“Me considero una cantante sonera”
Audio: Cortesía de la entrevistada


Si alguien en estos días entiende que la vida es caprichosa y se presenta de insospechadas maneras, es Yulaysi Miranda. Si a la ganadora de la segunda temporada de Sonando en Cuba le hubieran dicho un año atrás que tendría hoy una lista de periodistas importunándole para una entrevista, no lo hubiera creído.


Yulaysi Miranda. Ganadora de Sonando en Cuba, segunda temporada. Foto: Facebook Sonando en Cuba


Si además le hubieran confirmado que le lloverían invitaciones a actividades, homenajes; que le rendirían congratulaciones y le propondrían contratos y colaboraciones con reconocidos músicos cubanos, tampoco lo hubiera dado por cierto.

Yulaysi Miranda hace apenas unos meses era una cantante desconocida, casi invisible. Había transitado por varios grupos musicales de la capital cubana y la experiencia le demostró que, en el panorama musical de la Isla, ser artista es “una lucha permanente”.

Por eso cantaba aquí y allá; integraba un grupo, experimentaba con otro. Hacía “sopa” en centros nocturnos y restaurantes particulares. Sobrevivía.

A Yulaysi pocos pueden “hacerle un cuento” de cuánto padece una intérprete en Cuba para llegar, al menos, a un diez por ciento de las oportunidades que hoy se le abren.

Tuvo que “pelear” duro, cantar mucho,  aprovechar las oportunidades y la confianza de buenos músicos. Pero, sobre todo, tuvo que sobreponerse a discriminaciones y frustraciones.

A pesar de ello, no mira con enojo el pasado. “Estoy feliz con casi nueve años de carrera. Hoy puedo pararme en un escenario y tocar maracas, güiro, hacer coros, ser solista. Los tiempos difíciles también me enseñaron. A veces las cosas que crees malas, te dan herramientas para el mañana, te forjan”.

Ahora todos quieren su presencia, su canto, sus palabras, un selfie; hasta aquellos que ─aun teniéndola cerca─ no valoraron su talento, no le dieron trabajo, le cerraron puertas.

Hoy es Yulaysi Miranda. Pero primero tuvo que ganar Sonando en Cuba.

De tales músicos, tal Yulaysi

Con una madre exintegrante de Anacaona y un abuelo que fue tresero del Septeto Nacional, Yulaysi tuvo una infancia con melodía garantizada.

“Ellos influyeron en que quisiera ser artista. Tuve una crianza excepcional, rodeada de música desde que nací”.

El clima creativo presente en el hogar catalizó un don, una intención. A ellos se sumaron las enseñanzas de la maestra Robertina Morales.


La sorpresa de un premio. Foto: Sonia Almaguer


Aunque provienes de una familia de instrumentistas, optaste por ser cantante. ¿Por qué?

“Me decidí porque no pude estudiar música y vi que tenía condiciones para ser vocalista. Fue entonces cuando unas amistades me hablaron de Robertina. Le debo mucho de lo que sé ahora. Me enseñó habilidades esenciales que he puesto en práctica durante este tiempo. Me brindó una base sólida. Fue una gran maestra”.

Sería este su único aprendizaje académico. Lo demás vendría con el tiempo, la práctica, la experiencia.

¡Y qué experiencia! Su debut fue con el Septeto Habanero, en una grabación discográfica que resultó nominada al Grammy Latino. Vendría después su participación en Aromas de Cuba, Estrellas de chocolate, Son damas, Ahí namá, Los Cónsules, Trova y son, y la orquesta de Dorgeris Álvarez.

“Aprendí de cada uno de mis directores y de los cantantes, muchos con una experiencia envidiable. Saqué de ellos todo lo positivo y la profesionalidad que les caracteriza”.

Entonces, ¿por qué la inconstancia?

Tengo un temperamento vivo, soy muy ansiosa. En ese momento era joven e inexperta, estaba tras mi sueño y quería que llegara muy rápido. Iba de un grupo a otro buscando nuevas oportunidades, algo mejor. Pero me di cuenta de que todo llega en su momento.

¿Y cuál era tu sueño?

“Grabar un disco, hacer giras nacionales e internacionales, salir en televisión, que el público cubano me conociera. Pero entendí que con la ansiedad no llegaba a ningún lugar, porque nunca me estabilizaba en orquesta alguna. Brincaba de un lado a otro”.

En ese constante experimentar, transitaron varios años en los que adquirió una especialización creciente en la música tradicional.

