Me interesa la gente que crea para las infancias con compromiso y amor

Desde hace ya más de una década, la argentina Nora Lía Sormani nos visita para participar en los congresos de Lectura para Leer el XXI, que bienalmente organiza el Comité cubano del IBBY. Nora asomó sus ojos por primera vez a Cuba, hace muchos años, de la mano de su gran amiga Sandra Comino, otra escritora apasionada por dedicarse a la infancia y juntas han emprendido más de un proyecto en pos de divulgar la mejor literatura.

Nora es investigadora, periodista, especialista en LIJ y teatro para niños y jóvenes del Centro Cultural de Cooperación, Vicepresidenta de ALIJA (IBBY de Argentina). Labora además como secretaria científica de la filial argentina de la Cátedra Latinoamericana y Caribeña de Lectura y Escritura y es miembro del comité científico de los congresos internacionales Lectura para leer el XXI.

En el 2012 tuvo el privilegio de ser nombrada por su país miembro del jurado del Premio Hans Christian Andersen, que en aquella ocasión fue conferido a la destacada escritora María Teresa Andruetto. Ella siempre recuerda esta experiencia con agrado y a la vez cierta dosis de incertidumbre, pues en esas grandes ligas literarias cuesta mucho, entre tantos y tan buenos autores, elegir al que pueda considerar el mejor.

A este congreso Nora Lía trajo, especialmente para el Tercer Coloquio Internacional sobre el libro para bebés, niños y jóvenes, desarrollado durante tres días en el Salón Primavera del Hotel Habana Libre, una interesante ponencia sobre el concepto de los clásicos y la aproximación de los lectores contemporáneos hacia los diferentes tipos de escritores que se pueden considerar clásicos.

De ese modo hizo interesantísimos razonamientos sobre el hecho de cómo muchos autores —cuando comienzan a dar a conocer sus obras— deben padecer de incomprensiones y censuras de todo tipo, hasta que luego se van imponiendo logran cambiar la norma imperante y llegan, no solo a ser aceptados por las grandes masas de lectores, sino a convertirse en portadores de una lectura imperecedera. Esta censura suele venir dada, sobre todo, porque los promotores de LIJ, esgrimiendo las mejores intenciones del mundo, tratan de preservar a la infancia de todo lo que pueda parecérseles sospechoso de subversión de hábitos, ruptura de lo establecido y violación de las normas de las cuales se valen los adultos para crear una infancia estereotipada.

En su análisis Nora Lía se refirió a la trayectoria de una conocida autora argentina, Laura Devetach, la candidata de su país este año al Andersen, considerado el Nobel de la literatura para niños. En los años 80 Devetach fue censurada por su libro La torre de Cubos, por la dictadura militar que desde entonces la pusiera en una lista negra como a otros tantos.

Nora también razonó sobre la trayectoria de autores tan especiales como Astrid Lindgren, tan célebre como criticada por otros desde que apareciera el primer tomo de su trilogía sobre Pippa Mediaslargas, una niña que se rebela contra las imposiciones absurdas de los mayores, y Maurice Sendak, considerado el Picasso de la literatura infantil, quien aunque al principio escandalizó a algunos con su libro Donde viven los monstruos, con los años logró imponer su estilo tan característico de dibujar y contar sus propias historias.

Conversar con Nora significa pues el reencuentro con una gran amiga con la que hemos corrido más de una aventura literaria en los paisajes más diferentes, dialogar con una gran conocedora, y sobre todo, como podrá ver el lector, estar cerca de una persona verdaderamente apasionada por los libros para niños, por su difusión y su estudio constantes.

¿Qué significa estar en Cuba y en este congreso Para leer el XXI?

Significa llegar a un país hermano y confirmar que el pueblo cubano es un pueblo cordial y generoso. Además, significa sentirse cuidado y valorado. Es llegar a un lugar que a uno lo recibe con los brazos abiertos. El Congreso Para leer el XXI es un páramo para pensar, para intercambiar, debatir, sorprenderse, emocionarse. Uno sale “iluminado” por todo lo que aprende y experimenta. En ese sentido, es el más completo, siempre, de los congresos a los que asisto. El nivel de las ponencias es excelente porque hay una idea de unidad, de criterio y coherencia. La agilidad y facilidad para el intercambio es otro de los atractivos que evidentemente ocupa un lugar central, lo que lo hace útil para la profesión y la vida de cada uno de los participantes. La cordialidad de los organizadores es única.

El Congreso Para leer el XXI es un páramo para pensar, para intercambiar, debatir, sorprenderse, emocionarse.

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una LITERATURA? o simplemente ¿Literatura para personas?

Para mí existe una literatura infantil, una LITERATURA y literatura para personas, no importa cómo se le llame, lo importante es que hay una literatura, unos libros que incluyen a los niños. Esa es la literatura que me interesa siempre y cuando sea de calidad y en ella intervengan, de alguna manera (por decisión de su autor o por apropiación de los lectores) los más pequeños. Los niños son sagrados en todo este proceso. La primera vez que entrevisté a Graciela Montes ella me dijo: “Adoro escribir para los niños. Porque adoro a los niños”. Tomo estas palabras de la gran autora argentina y me entrego a la lectura de los libros que incluyen a los niños. Esa es mi tarea.

¿Qué piensas de la infancia?

Lugar sagrado, tesoro de la humanidad. Me interesa la gente que crea para las infancias con compromiso y amor.

En tu concepto ¿los niños leen hoy día más o menos que antes?

Soy optimista y creo que sí, que leen más. Leen cada día en la computadora y cuando mandan mensajes, pero también leen libros porque la escuela incorporó textos de grandes autores que a ellos los atrapan. Si hacemos un cálculo de lo que leen los chicos en la escuela y en sus casas, vamos a tener buenos resultados. Lo que ocurre es que en la vida diaria y en los medios, de esto no se habla. No hay lugar para hablar de la literatura. No hay lugar para hablar de las cosas buenas. No son noticia. 

En la vida diaria y en los medios, de esto no se habla. No hay lugar para hablar de la literatura. No hay lugar para hablar de las cosas buenas. No son noticia. 

¿Es posible desde la literatura crear seres más humanos, más inconformes, mejores ciudadanos?

Sí, estoy segura. Tenemos ejemplos concretos de lectores que manifestaron no ser los mismos antes y después de leer un libro. No soy la misma luego de haber leído Los hermanos Karamazov, de Fedor Dostoievski. Leer implica entrar en contacto con el legado humano y eso modifica. Incluso, los estudios realizados por Petit con lectores hospitalizados demuestran que la literatura alivia, ayuda, levanta, reconforta, nos abre al mundo del disenso, de las diferencias, de las coincidencias, fomenta el pensamiento crítico. Todo eso provoca la lectura de un buen libro.