Me voy pal´ pueblo o cómo salvar un festival

Muchos se preguntan por qué el fin de semana del 14 al 17 de diciembre llevó la marca de Benny Moré, si el calendario no registra aniversarios significativos de su vida, a no ser, como recordó alguien, que el 17 de ese mes en 1951 regresó por primera vez de México luego de permanecer cinco años en el territorio continental.

Al parecer se dio la oportunidad logística de organizar el festival de música popular que lleva su nombre en la provincia de Cienfuegos, a la que pertenece la pequeña villa donde nació, Santa Isabel de las Lajas, al centro y sur de Cuba. Un festival que tuvo como punto de partida el algo lejano 1980, plazo en el cual ha experimentado altibajos en su convocatoria, programación y definición conceptual.


 

El de ahora es un festival de transición, con la mirada puesta en 2019, cuando se conmemore el 24 de agosto el centenario de su nacimiento. En lo adelante, si se quiere que el festival tenga perfil propio, debe quedar sistematizada una frecuencia bienal alrededor de esa fecha y debe caracterizarse por evocar las obras compuestas o incorporadas por Benny a su repertorio, subrayar los vasos comunicantes con otros compositores y artistas de su época, auspiciar las investigaciones musicológicas e historiográficas en torno a su legado, actualizar los vínculos musicales con los países que figuraron en el itinerario internacional del cantor, estimular los nuevos desarrollos de los formatos de la música popular bailable y promover las apropiaciones, actualizaciones y reinterpretaciones de los clásicos del Benny.

Parte de ese diseño se ha ensayado por estos días en Cienfuegos y Lajas. Tres orquestas de notable impacto popular animaron sesiones bailables a las que acudieron nutridas audiencias. Adalberto Álvarez, conocido como el Caballero del Son, no ha dejado de situarse en la cresta de la ola en el gusto de los bailadores en las últimas tres décadas y media, desde que a finales de los años 80 fundó la banda Son 14 hasta la que hoy sigue defendiendo un modo sonero de hacer del cual han bebido tantísimos salseros en Estados Unidos y el Caribe.

Manolito Simonet, al frente de su Trabuco, plantea cada vez nuevas exigencias instrumentales que se ajustan a las expectativas de los bailadores del siglo XXI, a partir de la variante salsera que en Cuba llaman timba.

Entre una y otra orquesta, la tradición tienen bien puestas sus espuelas con la Aragón. Antes de que Bartolomé Maximiliano Moré comenzara a ser el Benny, el Bárbaro del Ritmo, el Sonero Mayor, la Aragón ya existía en Cienfuegos, pero a decir verdad, en los primeros años 40 no pasaba de ser un plausible intento provinciano que emulaba con las charangas típicas que por esa época solicitaban los clubes para que sus asociados bailaran danzones.

Del danzón al chachachá, es decir, de una década a otra, la Aragón despegó y de qué manera. Su fundador, Orestes Aragón, le cedió el cetro a Rafael Lay Apesteguía, un jovencito cienfueguero, excelente violinista. La orquesta, sin perder el formato charanguero (violines, flauta, piano, base rítmica), renovó orquestaciones y creó un estilo, reconocible desde entonces, vigente, de amplia aceptación y valorado por el público y la crítica en Cuba, Estados Unidos, América Latina, Europa y, con sumo fervor, en la lejana África.

Precisamente se acaba de dar a conocer en Cienfuegos que al frente de la organización del festival del centenario estará el actual director de la Aragón, Rafael Lay Bravo, hijo del fundador, quien ha querido calentar motores en este diciembre.

Rafaelito ha recordado cómo en 1952, cuando Benny regresa definitivamente a la isla y coincidiendo con la migración de la Aragón a La Habana, aquel decide compartir sesiones bailables y grabaciones con la orquesta cienfueguera. “Mi padre y el Benny —contó— fueron grandes amigos y se admiraban mutuamente”.

Habría también que convocar a los músicos e intelectuales cienfuegueros, y en general, de la región central de la isla, comprometidos con la memoria y la actualidad de Benny. Pienso en el historiador Eduardo Torres Cuevas, el compositor José Loyola, en Alexander Abreu y en todos los que puedan aportar. Y en estudiosos como Jesús Gómez Cairo y José Reyes Fortún, que han puesto conocimiento y pasión a ese legado.

Una de las ideas que pudiera aprovecharse consiste en preparar el terreno para que en 2019 el país de referencia para la conmemoración sea México, pues entre los muchos sitios fuera de Cuba donde Benny triunfó, la tierra mexicana ostenta la primacía.

Como para sembrar augurios favorables para el festival que tendrá lugar dentro de menos de dos años, los participantes, antes de inaugurar la agenda de conciertos, coloquios y tandas bailables, peregrinaron en Santa Isabel de las Lajas hasta donde reposan los restos del cantor. Eso sí, sin ánimos luctuosos, aunque impregnados de la jubilosa estela de su heredad. Como estandarte un tema que Benny popularizó, Me voy pa’l pueblo, que grabó justamente en México. La obra aparece atribuida a Mercedes Valdés, pero en realidad fue escrita por otro cienfueguero, Marcelino Guerra. Pero esa dualidad es parte de otra historia que algún día contaremos.