Michel Hernández:

Los videos se entregan con mucho tiempo de antelación para que los jurados puedan visualizarlos. Cruzata y su equipo hacen una suerte de curaduría de los videos que pueden entrar en competencia, pero existe una censura importante: si hay un video que por alguna razón el ICRT cree que no se puede nominar —como por ejemplo los de Yomil y el Dany, los clip de grupos de rap y pop—, pues no se incluye.

Otro apartado merece la calidad de los videos en concurso este año; no creo que se pueda hablar de una superioridad, se ha mantenido igual a años anteriores. Se destacó en esta ocasión Joseph Ros, como un realizador joven, pero con una obra consolidada, que ha tenido la capacidad de mantener la dualidad entre lo comercial y lo más experimental de sus propuestas audiovisuales. Por otra parte, están los videos de grupos como Qva Libre, que apuestan por el éxito, por fórmulas repetitivas, y que han encontrado en José Rojas su realizador fetiche. Son videos sumamente comerciales, casi idénticos.

Está faltando riesgo en la creación audiovisual cubana. Hay videos con alto presupuesto, la mayoría de reguetón, que muestran una línea reiterativa que se puso de moda hace diez años en el mundo, en Latinoamérica. Pero ahora es que estamos descubriendo en Cuba el agua tibia. La escena del underground pide a gritos que se pueda contar con un presupuesto, aunque sea mínimo, para sus creadores. Ahí tienen que tomar partido las instituciones. En este tipo de música hay una riqueza creativa que no se ha explotado.

Por otra parte, estoy de acuerdo con que se nominen videos de artistas foráneos, cuya realización corre a cargo de los directores del patio, como Alejandro Pérez, quien se ha convertido en un realizador muy solicitado por los artistas latinos. Esto le proporciona un perfil más internacional a los Lucas.