Me parece un milagro

¡Qué Revolución esta, la cubana! No se adapta a lo que yo he aprendido en los libros; es una revolución muy particular. En aquella época yo decía: “Eso no es marxismo”, porque, honestamente, no le encontraba un significado socialista a la lucha que dirigía Fidel en la Sierra Maestra.

El 1ro. de enero de 1959 iba yo en un tren a Zurich, en el momento en que dieron por radio la sensacional noticia: “¡Cayó Batista! ¡Fidel Castro ha vencido!”.

Pretender medir la dimensión de Fidel es imposible. En todas las épocas que viví en La Habana, contemplaba a los niños corriendo descalzos por las calles y encaramados en los árboles de los parques, faltos de escuelas, o pidiendo limosnas, o de limpiabotas; veía las calles llenas de billeteros, las salas de billar con tantos vagos, tanta gente mal educada, los matones haciendo lo que les venía en ganas y tanta politiquería; creía que era imposible hacer aquí una revolución, sin pasar por una larga pedagogía política. Fidel ha realizado esa obra.

No existe aún el libro que explique cómo se ha hecho la Revolución Cubana; sin embargo, he oído a Fidel hablar con el pueblo, y he visto cómo le responde. Como cubano, ese cambio me parece un milagro.

Me hubiera gustado vivir en esa naturaleza

Mis regresos a Cuba siempre me han producido dicha infinita, pero ninguno como el de fines de abril de 1963, después de 5 años de ausencia. “Voy a contemplar una Cuba nueva”, me dije, al pisar tierra patria. Horas después, iba con mi esposa Lou a la Plaza de la Revolución, a conmemorar el 1ro. de Mayo bajo las banderas del socialismo.

En 1966, en el Museo de Bellas Artes de La Habana, expuse El Tercer Mundo, mi homenaje plástico a la Revolución Cubana. Para hacerlo no tenía a mano muchos materiales. Lo pinté en el propio museo, en uno de sus almacenes, donde se guardaban los retratos de los generales españoles que gobernaron en Cuba. No hay duda de que me sirvieron de incentivo.

Esa fue la primera vez que tuve la oportunidad de saludar a Fidel. Me invitaron a una recepción al Palacio Presidencial. Haydée Santamaría me lo presentó. Fue cuando nos hicieron esa fotografía donde estamos Lou y yo junto a Fidel.

Fidel me pareció un hombre eminentemente bello, un héroe griego con sus barbas negras y su nariz recta. Al saludarlo solo atiné a decirle: “¡Es un placer enorme!”. En aquel momento hablaba muy entusiasmado con unos latinoamericanos.

—Me estaban hablando de Humboldt y de la naturaleza de Sudamérica. Me hubiera gustado vivir en esa naturaleza, hacer la revolución por allá— nos dijo Fidel.

Seguimos hablando de la selva sudamericana, tal como la describe Rómulo  Gallegos en Doña Bárbara, y de la lucha entre la serpiente y el burro con que termina la famosa novela.

Gran arquitecto humano

En 1967 vine a Cuba al Salón de Mayo. Fui a Gran Tierra, cerca de la Punta Maisí, donde se inauguraba una gran escuela. Fidel se presentó como a las 3:00 de la mañana en el campamento donde nos alojaron. El viaje hasta allá no había sido fácil y estaba cansadísimo, pero al enterarme de la presencia de Fidel, me levanté para saludarlo. Yo estaba con Michel Leiris y Peter Weiss, quienes también hablaron con Fidel.

Finalmente volví a verlo y hablé con él en la recepción que dio con motivo del Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, celebrado en La Habana, en septiembre de 1981.

La existencia del hombre universal se puede concretar aquí, en Cuba, con los indios, los africanos, los asiáticos y los europeos. Es la síntesis de la humanidad. Nosotros abrimos el camino para alcanzar una comprensión universal. Cuba, siendo un país tan pequeño, ha triunfado. Ver lo que se está haciendo nos devuelve la confianza en el ser humano. De un carácter y una actitud como la de Fidel no se puede hablar fríamente, y de las conquistas que han hecho aquí no se puede hablar sin tener presente su figura. Muchas de las cosas que ahora soñamos serán realizadas en esta marcha hacia el futuro. Solo hay que tener un poco de paciencia para que el tiempo vaya eliminando las malas huellas del pasado.

Creo que Fidel, como guía, ha hecho un trabajo excepcional. Que este hombre haya unido al pueblo en una misma causa significa que es un gran arquitecto humano, puesto que ha hecho sentir a todos los cubanos como formando parte de un solo cuerpo, un solo corazón.


Nota: Texto publicado en el libro Así es Fidel, de Luis Báez.