“Mi tiempo con el Septeto Habanero influyó en mis preferencias. Estar en una agrupación tan sonera y tan criolla, marcó el resto de mi vida artística. Desde entonces, me considero sonera de corazón”.

Sin embargo, no ha sido fácil. En una época globalizada, de queratina y liposucciones, de implantes de silicona y pechos abultados, a Yulaysi no le alcanzaba la tremenda voz que posee. O al menos así creían quienes le negaban oportunidades. Fue subestimada por su físico menudo, por su apariencia anti boutique, menospreciada por no encajar en la belleza latina tradicional, esquemática y machista.

“Es una moda que las cantantes sean extremadamente hermosas, cuando lo más importante debe ser la calidad como artista y persona. La belleza termina, los años no perdonan. Queda entonces la voz, el talento. Confío en ello.

“Por eso, ante tantos que me discriminaron, quisiera agradecer en contraparte a todos los directores que confiaron en mí y le apostaron más a mi aptitud que a mi físico”.

Y llegó Sonando en Cuba

Para Yulaysi, el proyecto liderado por el popular músico Paulito FG sirve de panacea para las y los cantantes que en Cuba buscan “abrirse camino” en el complejo entramado del arte.

Ella cree en la “divinidad” de la iniciativa llevada a cabo por el “especulador de La Habana”, “una especie de dios, ahora mismo, para todos los intérpretes desconocidos de la Isla”.


María Elena Lazo y René Baños, preparadores de Occidente,
esperando el veredicto del Jurado. Foto: Facebook Sonando en Cuba


Él, con la ayuda de varias instituciones y personalidades, les abrió una puerta. Ellos, especialmente Yulaysi, no perdieron el tiempo y entraron.

“En todas mis actuaciones me enfoqué en el público, quería que conocieran mi talento. Quería hacerlo bien cada vez que subiera al escenario y no equivocarme. Esa fue mi premisa en estos meses. No podía confiarme ni defraudar la fe de mi mentor Mayito Rivera, que era muy estricto”.

Vivió de todo: tensiones, estrés, neumonía, un ingreso en hospital, aerosol e inyecciones de hidrocortisona una hora antes de cantar. Vivió más: espectáculos inigualables, interpretaciones únicas, “Mata Siguaraya”, “Golondrina”, “Sábanas blancas”, con Gerardo Alfonso. Grandeza.

“Cada vez que me daban un tema, me enamoraba de la canción. Lo defendía, literalmente, como a un familiar, un amigo, como algo que quieres mucho”.

Agradece, en el proceso, la profesionalidad del equipo de Sonando en Cuba: “Fue una familia, una escuela”. Reconoce también la buena ventura de contar con entrenadores como los músicos María Elena Lazo y René Baños. “Aunque Paulito y Haila nos ayudaron mucho, si bien no éramos de su región”.

Sobre todo, insiste en la deuda eterna con Mayito. “Era un todo incluido, hacía la selección de los temas y los arreglos. La elección para cada una de nuestras presentaciones fue excepcional. Recuerdo una vez que Paulito dijo que si seguía así iba a ver qué dejaría para el final, donde también nos sorprendió. Él le puso todo su corazón a la competencia. Es un gran artista”.

Yulaysi también propone algunas sugerencias al megaproyecto. “Quizá se deba valorar hacer la competencia de forma general, y no por regiones. Se quedaron en el camino muchos cantantes excepcionales en mi zona, como también en otras”.

Con Sonando en Cuba llegaron los premios y el sueño. Ya elige canciones para su primer disco e inicia conversaciones con el mediático director de videoclips, Alejandro Pérez, para la producción audiovisual de un tema que todavía no tiene definido.

También está a la expectativa de la gira con Olga Tañón, y quizá alguna otra sorpresa con cierta diva de la Isla, que todavía no nos autoriza a contar.


Mayito Rivera con los finalistas de Occidente. Foto: Facebook Sonando en Cuba


Pero, en toda la oleada pre, en y pos concurso, siente que la música cubana fue una buena apuesta. “Con Sonando… quedó demostrado que nuestras canciones pueden calar en el alma de los cubanos. Pero hay que integrarlas más en los medios de comunicación. Es una sonoridad riquísima que necesita más vida.

“Recuerdo una ocasión en que me impresioné mucho. Me hicieron una actividad por mi casa, y un coro de niños cantó el coro de Siguaraya. Me dieron ganas de llorar. Eso lo logra la música cubana”.


Audio: Yulaysi Miranda interpretando Hoy mi habana