Pacheco cumplió como un caballero y que hemos retomado con Roberto Smith, el presidente del ICAIC. Igual sucede con la revista Cine Cubano. Hace poco estuvo aquí Arturo Sotto, su director, en una presentación de uno de los números más recientes. No hemos tenido la misma suerte con el sello enVivo, del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

Más de 15 años de andar tiene el Festival Imago. ¿Háganos una retrospectiva y un presente del evento con mirada de futuro?
Tiene una historia muy interesante. Uno de sus mayores aciertos es que lo organizan los estudiantes. En mi primer año como decana noté una especie de apatía entre ellos respecto al Imago. Recuerdo que varias personas, desde la dirección de la Facultad, nos juntamos para reorganizar el Festival. ¿Sabes lo que ocurrió? Fueron pocos los estudiantes que asistieron. Entonces en la clausura les dije: ‘si ustedes no lo organizan no habrán más ediciones’. En la siguiente edición, los muchachos ‘tomaron la batuta’, constituyeron su comité organizador y le dieron un nuevo aire al evento.

Ellos escogen las obras, dan los premios, organizan los eventos teóricos a partir de las carencias que detectan en la docencia. Sin embargo, para mí es una insatisfacción ver cómo desaprovechan todavía espacios teóricos excepcionales.

Pero el Imago tomó fuerza ¿Qué bueno, no? Hace tres años se cambió la convocatoria. Y ya no es solo el festival de los estudiantes de la FAMCA y de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, es también el de todos los estudiantes universitarios. Ese es hoy el sello de identidad de nuestro festival.

La primera vez que salió este diseño de convocatoria ganó el concurso de guiones un estudiante de la Facultad de Economía, de la Universidad de La Habana (UH). Participaron también de la CUJAE, de la Universidad de Ciencias Informáticas, del Instituto Superior de Diseño Industrial (con la probada fortaleza que tienen en el tema de la animación), de la Facultad de Comunicación de la UH y de Oriente, con una tradición en la realización de programas de radio. Fue una gran enseñanza. En el 2016, por el 40 aniversario del ISA, haremos una retrospectiva de los premios Imago, tras 16 años de creado.

Continuará…