Mirar otra vez al siglo XX cubano o volver a leer Azúcar y población en las Antillas

En tarde muy calurosa asistí a la conferencia “Azúcar y población en las Antillas”, impartida por la profesora Graciella Chailloux. Un numeroso público la escuchaba atenta para desmentir que aburre estudiar la Historia, para confirmar que mirar al pasado puede sembrar inquietudes en el presente.

La profesora narró pasajes de la extensa y fructífera vida del historiador Ramiro Guerra Sánchez (1868-1970), tomando como punto de llegada la escritura de ese clásico que es Azúcar y población en las Antillas, fruto de su ejercicio periodístico entre mayo y agosto de 1927 en el Diario de la Marina, en el cual el autor argumenta la necesidad de resolver los problemas del latifundio generado en Cuba por la intervención yanqui.

foto del investigador cubano Ramiro Guerra
Ramiro Guerra Sánchez. Foto: Internet


Oriundo de Batabanó, Guerra fue maestro rural e investigó con pasión y lucidez la historia de Cuba. Azúcar y población en las Antillas fue editado siete veces en nuestro país, desde la primera vez en 1927 en que fue costeado con los exiguos ingresos del autor, hasta 44 años después por editoriales de la Revolución. Sin embargo, han transcurrido 40 años sin que haya vuelto a ver la luz y sin que se haya comentado entre nosotros, pero en el resto del mundo el texto es de obligada referencia para los estudiosos de las islas bañadas por las cálidas aguas del mar Caribe.

Por primera vez se analizaba la manera en que el ciclo de la economía estadounidense ajusta el ciclo de la economía cubana, y concluye proponiendo un programa nacional contra el latifundio. La conferencista cataloga al libro como modelo de escritura por la profundidad del análisis y la sencillez del lenguaje, y subraya la manera en que encabeza cada capítulo, indicando el contenido al tiempo que deviene gancho para el futuro lector.

Cuenta la profesora Chailloux que comenzó a estudiar Azúcar y población en las Antillas a fines de los 60, cuando era estudiante de Historia en la Universidad de La Habana y, hasta el día de hoy, en pleno siglo XXI, continúa dialogando con el texto de Guerra, como tantos otros investigadores de diversas partes del mundo. Citó los elogios prodigados al libro por intelectuales de la altura de Raúl Roa y Carlos Rafael Rodríguez, y las coincidencias con el análisis socioeconómico de la realidad cubana emprendido por el poeta y luchador antiimperialista Rubén Martínez Villena. “Es inestimable el servicio que le presta Azúcar y población en las Antillas al nacionalismo antiimperialista”, expresó la reconocida profesora.

Entre los asistentes se encontraba la doctora Graziella Pogollotti, presidenta de la Fundación Alejo Carpentier, institución que organiza el Ciclo de Conferencias ¿Cuándo comenzó el siglo XX?, en el cual se incluye la disertación que reseño. La Pogolotti intervino para subrayar que la exposición de la doctora Chailloux confirmaba que la construcción de la narrativa histórica debe realizarse desde diferentes perspectivas y que no termina nunca.

“¿Qué Historia de Cuba queremos enseñar?”, preguntaba la panelista y afirmaba que Ramiro Guerra es el padre de la Historiografía moderna en Cuba y en el área del Caribe. En ese sentido su labor es un modelo pedagógico, y ejemplificaba con el libro de lectura de quinto grado, donde se incluían autores como José Martí, Bonifacio Byrne, El Cucalambé, Joaquín Luaces, Rubén Darío, entre otros poetas.

Muchos son los investigadores que se han inspirado en Ramiro Guerra para sus pesquisas. El método del maestro cubano les ha sido útil para indagar en la vida social, económica y cultural del Caribe. El antropólogo estadounidense SidneyMintz prologó y publicó Azúcar y población… en 1964 para la Universidad de Yale. Eric Williams lo referencia en su obra El negro en el Caribe. Manuel Moreno Fraginals prologó la edición cubana de 1961. Franklin Knight lo citó en 2003 como inspiración para reflexionar sobre el ser caribeño.

“Nos hemos acostumbrado a las etiquetas y hay que ir más allá”, volvió a intervenir la doctora Pogolotti, en momentos en que la panelista aclaraba que, por los objetivos del Ciclo de Conferencias, solo se centraba en el Ramiro Guerra de Azúcar y población…, porque el historiador tuvo una intensa y larga vida después de la aparición de esa obra. Recordó la Pogolotti que Carpentier admiró el pensamiento de Guerra y que, cuando tuvo noticias de la aparición del libro, pidió a su madre que le enviara un ejemplar a Francia, donde residía.

A la convocatoria del Ciclo acudieron esa tarde jóvenes estudiantes del Instituto Superior de Arte, profesores universitarios, personas atentas al devenir cultural del país, promotores culturales y los herederos de Ramiro Guerra, quienes compartieron anécdotas familiares y reflexiones sobre la obra de su ilustre antecesor. Uno de ellos rememoró su encuentro con Alejo Carpentier, en los días en que se constituía la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la cual el autor de El reino de este mundo le confesó que creía que La guerra de los diez años era el mejor libro de Guerra. Como era 4 de abril, mostraron fotos del joven Ramiro Guerra y el Título de Doctor Honoris Causa  en Ciencias Económicas que le otorgó la Universidad Central de Las Villas.

Para responder a una interrogante sobre el impacto de la obra de Ramiro Guerra entre los historiadores cubanos de hoy, Graciela Chailloux dijo que apenas se estudia. Exigió que se recolocara su obra en el día de hoy, que se situaran en el contexto en que fueron gestadas cada una de ellas, que se considerara al hombre en sus circunstancias. También alertó sobre la falta de aparato analítico que padecemos aquí y ahora para enseñar la Historia, al tiempo que recordó que Guerra era un historiador total cuando esa manera de pensar la Historia todavía no era considerada como metodología.

Mientras la profesora Graciela Chailloux disertaba, con la pasión que la caracteriza, sobre Azúcar y población en las Antillas, de Ramiro Guerra Sánchez, los turistas se tomaban fotos en las afueras de La Bodeguita del Medio, situada a unos pasos de la sede de la Fundación Alejo Carpentier en la Habana Vieja. La ciudad tiene múltiples rostros. Uno de ellos se pregunta cuándo fue que dejamos de ser antillanos para convertirnos en caribeños. Esa interrogante será motivo para próximas disertaciones.